País
Viernes 10 de Enero de 2020

Los 30 días de Alberto Fernández en el Gobierno, entre la situación económica y la política exterior

El presidente se enfocó en la ejecución de medidas que puedan atenuar los efectos de la crisis social y en desplegar una estrategia diplomática que facilite la negociación con el Fondo Monetario Internacional.

Alberto Fernández no hace reuniones de gabinete, convoca a sus ministros en persona, agota la batería de su celular y tiene una sola obsesión política: resolver la crisis económica sin ajuste social. El presidente toma decisiones en soledad, tras escuchar a su círculo cerrado que integran Vilma Ibarra, Santiago Cafiero y Gustavo Béliz, y empieza a comprender que el malhumor no es un hecho clave para obtener inmediatos resultados políticos. Trabaja 16 horas por día, y pese a haberlo jurado en público y en privado, aún no pudo controlar la ansiedad y bajar de peso.


Cristina Fernández de Kirchner conoce todos los pasos del Presidente y opina sobre todo. Ocupó puestos claves en la administración pública con militantes de La Cámpora y maneja un volumen de información reservada que excede a su atribución como Vicepresidente de la Nación. Una sola vez pidió a Alberto Fernández un específico favor político: que intervenga en la negociación de la ley Impositiva bonaerense que desnudó la cintura pragmática del gobernador Axel Kicillof.


Alberto Fernández maneja rudimentos de la ciencia económica y entonces se apoya en el juicio profesional y académico de Cecilia Todesca, que está nombrada como vice jefa de Gabinete. El presidente se reúne con Martín Guzmán -ministro de Economía- y Martín Kulfas -ministro de Producción, recibe informes técnicos de distintas secretarias de estado y accede a ciertos papers que remiten conocidos lobistas, empresarios y banqueros, pero no toma una sola decisión económica y financiera antes de consultar con Todesca.


Alberto Fernández dividió la crisis económica en dos frentes distintos. Respecto a la agenda local, el Presidente inició una ofensiva política que comprende a empleados públicos, privados, jubilados, pensionados, precios cuidados, tasas de interés, retenciones, impuestos a la libre disponibilidad del dólar, control de importaciones y hasta el cambio de las imágenes en los billetes nacionales.


En este agenda global, Alberto Fernández consulta a Guzmán, Kulfas, Claudio Moroni .ministro de Trabajo-, Mercedes Marcó del Pont -titular de la AFIP-, Miguel Ángel Pesce -presidente del Banco Central-, Roberto Lavagna y Todesca. Son encuentros que organiza en Balcarce 50 o la quinta de Olivos, juntos o por separados, y a cualquier momento del día.


Respecto al frente internacional, la toma de decisiones de Alberto Fernández se vuelve más trabada y engorrosa. El presidente no tiene un inglés fluido -que lo obliga a compartir información secreta y a disponer de más tiempo para escuchar las traducciones-, la normativa y la jerga técnica en los bonos con legislación extranjera son muy complicadas, los protagonistas a convencer no pertenecen a la política doméstica -son banqueros neoyorquinos o funcionarios americanos- y su equipo económico no avanzó lo suficiente para hacer una oferta formal a los acreedores.


En el team de la deuda externa sobresalen Guzmán, el procurador Carlos Zannini, Guillermo Nielsen .aunque dirija a YPF y Todesca Alberto Fernández desea que la oferta al Fondo Monetario Internacional (FMI) esté concluida antes que inicie el verano en Washington, una hipótesis que podría cumplirse a pesar de los vaivenes de las relaciones bilaterales que intenta mantener la Casa Rosada con la Casa Blanca.


Alberto Fernández y Donald Trump hablaron una vez por teléfono antes de que Nicolás Maduro intentara un golpe parlamentario contra Juan Guaidó y Evo Morales se exiliara en la Argentina. El presidente de los Estados Unidos prometió su ayuda para la negociación con el FMI y su colega argentino reiteró que piensa pagar cuando crezca la economía nacional.


La predisposición oficial de Trump está sujeta a la relaciones exteriores que mantenga la Argentina con Maduro y Evo Morales. Si Alberto Fernández se mantiene equidistante o levemente a favor de la mirada americana, el FMI estará más proclive a considerar la oferta nacional que prepara Guzman y su equipo de la deuda externa.


En pleno golpe parlamentario de Maduro, el Presidente argentino condenó al régimen populista a través de un comunicado formal que redactó en consulta con Felipe Solá. Esa posición estratégica del jefe de Estado irritó al kirchnerismo, que luego calló sin estruendo cuando el canciller terminó con el status diplomático de Elisa Trotta, representante de Juan Guaidó en la Argentina.


Quid pro quo explican en el Departamento de Estados. Toma y daca, traducen del latín en el Palacio San Martín: Alberto Fernández impugnó a Maduro, y esa decisión política destrabó la aceptación de las cartas credenciales de Jorge Arguello, futuro embajador argentino en los Estados Unidos. El presidente ahora tiene vía libre para llegar a Washington y protagonizar su bilateral con Trump en el Salón Oval.


La reunión con Trump es clave para avanzar con el FMI. Estados Unidos maneja a este organismo multilateral de crédito, y sin el respaldo de la Casa Blanca no hay una sola posibilidad de acordar un programa que implique honrar la deuda sin un nuevo ajuste económico y social.


Sola, Arguello y Béliz asesoran al Presidente cuando se trata de fijar una posición respecto a los Estados Unidos. Para Alberto Fernández es importantísimo profundizar la relación con Trump, al margen de los solapados cuestionamientos que llegan desde la militancia que lideran Cristina y Máximo Kirchner.


El presidente soslaya estas críticas internas y pone foco en dos eventuales acontecimientos de política exterior que le gustaría coronar en 2020: la visita del Papa Francisco a la Argentina y una tregua sine die con Jair Bolsonaro, que está dispuesto a conceder por sugerencia de los Estados Unidos.


Fuente: Infobae


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