San Juan 8 > Ovación

Que se repita

Arranca la Copa América, esta vez en Chile, pero con Argentina nuevamente como protagonista. No anticipemos nada, juguemos, y por favor, ganemos.

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Te dormís, como no podés detenerte, no sos conciente de pararlo, empezás a soñar, es inevitable, te adormecés y la ilusión viene sola. Comenzas a soñar, arranca la Copa América, esa misma que vimos por última vez en 1993, cuando Oscar Ruggeri como capitán la levantó en Ecuador y todos lloramos, de alegría. Fue nuestra última vez. Uff, pasaron 22 años, igual te acordás.

La pelota comenzará a rodar en el estadio Nacional y nuestra Selección comenzará su recorrido el sábado frente a Paraguay. Y como cuando te dormís, es inevitable soñar. Por muchas cosas, porque está Messi, porque llegan afilados los delanteros, porque ya nos olvidamos del Mundial, y nos convencemos a nosotros mismos que es ahora o nunca. ¿Acaso no fue lo mismo en Brasil 2014?. No importa, ahora sí no se nos escapa. Volvemos a creer y seguimos inmersos en el sueño.

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Brasil jugó 10 partidos y ganó los diez luego de la copa que se jugó en su casa y no la pudo ganar, qué vergüenza. Por no ganarla y por comerse 7 con Alemania. Pero volvemos a convencernos que no es el torneo de Brasil, es el nuestro.

Chile la organiza, pero tampoco confiamos en que la ganen, están como locos en el país trasandino, pero ni Alexis Sánchez los va a salvar. Lo mismo Uruguay, no tienen chances, ya la ganaron en la última edición, si, ya sabemos, la que se jugó acá en Argentina. Pero no hicieron el recambio y son todos viejos, eso les va a jugar en contra.

Colombia lo tiene a Pekerman como DT, todavía lo extrañamos, pero cruzó la frontera y está en el mapa de la batalla naval de nuestra cabeza, hay que hundirlo. Uno se imagina la ilusión de James Rodríguez o Falcao o Teo, pero qué lástima, no se les va a dar.

Y estamos nosotros, el gran candidato, ya lo vemos a Messi levantando la Copa América, como lo hizo el Cabezón en el 93'. Porque Agüero, Higuaín y Tévez van a definir como el implacable Batistuta o como el Beto Acosta. Porque Messi la va a amasar como Leo Rodríguez y Di María tendrá la responsabilidad de convertirse en el ruludo Pipo Gorosito, quien le da una "raspada de coco" a Lamela y se ríen de cosas de RIver y no sabemos qué más, porque Néstor aprendió a taparse la boca para hablar.

Además, Mascherano es puro huevo, pero necesita que Redondo le explique cómo salir jugando con displicencia, y en ése momento Biglia, Gago y Banega se acercan, ceban mate, y en silencio, aprenden. En eso llega el Chapa Zapata y les cuenta en pocas palabras, fiel a su costumbre, que no importa si se es doble cinco, de marca o para salir jugando, la pelota va siempre para adelante y si es a un compañero mejor. Llega Pereyra y se suma a la charla, y rápidamente entiende de qué se trata esto.

Qué grande, está el Goyco, el que nos llevó a la final de Italia 90, cuenta mil anécdotas a Chiquito, al Patón y a Andújar. Y sin querer, se tira al piso y se levanta rápido, está intacto, incluso sigue usando los calzoncillos que lo auspiciaron en aquellos años.

Lavezzi y Pastore se juntaron antes del viaje con el Cholo Simeone y el ahora DT del Aleti les dice que no sólo correr y gambetear es la cuestión, hay que dejar la vida en cada pelota trabada, y cuando terminó les prestó un cuchillo para que se lo pongan entre los dientes. 

Todos conversan, se ríen, anotan en una servilleta, hasta que llega el Oscar Ruggeri, trae un trofeo bajo el brazo, primero los mira de reojo a Roncaglia, Otamendi, Demichelis, Rojo, Garay y Zabaleta. Con la mirada les dice que atrás de él están Basualdo, Borrelli y Altamirano, que pregunten nomás, que esa línea de cuatro que terminó con más moretones que aplausos, tienen mucho para contar. El más entusiasmado es Casco, porque Milton era chico, no recuerda mucho, pero se emociona igual.

En aquella mesa, el Coco Basile le dice al Tata Martino, que su equipo no lució, es más, pasó a Brasil en cuartos y a Colombia en semifinales, por penales, sus jugadores convirtieron los 12 tiros que patearon. Que no fue la favorita en Guayaquil, que era una selección en formación y que su mirada apuntaba a EE.UU. 1994, pero que de algo estaba seguro, la alegría que le trajo al pueblo argentino, nunca tuvo reemplazo. El Tata no aguanta, suelta unas lágrimas y se jura ganarla.

Todos se abrazan, aparecen unos trapos al aire, agitan, "que esta banda, quilombera" y otras yerbas y todo, todo quedó ahí en un sueño. Te despertás, transpirado, no lo dudás, te ponés la celeste y blanca, hacés mil promesas y te das cuenta que ya estás para campeón.