Caso Turcumán
Domingo 05 de Agosto de 2018

Camino al veredicto: Moya, entre el pedido de perpetua y el de absolución

Es grande la brecha que existe entre los argumentos que se plantearán este miércoles por el crimen de Alfredo Turcumán. La Fiscalía tiene las horas contadas para fijar su postura y en el medio, dos solicitudes de sentencia que son polos opuestos.

/// Por María Eugenia Vega

Entre la perpetua y la absolución por este hecho, hay mucho trecho. Claudia Antonella Moya recibirá sentencia muy pronto, posiblemente esta semana, a poco más de un año de la muerte de su marido Alfredo Turcumán. Las partes hacen por estas horas un gran esfuerzo para argumentar sus posturas porque el miércoles, desde las 9, les toca el turno de alegar el pedido de resolución. Hay dos posturas casi cantadas: la querella pedirá una pena dura por el homicidio agravado por el vínculo, mientras que se estima que la defensa solicite la absolución de la imputada por legítima defensa. La real intriga existe entre los papeles que apunta la Fiscalía, por las dudas que se sembraron a lo largo del proceso. El miércoles se conocerán sus posiciones definitivas.



Luego de eso, la sala III de la Cámara Penal integrada por Eugenio Barbera, Maximiliano Blejman y Ernesto Kerman tendrá que escuchar atentamente y evaluar todos y cada uno de los puntos que presenten ambas partes, al igual que la voz de la Fiscalía que resulta de suma importante para el tribunal.



Fue un juicio que sumó sorpresas, testimonios innecesarios y testigos ausentes. Hubo palabras reveladoras y otras que dejaron dudas. También se evaluó la posibilidad de impugnar ciertos testimonios, según afirmaron fuentes judiciales. Lo cierto es que, después del desfile de la veintena de testigos que fueron llamados, se aguardan las evaluaciones finales. La palabra de la psicóloga que atendió a Claudia Moya le sumó un punto a favor, después de asegurar que posee una "gran empatía" y sentimientos de angustia y duelo por la situación. Pero, por otro lado, las fuertes declaraciones de Julio Olmedo, la expareja de Moya, fue el plato fuerte de la querella. Después de haberle tirado con munición pesada y de agregar más palos para el fuego de la hoguera que encendió la familia Turcumán, los errores cometidos por la parte querellante y la postura de silencio de la hermana de Moya le dieron un margen de posibilidades a la imputada para que crean su versión.



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En realidad, lo que más ayudó a la imputada en su defensa fue haber desconcertado a la Justicia con su palabra. No había hablado ni con el juez de primera instancia, Benedicto Correa, quien la mandó de inmediato a juicio sosteniendo su culpabilidad, porque el hecho de negarse a responder a sus interrogantes luego de aquel fatídico 13 de junio, fue la llama que avivó las sospechas contra ella. Al comenzar el juicio, Moya rompió ese silencio y testificó con el peso de la prueba a su favor. Eso fue lo que le abrió la ventana a una posibilidad para argumentar que mató a su marido en defensa propia. La legítima defensa implica la absolución de la imputada, mientras que el homicidio agravado por el vínculo, la peor de sus pesadillas tras las rejas.


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