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Para Hermes Binner "se termina una década de oportunidades perdidas"

La parábola se cierra y deja al descubierto la verdadera cara del modelo. Analizando sus políticas y acciones se observa una lógica de saqueo, permanencia e impunidad.

Se cumplen 10 años de kirchnerismo, un ciclo está terminando. La parábola se cierra y deja al descubierto la verdadera cara del modelo. Analizando sus políticas y acciones se observa una lógica de saqueo, permanencia e impunidad.

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La primera gran confusión que plantea el kirchnerismo es creer que el país empezó el día que ellos asumieron el gobierno y no se puede plantear tan impunemente una "década ganada" cuando en la Argentina el 26,9 por ciento de la población está en situación de pobreza y el 38,8 por ciento del total de los niños son pobres. Creemos que es un error histórico no haber aprovechado el extraordinario contexto internacional, que permitió el ingreso de miles de millones de dólares, para terminar con la pobreza y la desigualdad.

Prestigiosos hombres y mujeres del derecho transformaron a la Corte Suprema de Justicia en la mejor de la historia argentina. Sin embargo, la intervención de la Justicia se convirtió de a poco en una costumbre. Primero fue la reforma del Consejo de la Magistratura, el órgano encargado de seleccionar y remover a los jueces, en 2006 para reducir el número de integrantes bajo el pretexto de "agilizar su funcionamiento". Ahora, con el mismo argumento se quiere volver a incrementar el número de integrantes. Pero además, bajo el título de "democratizar la Justicia" no se hace otra cosa que partidizar la elección de sus miembros en franca contradicción con la Constitución nacional. La República necesita la garantía de la independencia de la Justicia frente a los otros poderes porque debe garantizar el cumplimiento de la Constitución.

La Argentina recuperó en estos años la noción del valor del Estado, devastado por el neoliberalismo. Sin embargo, el uso y abuso que el gobierno hizo del poder desfiguró su esencia. Para el kirchnerismo, gobierno, Estado y partido son lo mismo. La corrupción, la impunidad y el desprecio por las instituciones determinan su matriz. En las antípodas del modelo, para nosotros el Estado debe ser eficiente, autónomo, al que se ingrese por concurso, abierto y participativo, que rinda cuentas y brinde información de qué es lo que se hace con el dinero de todos los argentinos.

Este gobierno se encargó de destruir las instituciones de la República y el diálogo como instrumento de convivencia social. El Congreso de la Nación fue transformado en un apéndice de las políticas del Ejecutivo. Si cuentan con la mayoría aprueban todo sin discusión y sin debate, y si no la tienen gobiernan a través de Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU).

El sistema federal de gobierno fue desmantelado por falta de planificación estratégica y coordinación de las políticas públicas con los diferentes niveles de gobierno. Las tragedias de Once y las inundaciones que afectaron a la Ciudad de Buenos Aires y La Plata, son un triste ejemplo. También se evidencia con el ahogo financiero a las provincias que no son funcionales al gobierno nacional como el caso de Santa Fe.

La pretendida "democratización" de los medios de prensa se transformó en una persecución a periodistas y empresas de comunicación que no adhieren al discurso único. La estatización de los fondos de jubilaciones y pensiones, que implicó retomar la solidaridad del sistema previsional, se convirtió en una caja que no atiende las necesidades de los jubilados sino las del gobierno.

En este mismo camino, la destrucción del Indec no solo oculta la inflación real y los indicadores de pobreza, sino que compromete la confianza para los actores económicos. No hay país que pueda planificar su futuro sin estadísticas públicas confiables. En tanto, en la década K se ha registrado un fuerte avance de la economía informal y del delito, sin que el gobierno intervenga de manera clara y contundente para combatirlas. Hoy con la ley de blanqueo de dólares se favorece la industria del "lavado de activos" provenientes del narcotráfico, la trata de personas y otros delitos.

Estamos asistiendo al final de la década K. Para nosotros es la oportunidad generar un nuevo modelo de desarrollo basado en la producción, el trabajo decente y el cuidado del medioambiente, con salud y educación de calidad accesibles para todos. Inseguridad, inflación, pobreza, falta de vivienda e infraestructura social y económica, ocupación desigual del territorio son grandes problemas que debemos transformar con políticas de Estado que permitan proyectar a largo plazo, a pesar de los cambios de gobierno. Otros países lo han logrado, su gente puede pensar en el futuro y desarrollarse. Necesitamos trabajar intensamente para que la Argentina se convierta en el país normal que nos merecemos. Solo debemos animarnos a cambiar.