Caso Talía
Miércoles 24 de Abril de 2019

Un asesino frío, manipulador y psicópata, un celular quemado y un falso juego sexual, lo que le puso final a la vida de Talía

Los detalles del aberrante crimen, la estrategia meticulosa y preparada por Ángel Morales y los gritos de auxilio de una joven que nadie escuchó. El caso Talía y una sentencia que hizo caridad con el homicida. "Morales disfrutó de lo que hacía", dijo el psiquiatra.

/// Por María Eugenia Vega


El jueves 16 de junio de 2016, en la Finca Las Moras, un hecho atroz terminó con la vida de una joven de 18 años: Talía Recabarren aparecía sin vida días después de haber quedado abandonada, estrangulada y violentada, acostada debajo de un arbusto con una campera sobre su cuerpo. Cuando la joven apareció, después de una intensa búsqueda, hubo una revelación ante las autoridades policiales; Débora Zamora, la novia de Ángel Morales,-quien se convirtió en el principal sospechoso- le dijo a la Policía que su novio, había sido el asesino. Ahí aparece en la escena este sujeto de 17 años, quien había mantenido un noviazgo con Talía desde 2014. En medio de un largo, hermético y camuflado proceso judicial, el sujeto pasó uno tiempo en el Instituto Nazario Benavidez, aprovechando el internado, cuyas comodidades no se asemejan a la cárcel, mientras la familia de Talía, representada por su madre Antonela, rogaba a la justicia pena máxima para el asesino. No ocurrió por ahora. Casi dos años después apareció la firma de un juez en la polémica condena: 10 años de prisión, por un hecho que fue comparado con un grado de tentativa en el Código Penal. Nada, es como si el hecho no se hubiese consumado nunca. Pero Talía está muerta y esto fue lo que pasó:


Pese a que la relación entre la víctima y Morales había culminado, y que Ángel estaba saliendo con Débora. Talía y él se seguían viendo a escondidas. Lo que no se sabe a ciencia cierta es que si esa relación tenía el consentimiento de la víctima, y esta referencia se realiza porque, cuando la joven apareció sin vida, se conocieron audios donde la chica manifestaba su angustia porque Ángel había vuelto a buscarla: "Yo no le hago daño a nadie. Yo me había olvidado de él. Estoy re mal. Yo voy a la iglesia para estar bien, pero ahora aparece y me hace esto a mí. Estoy cansada. Mi mamá está durmiendo y si me ve así, no sé qué haría. No le voy a decir nada de lo que ha hecho este niño. A mí ni me va ni me viene si él está de novio o no, porque él decía que estaba solo, que se había peleado con ella. Yo no doy más, yo ya me alejé de él. No quiero tener más líos. Me parece que lo que él quiere es meterme en líos otra vez, como antes". En esos audios, Talía puso de manifiesto y dejó sentado el hostigamiento y la presión emocional que Morales le causaba, incluso a sabiendas de que ella no quería saber más nada con él.


Lo curioso de esto es que, trascurrido el tiempo de investigación, la jueza María Julia Camus, quien llevó adelante el proceso, no los tuvo en cuenta en la causa.


Es cierto que en el expediente figura que una semana antes de que Ángel matara a Talía, su novia había terminado con él, pero el agresor también intentaba manipular con mentiras a su ex para volver con ella. Él le había dicho que no sucedía nada con Talía, pese a que se encontraba con ella todas las semanas.


La declaración que expuso el asesino fue bastante escalofriante. Se nota a simple vista que actuó con frialdad, pensando cada uno de los movimientos que realizó desde que sucedieron los hechos hasta que Débora se quebró. En el textual que se expone en el expediente expresa: "Fue un jueves cuando me la crucé. Iba a la casa de mi novia. Me llamó y me dijo que nos podíamos juntar. Eran como las 6.15 de la tarde. Nos íbamos a juntar en la finca Las Moras a las 23. Estuve en la casa de mi novia hasta las 22.30 y me fui a mi casa. Agarré y me fui a la juntada. Cuando llegué Talía estaba esperándome. Nos dimos un beso y unos abrazos y nos metimos a una finca de olivos. (Morales describe cómo estaba vestida) Pusimos en el piso las camperas (de ambos) Ahí me acosté, ella se sentó arriba mío en la parte del pecho y me empezó a asfixiar con las manos. Era normal siempre hacíamos eso. Después de 20 segundos, nos asfixiamos lo más fuente que pudimos, después yo a ella, es lo que hacíamos normalmente era como un juego que teníamos. Después la asfixié y yo a ella y se me pasó la mano. La asfixié más fuerte. Yo pensé que estaba bien porque tenía los ojos abiertos y me miraba. Cuando pasaron los 20 segundos la solté y ví que me miraba, pero no me decía nada. Le pegué dos cachetadas despacio para ver si reaccionaba, le pegué en el cachete izquierdo de la cara. Vi que no reaccionaba, le saqué mi campera de abajo, me la puse. Le saqué la campera de ella y le tapé el cuerpo, desde los hombros. Me fui a mi casa. La dejé a Talía".



Morales dejó sentando en el expediente que no intentó reanimar a Talía, pero no sólo se fue sin intentar ayudarla, sin pedir ayuda, con la excusa de que "tenía miedo de ir preso", sino que explicó con detalle cómo se deshizo de la prueba fundamental. "... cuando yo me fui le saqué el celular a Talía y me lo llevé porque tenía mi número, tenía un mensaje. Yo no quería que nadie supiera que me juntaba con ella, una vez por semana a escondidas de la gente. Porque la gente sabía todos los problemas que teníamos nosotros. Yo tenía novia, cuando estaba con ella...le hacíamos creer a la gente que estábamos peleados, pero en realidad nos juntábamos para tener relaciones y a sacarnos las ganas", introdujo así la explicación minuciosa sobre cómo calculó detalles para borrar evidencia.



"Quemé el teléfono de Talía en la estufa de mi casa, no me vio nadie porque mi mamá se había acostado. Saqué una latita o chapita que quedó del teléfono, la agarré con un guante de podar, me fui al baño, la puse en el lavamanos, abrí el agua helada y esperé que se enfriara. La saqué, la guardé en mi camperón junto con la batería que no la había quemado y me acosté, eran como las 12 de la noche... cuando me levanté yo me hice el que iba a buscar leña para la estufa. Agarré la chapita del teléfono y la batería y las tiré al campo de al lado de mi casa".


Luego de haber pergeñado semejante maniobra, Morales le contó a su novia lo que había hecho. ¿Tanto despliegue para contarle finalmente con detalles todo lo que había ocurrido? El caso es que Débora cantó parte de la canción ante las autoridades policiales, tal como le contó su novio. Que era una práctica constante el supuesto juego sexual con Talía y que además se cortaban las muñecas.



Lo cierto es que en el cuerpo de la joven encontraron hematomas correspondientes con golpes provocados por otra persona. Morales tenía marcas de arañazos porque en realidad, Talía intentó defenderse de la vil agresión. Pero no sólo eso, el mismo médico que analizó la mente de Morales, Del Giudice, expresó que "estas actividades violentas y compulsivas son propias de un psicópata, es un narcisista maligno, egoísta, tiene un concepto elevado de sí mismo, disfruta de lo que hace, es manipulador, impulsivo, cree que no le va a pasar nada. Morales es una de las peores personas que vi en mi vida, ve morir a la víctima, vio su desesperación".


Ese ser monstruoso que ya es mayor de edad fue condenado a la sola pena de 10 años de prisión, por su manipulación constante, su hostigamiento, su planificación a la hora de la asesinar a su víctima, porque se comprobó que no hubo ningún juego sexual. Que Morales asfixió a Talía luego de una discusión, que ella trató de luchar, que él la vio sufrir, morir y que la abandonó. Que trató de borrar pruebas, que no colaboró con la investigación y, por sobre todo, que ese hecho quedaría plenamente encuadrado en un Femicidio, pese a que nunca se calificó como tal, solo por la edad del asesino: 17 años, casi inimputable, le regalaron media vida en libertad.

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