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Se espera la llegada al país de la vacuna contra la culebrilla

La inmunización preventiva se recomienda a personas a partir de los 50 años y a mayores de 19 con el sistema inmunológico debilitado por enfermedades o tratamientos.

Mientras que en el mundo hay países donde se está indicando la vacuna para prevenir el herpes zoster o más popularmente conocida como culebrilla– por el aumento de casos que hubo durante la pandemia, en los vacunatorios argentinos todavía no pueden arriesgar una fecha de cuándo empezarán a recibir las dosis. Según se pudo conocer, de avanzar el trámite regulatorio, podría ser a finales de marzo.

El herpes zóster aparece por la reactivación del virus de la varicela, que permanece latente una vez que la persona tuvo esa enfermedad típicamente infantil. Luego de que en Estados Unidos se detectara un aumento de casos de herpes zóster durante la pandemia de Covid-19 y se aprobara una nueva vacuna para reducir el riesgo de esa reactivación viral (Shingrix, del laboratorio GSK), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) informaron que desde noviembre de 2020 había dejado de estar disponible la vacuna de virus atenuado Zostavax, de MSD, y recomendaron la inmunización preventiva con el nuevo producto a partir de los 50 años –el riesgo de tener culebrilla aumenta con la edad– y en los mayores de 19 con el sistema inmunológico debilitado por enfermedades o tratamientos.

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En las principales cadenas de vacunatorios privados de la Argentina aún no tienen disponibles las inoculaciones: Zostavax se dejó de aplicar entre agosto y septiembre del año pasado, mientras que Shingrix se espera que llegue a finales de marzo, una vez que finalice el trámite de aprobación en Anmat.

Es un esquema de dos dosis, con un intervalo de entre dos y seis meses, para mayores de 50 y personas de 18 años en adelante con riesgo inmunológico, de acuerdo con lo aprobado en Estados Unidos, países de Europa y Brasil. No es una vacuna de calendario y el costo estimado por estos días con el que se comercializaría en el país sería de unos $20.000 la dosis, sin cobertura, por lo que aún habrá que esperar qué se defina para su uso localmente.

Mejor no recordar

No todas las personas que tuvieron varicela van a tener culebrilla a medida que pasan los años, pero las que lo tuvieron que pasar prefieren no recordar. Lo primero que mencionan es el dolor que genera el sarpullido que les apareció en forma de franja del lado izquierdo o derecho del cuerpo o la cara. Fiebre, dolor de cabeza, malestar estomacal fueron otros de los síntomas que mencionan.

“Hoy, es mucho más frecuente por el estrés emocional, algo que vivimos durante la pandemia, sobre todo asociado con el aislamiento. Hubo muchos casos de depresión. Al hablar con los pacientes, muchos mencionan un episodio de estrés intenso”, refirió Marcelo Label, presidente de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD) y médico de planta del Hospital Ramos Mejía.

“Vimos un aumento de consultas ya avanzada la pandemia, que pienso que estuvo asociado con el aislamiento y el estrés que eso causaba. Avanzado 2020 y en 2021 hubo más casos; ahora, ya estamos como en la prepandemia”, precisó el especialista, que también es profesor de dermatología de la Universidad de Buenos Aires.

A diferencia de otras infecciones, la culebrilla no es de notificación obligatoria, por lo que se desconoce su carga real o en qué proporción, como en Estados Unidos y algunos países de Europa, crecieron los casos. Los números que suelen citarse son extrapolaciones o estadísticas aisladas.

Elena Obieta, miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y jefa del Servicio de Infectología del Hospital de Boulogne (San Isidro), señaló que se estima que, cada año, hay cuatro casos por cada 1000 personas en la población de más de 50 años; a partir de los 60, aumenta a un caso por cada 100 personas.

“El herpes zóster, que vulgarmente se conoce como culebrilla, es la reactivación del VVZ, el mismo que causa la varicela en los chicos, cuando bajan las defensas, lo que puede ocurrir en una situación de mucho estrés, una infección, como en la pandemia, un traumatismo, un tratamiento o con la edad –explicó la especialista–. A partir de los 50, tenemos mucho más riesgo de que se de esa reactivación por un proceso llamado inmunosenescencia, que es el envejecimiento del sistema inmunológico. Este virus que queda latente en ganglios nerviosos, se despierta y avanza siguiendo el recorrido de un nervio. Lo más común son los intercostales, seguidos por el nervio facial, lo que puede ocasionar ceguera.”

Cuestión de azar

Haber tenido herpes zoster no protege necesariamente de que reaparezca. A mayor edad, también hay mayor posibilidad de que superado con tratamiento antiviral persistan complicaciones, como la neuralgia posherpética, un dolor intenso e incapacitante que se mantiene por un daño nervioso directo que genera el VVZ.

“Tuvimos una vacuna a virus atenuado, que fue relativamente eficaz, y se dejó de utilizar –agregó Obieta–. Pronto habrá una vacuna hecha con proteína del VVZ y el grupo ideal sería la población de entre 60 y 70 años o los pacientes que van a trasplante o que, por algún motivo, se les indique inmunosupresión.”

Luis Camera dirigía el Programa de Medicina Geriátrica del Hospital Italiano cuando en 2014 se empezó a usar en el país la primera vacuna aprobada para la culebrilla. De su experiencia, recuerda que con el diagnóstico temprano y rápido del herpes zoster y la vacunación (20-30% de los pacientes había accedido a la vacunación a través de la cobertura parcial a través del plan de salud del hospital) disminuyeron el impacto del VVZ.

“Lo que más mejoramos fue el circuito de consulta muy rápida entre la guardia, dermatología, infectología y clínica médica para que los pacientes pudieran recibir el tratamiento antiviral precozmente. En más del 50% de los casos, el diagnóstico es entre uno y tres días desde el inicio de los síntomas porque cada día que se tarda en tratar, el herpes se vuelve más difícil de manejar. No logramos disminuir los casos, pero sí las consecuencias”, repasó.

Cuando las lesiones típicas en la piel son evidentes, según indicó Label, no suele haber más problema. “Pero, a veces –continuó el dermatólogo–, un paciente consulta con dolor y tumefacción, no siempre en el tórax, sino en el glúteo, la pierna o el cuero cabelludo. Si hay dolor, suele haber sospecha. Pero cuando no hay vesículas, sino solo enrojecimiento, el herpes zoster puede despistar”.

Para Camera, “lo que se viene, ahora, es el manejo de la enfermedad”, lo que consideró “más importante” que hacer el diagnóstico. “Ahí es donde muchas veces se falla por falta de coordinación [una vez que el paciente consulta por dolor y aparición de una mancha o sarpullido]. Vacunamos mucho –continuó sobre el trabajo con su equipo publicado en la revista Medicina en 2017–, pero donde más mejoramos fue en el acceso al diagnóstico y al tratamiento rápido y precoz.”