País
Domingo 25 de Marzo de 2018

La sociedad argentina es poco ambiciosa y no acepta reformas drásticas

Está claro que la reelección de Macri, depende pura y exclusivamente de su gobierno. Del otro lado no queda nada.

"Sólo podemos ganar en 2019, si la economía colapsa"; agregaba un peronista histórico desde San Luis. Rezan por un cisne negro.


Todos los países tienen un costo político si hacen reformas. Paso incluso en Francia y la India.


Los analistas de la opinión pública señalan que la sociedad argentina es muy conservadora, poco ambiciosa y no acepta reformas drásticas.


La historia demuestra que sólo se pueden hacer cambios fuertes cuando hay una catástrofe económica como en 1989 y 2001. Menem habló de cirugía sin anestesia y Néstor Kirchner del infierno que heredó de Duhalde.


En esos casos, la sociedad acepta cualquier cosa porque no queda otra. Vino el shock.


Lo más importante es presentar un plan económico coherente para convencer a una parte de la sociedad. Es cierto que se confió demasiado en que el sólo hecho de que iban a gobernar los empresarios llegarían las inversiones al sector real de la economía.


Muchos se olvidaron que en la UIA, prefieren políticos sinuosos y proclives a negociaciones oscuras porque es más fácil que modernizarse y competir.


Hubo logros, como salir del default, volver al mundo, presidir el G20 y multiplicar obras públicas. Pero del otro lado el sinceramiento de las tarifas y la inflación torpedeaban en lo anímico a la clase media que votó a Cambiemos. Aparece entonces el mejor dato de los últimos tiempos. Bajó la desocupación al 7,2 %.


Igual la grieta se mantiene sin grandes variantes.


Es más cómodo en el país, agredir al otro por lo que piensa y no con argumentos. Por esa razón en los medios, en los programas que explotan esa variante se nota cuando se insulta y acusa sin pruebas, con frases hechas. Además aparecen títulos en los zócalos de televisión que no tienen nada que ver con lo que se discute, pero se ponen para llamar la atención y ganar algún punto de rating.


En San Luis nadie se refirió a un plan económico. Sólo caían críticas sobre la actualidad. Era mejor el silencio sobre la inflación de Moreno, la pobreza estigmatizada como decía Kicillof, los subsidios, el cepo y una economía de las más cerradas del mundo.


Los discursos peronistas que se escucharon en San Luis quedaron en el siglo pasado.


La revolución tecnológica está cambiando la cultura y la producción.


La visión ideologizada no tiene nada que ver con estos tiempos líquidos.


Aparecen en el mundo caudillos, jefes, líderes que indican como se debe pensar.


El héroe mundial de los populistas, de los líderes autoritarios es Vladimir Putin. El dato resumido que llega de Europa es claro: persiguió a sus opositores, enriqueció a sus amigos, se anexó un pedazo de Ucrania, trató de volcar la balanza en las elecciones de Estados Unidos. Nueva generación de autócratas; Turquía, Hungría, Italia y Estados Unidos. Sin ideologías coherentes avanzan los caudillos. El modelo es amorfo.


Parecidos: Silvio Bernasconi, Donald Trump y Putin. Es más importante el control sobre las palancas del poder económico y político que las libertades.


Es decir, la ideología no existe. Sólo el poder total.


¿Cómo puede volver el peronismo desde la oposición?


Es difícil porque no tiene un jefe.


Hace muchos años escribí un libro sobre el empresario Jorge Antonio que acompaño a Perón desde 1945 hasta sus últimos días.


Le pregunto ingenuamente ¿Por qué Menem privatizaba, si el peronismo era ideológicamente estatista? Me respondió: "que tiene que ver el peronismo con la ideología?, si piensa así no entiende lo que es este movimiento".


"El peronismo sigue la tendencia del momento". "Menem se encontró sin dólares en el Banco Central, sin electricidad, sin teléfonos, sin caminos, sin dinero". "¿Quién lo va a poner?". El sector privado". "El día de mañana el negocio es estatizar, se va a volver a estatizar, pero nunca siga la ideología, siga el dinero, allí está la clave".


En pocos minutos entendí el populismo. El problema grave es cuando ocupa los extremos y se queda sin nada para repartir.


Venezuela es el ejemplo. Si no queda nada, implosiona inevitablemente.


La década del 90, en Argentina terminó con una deuda menor al 40 % del PBI. El peronismo consideró que era impagable. El gen peronista es no pagar la deuda, porque les da bandera antisistema y antiimperialista.


No importan los costos. Ese es un riesgo que en el exterior lo tienen en cuenta.

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