Ricky, por su parte, también compartió las mismas fotos que había posteado su mujer. Y lo hizo con un emotivo texto en el que, además, contó que encontró una nota que su hija Sofía había guardado en su mesa de luz. “Estoy bien y voy a estar muchísimo mejor”, escribió la diseñadora antes de partir en una carta en la que quiso llevar tranquilidad a su familia. “No tengo dudas de que es así”, reafirmó su padre ante las palabras de su hija. Y agregó cómo pasan sus días su yerno y su pequeño nieto Félix: “Agarra tu conejito y no para de sonreír en sueños. Tus amores, Tomi y el cholito, juegan”.
Por su parte, describió el especial y emotivo día que vivieron en familia. “Fue un día hermoso. Compartimos en familia una tarde en inmensidad del mar donde te despedimos comprometidos en continuar tu sueño y nuestro camino como a vos te gustaría: disfrutando, agradeciendo y sonriendo”.
Con solo 31 años y apenas una semana después de haberse convertido en madre, Sofía cerró sus ojos por última vez en una clínica de la Florida, en los Estados Unidos. Antes de entrar a terapia intensiva, les dijo a sus padres tres palabras que definen su vida: “Fui muy feliz”. Esa fue su despedida.
Sofía había congelado óvulos y, junto a su pareja por más de tres años, Tomás, decidieron ser padres por subrogación de vientre cuando se enteraron de su enfermedad. No esperaban entonces este desenlace: buscaban preservar sus posibilidades de maternidad ante los duros tratamientos que iba a enfrentar la diseñadora. Pero el cáncer no dio tregua: mientras avanzaba, impiadoso, Félix crecía sano en el útero de una madre sustituta y Sofía se ilusionaba con su llegada.
El nacimiento del bebé estaba programado para el 28, pero se adelantó y llegó al mundo seis días antes. Nació en Orlando a las 12.41 del lunes pasado, pesó 3.245 kg y su mamá pudo presenciar el parto vía FaceTime. Junto a su pareja lloraron de emoción. Así, Sofi pudo conocer a su bebé, tenerlo en sus brazos, abrazarlo como había soñado. Su misión en la tierra estaba cumplida.