Policiales
Domingo 18 de Febrero de 2018

La historia del falso "buen tipo" que terminó siendo un triple asesino

Ni amable ni amoroso: detrás de su doble vida había un asesino. Con un apellido falso ocultó su verdadera identidad y su pasado violento y delictual. Es el autor del triple crimen de la semana.

Una marca en el cuello. Es lo único que tiene. La muerte ha sido prolija con este hombre, que hasta hace un rato tenía 39 años y ahora es un muerto reciente, nuevo, muerto por siempre. Si nadie cuenta su historia podría decirse que tiene los rasgos de un hombre común, normal si existiera la normalidad. Pero si se sabe algo de él, la mente modifica la visión y hasta podría decirse que tiene rasgos psicóticos. Pero no. La mirada objetiva sólo ve a un hombre joven, muerto, con una marca en el cuello, tendido boca arriba en la mesa de acero inoxidable del forense.

Bien distinto fue lo que habían observado los médicos un rato antes. Los tres cuerpos tenían lesiones bien visibles. La mayoría eran producidos por golpes. Golpes con un palo o con un hierro.

El cuerpo más golpeado era el de la mujer que tenía 51 años. Mostraba golpes en el pecho, un brazo fracturado y muchas lesiones en la cabeza. Había un tremendo golpe en la base del cráneo, que fue el que le provocó la muerte.

La mujer más joven, la que tenía 25, también evidenciaba golpes en la cabeza y en el tórax.

El cuerpo más pequeño, el del niño de 6 años, también estaba golpeado. Había hematomas visibles en la cabeza y el pecho. Y una marca en el cuello, la de unas manos que lo estrangularon.

Todos, los cuatro, tienen relación con el mismo expediente, que comenzó a gestarse la madrugada del martes 13.

El cadáver del hombre es el de José Patricio Molina, aunque para sus víctimas fue José Giménez. Él fue el autor de todas las muertes, la de sus tres víctimas y de la suya propia. Fue el que golpeó hasta matar, el que estranguló hasta asfixiar, el que unas horas después se colgó en el patio de la casa de su hermana.

Sus víctimas son quienes creyeron que era Giménez, un hombre que parecía amable, hasta amoroso.

Mayra Soledad Bueno tenía 25 años, era auxiliar en un jardín maternal, mamá y había creído que tenía una nueva oportunidad.

Mónica Isabel Outeda tenía 51, era la madre de Mayra y no estaba muy convencida de la relación de su hija y este hombre José y por eso tampoco le convencía que intentaran la convivencia.

Lautaro Valentino tenía 6 años, su madre era todo para él y recién estaba adaptándose a la presencia de José en sus vidas.

El hombre
Se llamaba José Patricio Molina. Ahora, con su nombre en los diarios, casi nadie desea haberlo conocido y casi todos prefieren olvidar cualquier recuerdo.

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Escena del crimen. La Policía Científica toma huellas. El caso está esclarecido y la causa pasará al archivo.
Escena del crimen. La Policía Científica toma huellas. El caso está esclarecido y la causa pasará al archivo.

Su vida antes de Mayra está entre brumas. Él mismo intentó ocultar todo su pasado y borrar cualquier cosa que permitiera retroceder en su historia. Tanto es así que prácticamente no hay fotos de él. Apenas una, la de su documento, y otra muy borrosa y lejana. José Molina ocultaba su vida y fingía estar construyendo una nueva, sin pretérito.

Mayra lo conoció como remisero. Manejaba un Chevrolet Astra, hacía viajes por su cuenta y también para una remisería.

Ella viajaba todos los días en remís desde su casa en la calle Barcelona del barrio Escorihuela, en Rodeo de la Cruz, hasta el jardín maternal del barrio Cocucci, donde trabajaba como auxiliar docente. Desde hace unos 5 meses era José quien la llevaba.

Sobre el chofer hay miradas distintas. Alguna compañera de Mayra lo recordó como "agradable" y que "era atento con ella". En cambio en el barrio Escorihuela la mayoría no tiene ese concepto, aunque aseguren que "nunca vimos que fuera agresivo con ella". Dicen que no le gustaba que los niños jugaran en la vereda y que se acercaran a su auto. Dicen que era parco, seco, hasta antipático.

No está claro cuánto sabía Mayra de la vida de José. Lo más probable es que haya sabido bastante poco o que el hombre le haya pintado una vida inexistente. Recién con el desenlace se supo que José Giménez era en realidad José Patricio Molina Morales. Que se le habían abierto algunas causas penales por delitos muy diferentes durante su vida, pero que varias de ellas no tenían sentencia. Que en 1997 se le había iniciado una causa por daños. En 2010 lo denunciaron por robo, dos años después le iniciaron un proceso por desobediencia a la autoridad y en octubre de 2017 se lo acusó de un hurto simple.

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Madre e hija. Mónica y Mayra en un momento de felicidad. Sus vidas fueron interrumpidas abruptamente.
Madre e hija. Mónica y Mayra en un momento de felicidad. Sus vidas fueron interrumpidas abruptamente.

Pero para lo que ocurrió el martes a la madrugada, hay un expediente que tiene especial importancia. Molina había tenido pareja y ésta lo denunció en algún momento por agresiones, por llevarse cosas del lugar de convivencia, cosas que no le pertenecían. Después le hizo imponer una prohibición de acercamiento y luego lo acusó de haberla amenazado.

Sin embargo, a pesar de todo, después de cometer el triple homicidio Molina se contactó con esta ex pareja. Le mandó algunos mensajes por WhatsApp y en uno de ellos le dijo: "Me mandé una cagada". Además fue a verla a su lugar de trabajo, a pesar de que vulneraba la restricción impuesta por la Justicia. Y en mensajes posteriores le dijo que iba a matarse.

Consultado sobre esta actitud un perito psiquiatra dijo que Molina "era indudablemente un hombre enfermo. Los homicidios y la actitud posterior que tuvo con su ex pareja son parte de la misma patología. Esa mujer (la ex pareja) es probable que se haya salvado sólo por haber recurrido a la Justicia anteriormente y haberlo obligado a mantener distancia".

José Molina finalmente buscó refugio en la casa de una hermana en Colonia Bombal, de Rodeo del Medio, en Maipú. Allí fue hasta el patio y se ahorcó con una soga.

El principio del fin
Se supone que Mayra Bueno le había anunciado a José Molina que la relación se había terminado y le pidió que se llevara sus cosas de la casa. La teoría en parte se sustenta porque Molina tenía los bolsos armados cuando se desencadenó la masacre.

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Lautaro. Tenía 6 años. No hay forma de entender por qué lo mataron.
Lautaro. Tenía 6 años. No hay forma de entender por qué lo mataron.

Discutieron. Molina primero atacó y mató a Mayra. Después atacó a la madre de la joven, que intentó defenderse según las huellas encontradas en sus brazos, pero el hombre la mató de un golpe en el cráneo.

Después, para no dejar testigos, atacó al niño. Los vecinos dijeron haber escuchado llantos, pero en ese momento no le dieron importancia.

Finalmente, para tratar de borrar huellas, Molina se apoderó de los celulares de las víctimas y le prendió fuego a la casa. También intentó quemar el Fiat Spazio que estaba allí y que era de las mujeres. Después escapó del lugar con su auto.

A las 3 de la madrugada ingresó una alerta al 911, reportando un incendio. Los bomberos encontraron los cuerpos. En un primer momento pensaron que habían fallecido por el humo, pero inmediatamente se dieron cuenta de que habían sido atacados.

La fiscal Claudia Ríos es la responsable de instruir la causa. Tiene un expediente macabro, pero simple en lo legal.

No hay nadie vivo a quien acusar y la causa pasará rápidamente a archivo. Sólo que quizás haya alguien en alguna parte que sabía quién era José Molina, no hizo nada y ahora se esté reprochando no haberlo intentado frenarlo.

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