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SAN JUAN

La apuesta de un productor sanjuanino que llegó a los medios nacionales: sandías sin semillas

Lafinca Don Domingo, apunta a productos más pequeños. Los detalles aquí.

Sea como fruta, en platos dulces o agridulces, la sandía tiene un lugar destacado en épocas estivales, donde el cuerpo valora la ingesta de alimentos nutritivos que hidraten.

En la provincia de San Juan, un lugar donde apenas precipitan unos 80-100 milímetros por año y el riego da vida a 73 hectáreas de plantaciones frutihortícolas, la familia Ferrer se las rebusca para producir con eficiencia, pero también vender inteligentemente.

Los lugareños pregonan que allí, donde está la finca Don Domingo, es un lugar ideal para producir semillas y productos de calidad, porque ese clima seco favorece que no proliferen las enfermedades. Además, en el caso de las sandías, los melones o las ciruelas, por citar, las horas de luz que hay permiten conseguir los grados brix (dulzor del fruto) deseados.

“San Juan es una zona muy propicia para lograr azúcares, por el sol y las pocas probabilidades de lluvias, los suelos son francos, en algunos lugares más arcillosos, en otros más arenosos”, explicó a Clarín Rural Marcelo Ferrer, propietario de la finca Don Domingo, de la empresa San Juan Agro. Allí producen sandías, pero también melones, ciruelas, zanahorias, cebolla y tomates.

“El 70% es sandía, pero nos la rebuscamos con varias cosas porque a veces se complica un mercado y tenemos otro”, explicó el productor.

Entre las novedades, desde hace un par de campañas están produciendo una sandía más pequeña que tiene la particularidad de no tener semillas. “Pesa 4-5 kilos en vez de 15-20, tiene poca cáscara, es bien dulce y es ideal para el consumo en hogares, ya que el consumidor se lleva una fruta más maniobrable y no tiene que lidiar con un cuarto o una mitad de sandía que siempre es incómoda en la heladera”, contó Ferrer.

Si bien hace poco que están volcando esta variedad en el mercado, Ferrer reconoció que espera un poco más de “reconocimiento en el precio final”, porque “tiene más costos de producción y embalaje que la sandía común que se vende a granel, esta se vende en cajones con viruta, bien cuidada”.

También es distinto el proceso de cruzamiento para obtener esta sandía sin semilla: “Es un híbrido obtenido a partir de la polinización natural con un macho, se hacen tres plantines con hembras sin semilla y un polinizador muy pequeño de tres kilos, que sí tiene semilla, de ese cruzamiento sale la variedad sin semillas”.

Riegodependientes

La escasez de agua de lluvia obliga a tener distintos sistemas de riego. Actualmente, han sistematizado el 90% de las huertas en las que se puede con riego por goteo. También por esa vía incorporan la fertilización, logrando un manejo mucho más eficiente del agua, que, por cierto, los últimos años viene escaseando. “Usamos agua de tres diques que tiene la provincia de San Juan, pero cada vez hay menos agua para sacar, porque es agua de deshielo, y cada vez la cordillera tiene menos nieve”, lamentó Ferrer.

Al ser riegodependientes, el costo de energía para regar es alto, por eso están pensando en usar energía solar, algo interesante en una zona donde la radiación abunda. Así, además reducir costos estarían armando un esquema más sustentable.

Al referirse al mercado, Ferrer apuntó que “hoy hay más oferta que demanda, y los precios son una preocupación”. “Es verdad que Argentina siempre fue más de consumir melón que sandía y que estamos en temporada alta, pero la demanda se ha ido cayendo un poco y tenemos que buscar alternativas para reflotarla, la sandía pequeña sin semilla es un camino, pero nos falta más promoción, marketing”, reconoció el productor, que contó que en Europa, esta variedad (allá se llama “fashion”) “ya es reconocida y ha ganado mucho mercado”.

Si bien venden parte en la provincia, otra parte de la producción va en flete hasta el Mercado de Buenos Aires o Mar del Plata.

“La campaña viene complicada por los altos costos de insumos, a lo que se suman los costos que tenemos para llegar a esos centros de distribución”, apuntó.

Un cajón de 18 kilos de sandía se paga al llegar al mercado unos 300 pesos, pero Ferrer advirtió que para llevarla hasta allí tiene unos 170 pesos de costo, a lo que hay que agregarle los costos de producción: semilla, riego, fertilizante, plantines, etc. “Con este número, no queda casi nada para el productor”, dijo.

En lo que respecta al tomate, Ferrer agradeció haber podido tecnificar las cosechas, con trasplantes mecánicos “que mejoran 30% la producción respecto del manual” y también las cosechadoras porque “trabajan día y noche y se puede hacer más hectáreas cuando el producto está en su estado óptimo”. Las máquinas que tienen son italianas y les sirven para ahorrar 1000 dólares por hectárea.

La incorporación de tecnología en distintas etapas del proceso, pero sobre todo en la parte de limpieza, empaque y selección del producto es uno de los desafíos que tiene por delante la finca Don Domingo. “Cada tecnología nos permite bajar costos y ganar en eficiencia y rentabilidad, y también favorece al consumidor, pero ahora es imposible por cómo están las cosas”, especificó Ferrer.

Fuente: Clarín