Esta apreciación se basa en que este miércoles fue detenido por golpear y mantener cautiva a su pareja y su hijo de 1 año, en una vivienda de Concepción. Por los gritos de auxilio de la mujer, y gracias a que un vecino anónimo se involucró, la Policía pudo rescatar a las víctimas y detener nuevamente al sujeto. Le había dado golpes de el rostro en el cuerpo, en el cuello y patadas en el cuerpo. Violencia pura y absoluta, tal como había ocurrido en noviembre de 2009 cuando asesinó a sangre fría a Pablo Sarmiento.
En aquel entonces, el caso fue conocido y tardó varios años en encontrar justicia. La Policía no podía dar con el sujeto que le arrebató la vida al joven, apodado “el chuna”, al parecer por un problema de vieja data que terminaría en venganza.
Esa noche, Sarmiento había ido con su novia a la gruta del Gauchito Gil en inmediaciones del barrio Porres, cuando se cruzó con Sánchez y con su “coequiper”, Cristian Montiveros. Ambos sujetos se bajaron de un auto y sin mediar demasiada palabra acribillaron a balazos a la víctima. Le pegaron tres tiros, según el informe forense.
Montiveros cayó algunos días después en manos de los uniformados, pero Sánchez logró huir; se fue de la provincia. En Chubut formó familia, pero siguió siendo parte de bandas delictivas, por lo que acumuló participaciones en diversos robos armados. De hecho, cuando lo atrapó la Policía no fue por ser partícipe y prófugo de homicidio, sino por ser miembro de una banda que atracaba en la zona de Comodoro Rivadavia. Cayó con chalecos antibalas, municiones y drogas.
Otro caso que deja al descubierto la imposibilidad de reinserción dentro del Penal de Chimbas y la reincidencia delictiva, atravesada por la violencia aprendida.