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Por Lucio Ortiz

ortiz.lucio@diariouno.net.ar

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La chica de Serbia con sus resplandecientes 19 años paseaba por las canchas de tenis de todo el mundo desparramando su estilo agresivo con su figura delgada.

A los 16 años, Monica Seles ya había ganado su primer torneo Grand Slam, en Roland Garros, y estaba en su plenitud. El 30 de abril de 1993 la tenía posicionada como la número 1 de las profesionales del tenis del planeta y ya había ganado ocho torneos de GS. Pero en un estadio de Alemania le iba a suceder un hecho que le cambiaría la vida.

Seles recordaba en el diario británico The Mail, años después: “Mi mundo cambió en 1993. Estaba jugando en cuartos de final del torneo de Hamburgo contra Magdalena Maaleva. Durante el descanso, tras un set, me apuré hasta el banco porque no había bebido nada de agua y de pronto sentí un dolor horrible en mi espalda. Giré buscando de dónde venía el dolor y vi a un hombre detrás de mí levantando un cuchillo. Entonces me volvió a apuñalar”.

Seles le había quitado el puesto de número 1 a Steffi Graf y esa era una de las razones del agresor, llamado Günter Parche, que en su locura fanática le clavó un cuchillo en la espalda, bajo el omóplato. Se creyó que el incidente se debía a los conflictos político-étnicos de Yugoslavia, pero el propio Parche declaró que “fue para sacar a Seles del medio y para que Graf volviera a ser número 1 del mundo”.

Graf visitó a Seles en el hospital, pero no hizo comentarios del incidente, que mantuvo a Seles retirada de las canchas durante 27 meses.

Seles contó que ese mismo día a su padre le diagnosticaron cáncer de próstata. Además, supo que el hombre que la apuñaló lo hizo porque Steffi Graff siempre era la número 2 del mundo y porque “las mujeres de verdad no pueden estar tan delgadas”.

Esa frase se le quedó grabada y decía: “Ahora me doy cuenta de lo que me marcó aquella frase. Una parte de mi rehabilitación pasaba por intensas sesiones de cardio, pero empecé a buscar excusas para evitarlas. Incluso caminar diez minutos se convertía en un suplicio. No quería hacerlo. ¿Qué me estaba pasando? Había un problema que ningún análisis o escáner podía ver. Mi cabeza estaba llena de oscuridad”.

La tenista se refugió en la comida: “Pensaba que si aumentaba de peso no me volvería a pasar nunca lo que me sucedió”.

Tras varios meses de lucha volvió a entrenar, pero después de cada práctica comía y comía sin que la vieran. “Empecé a cambiar la tortura en mi cabeza por la tortura en mi cuerpo. Comía para dos semanas y metía tanta comida en mi cuerpo como podía. A veces incluso por la noche me levantaba y comía pasta, hamburguesas, papas fritas o me iba a medianoche a restoranes de comida rápida”, recordaba Monica.

Parche, tras el incidente, no fue encarcelado, por incapacidad psíquica, y fue sentenciado a libertad condicional y a 2 años de tratamiento psicológico. Seles no volvió a jugar nunca en Alemania y decía: “Lo que parece es que la gente ha olvidado que ese hombre me atacó intencionadamente y que no ha recibido ningún castigo. No me sentiría segura volviendo”.

De un talle 36 pasó a 40 y llegó a ponerse talle 46 (más de 70 kilos). Se fue recuperando, de a poco comenzó a sentir las ganas de superarse en los entrenamientos y volvió a jugar en agosto de 1995, para ganar el Abierto de Canadá, en Montreal. Hasta su retiro ganaría 21 torneos individuales más e incluso el Grand Slam de Australia por 4ª vez en el ‘96. En ese mismo torneo, del 2003, se lesionó y no volvería a jugar más.

Pudo superar la puñalada, la gordura y todos los obstáculos.