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Robledo: “Esta Justicia nunca quiso escucharme”

La mujer, que aún tiene pedido de captura, dialogó con Diario UNO y reiteró que “nunca se fugó”. “Vivimos en Santo Tomé y mi hijo va a la escuela”, insistió.

Diario UNO publicó en su edición de ayer una emotiva carta de Mariana Robledo, una mujer que tiene pedido de captura de la Justicia santafesina por haberse fugado de su hogar y llevarse con ella su hijo Gabriel Maidana, de 11 años. La semana pasada, el padre del menor, Gabriel Maidana, denunció en los medios de comunicación que había visto por última vez al chiquito en noviembre y que desde entonces no había tenido ningún tipo de contacto con él, a pesar de que la Justicia le había entregado la tenencia plena.

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Tras la difusión de la carta que Mariana publicó en su perfil de Facebook, dialogó con medios de prensa locales para explicar su versión de los hechos y fundamentalmente para exigir ayuda, ya que asegura que “ni los jueces ni los fiscales nunca la escucharon, a pesar de haber denunciado en reiteradas oportunidades situaciones de violencia de género, física y psicológica” de Maidana padre contra ella y su hijo.

En diálogo con Diario UNO, Mariana relató detalles de la relación y explicó por qué tomó la determinación de alejarse de su pareja.

—Hace pocos días se publicó un pedido de captura con su nombre, ¿alguna vez le llegó la notificación de que debía presentarse y que la tenencia de Gabriel había dejado de ser compartida para ser exclusiva del padre?

—Lo primero que quiero aclarar es que yo no me fugué. A mi hijo y a mí nos echaron de la casa conyugal, que habíamos construido con Maidana, porque él tenía su oficina allí. En ese momento, se resolvió que como él debía trabajar en la casa, se iba a crear una cuenta bancaria en la que él iba a depositar dinero para que alquiláramos una vivienda para Gabrielito y para mí. Esa cuenta nunca se creo. Yo viví un tiempo en la casa de mi padres en Santo Tomé, y después me alquilé una casa también en Santo Tomé. Si llegaron cédulas de notificación de algún tipo, llegaban siempre al domicilio conyugal y yo nunca las recibí. Porque él trabajaba en la oficina que da al frente de la casa y era quien tenía el primer acceso a toda la correspondencia.

—¿Está siendo asesorada por algún abogado?, ¿qué recomendación legal le dieron?

—Estoy trabajando con una abogada. Ahora nos estamos por reunir para ver cómo seguimos y qué es lo que tengo que hacer. Pero hoy a la mañana (por ayer) fue la primera vez que tuvimos acceso al expediente. Hasta ahora, por algún motivo, nunca podíamos acceder a la información, porque estaba en fiscalía o lo tenían los abogados de Maidana.

—¿Tras la publicación de sus dichos, esta mañana (por ayer) tuvo alguna comunicación del juez?

—No tuve comunicaciones, pero sí allanaron mi casa. Hoy a la mañana, después de que el caso se hizo público y yo dije dónde estaba, policías rompieron las cerraduras de la casa que estoy alquilando y entraron. Ni mi hijo ni yo estábamos allí.

—¿Alguna vez pudo contar las situaciones de violencia ante un fiscal o un juez?

—Yo hice las primeras denuncias cuando con Maidana éramos novios. Había golpes y maltrato desde antes de que yo quedara embarazada. Era una relación muy violenta y no podía salir de eso. Eran maltratos, violencia y después viajes o algún tiempo que nos llevábamos bien. Y enseguida, al tiempo, volvían los controles extremos y los maltratos. Yo no podía tener dinero, no tenía forma de escapar de esa situación. Tanto para mí como para el nene. Era muy difícil denunciar, primero en la policía, porque Maidana tiene muchos contactos. No me querían tomar la denuncia, me decían que no había sumariantes. Y después se repitió lo mismo en Tribunales. A mi hijo le hicieron una sola cámara Gesell. Tiene 11 años y todavía tiene temor de ir al baño, porque el padre lo encerraba con la luz apagada. La última vez que se quedó solo con él, le depiló las cejas, le mordió la cabeza y rompió fotos mía delante del nene y le decía que iba a quemar mis cosas. ¿Cómo puede ser que todo eso la jueza no lo haya tenido en cuenta?

—¿Gabriel pide verlo al padre?

— No, está asustado, no se quiere quedar sólo con él y yo no lo voy a exponer a mi hijo a ese sufrimiento. El año pasado, Gabrielito no quiso terminar el colegio porque le daba vergüenza todo lo que había pasado, los maltratos. Este año sí volvió a la escuela y se está recuperando. Está un poco mejor. Pero todo lo que pasó en estos días lo dejó muy mal de nuevo.