Según esa primera versión, cuatro hombres lo habrían interceptado, agredido físicamente y sustraído su teléfono. Por la gravedad de las lesiones, se solicitó asistencia médica y fue trasladado al Hospital Rawson. En ese momento, la causa se activó como un posible robo agravado.
Pero en el hospital, frente a un efectivo que se acercó a tomarle declaración formal, el relato cambió por completo.
El hombre reconoció que no había existido ningún asalto. Contó que todo había ocurrido en el marco de un cumpleaños en Chimbas, donde se encontraba con su pareja. Tras una discusión, decidió salir de la vivienda para evitar que el conflicto escalara, pero la situación continuó en la calle.
En ese contexto, aparecieron dos familiares de su pareja, quienes lo agredieron físicamente. Según su propio testimonio, recibió golpes mientras estaba sentado en la vereda y, en medio del altercado, se le cayó el celular, que terminó dañado. Luego logró escapar corriendo hasta el barrio donde finalmente fue encontrado por la Policía.
La explicación fue directa: dijo que inventó el robo por vergüenza.
Con este nuevo escenario, la causa cambió de rumbo. Dejó de intervenir la fiscalía de Delitos contra la Propiedad y pasó a la órbita de la Unidad Fiscal Genérica, bajo la carátula de lesiones.