País
Domingo 29 de Julio de 2018

Es argentino y está cumpliendo una misión increíble

Se llama Martín Echegaray, es oriundo de Trelew y ya caminó casi 8.000 kilómetros de los 23.900 de la travesía que inició hace dos años

"¿Mi familia?, ¿mi mujer y mis hijas?... No, ellas no se preocupan. Están acostumbradas a que yo me vaya bastante tiempo. Jamás preguntan cuándo vuelvo".

Martín Echegaray Davies salió la mañana del 31 de octubre del año pasado. Ha andado 7.877 kilómetros y tiene todavía por delante otros 16.000. Más de dos años de caminata. Martín salió de Ushuaia y va hacia Alaska, pasando antes por las 23 capitales de las provincias argentinas. Viene de San Luis, va hacia San Juan, ahora está en Mendoza y aquella familia que ha dejado en su natal Trelew y que no pregunta es su esposa, su hija mayor y dos nietas, "en Puerto Madryn está mi hija menor y 3 nietos, y en Comodoro Rivadavia mi hija del medio, con una nieta".

Martín Echegaray Davies tiene 60 años y una salud impecable. "Como todo lo que le hace mal al cuerpo: sal, aceite, grasas, carne...". Quizás su fortaleza tenga que ver con su historia, la suya y la ancestral. Descendiente de galeses, se define como "jagüelero" patagónico, aquel que se dedica a hacer perforaciones y remendar molinos para proveer de agua al ganado. Además se ha dedicado a tender y reparar alambrados.

"Siempre trabajé en el campo, mientras el campo anduvo bien. Hacía y calzaba los pozos para el agua en los animales... Se puede decir que soy jagüelero, molinero... aunque en los últimos tiempos, cuando empezó a escasear el trabajo en el campo me empecé a dedicar al mantenimiento de viviendas".

Cuenta que las caminatas son costumbre galesa en la Patagonia. Que les viene de los reconocimientos de tierra que realizaban cuando llegaron a la Argentina y que luego se mantuvieron por tradición y esparcimiento. "De ahí surge la idea de hacer una caminata, de gusto. Ir hasta Alaska caminando, pero pasando por todas las capitales de la Argentina, para agregarle algo nuevo a la travesía".

Dice que en cada capital "voy pidiendo que en las municipalidades o en las direcciones de turismo me vayan firmando mi cuaderno de bitácora, para que quede registro". Ya ha pasado por casi todas. Sólo le faltan las que van de aquí hasta Jujuy. Un total de 10.200 kilómetros desde su partida hace 9 meses.

Camina tirando de un carrito, que él mismo diseñó y fabricó. Es su "carricatre pilchero", una adaptación de un catre de campaña "al que le agregué ruedas chiquitas, después de bicicleta y finalmente de moto, porque no me duraban las otras". Ese carro cargaba 110 kilos cuando empezó el viaje. Ahora pesa 180, por algunos refuerzos obligados y porque ha incorporado algunas cosas, como una conservadora y algunos otros elementos. "Me gusta llevar todo mi campamento completo. Pilchas, bolsa de dormir, ropa, comida... Llevo todo lo necesario como para 5 días aproximadamente y poder quedarme en cualquier lado".

Cuenta que prefiere las conservas, pero que también carga con fideos y arroz, y dice que el viaje lo financia él mismo "y con lo que me va dando la gente por el camino".

Martín Echegaray Davies prefiere que "la gente no me traiga alimentos o ropa". Es que eso le genera peso en su carro y prefiere ir proveyéndose en el camino de lo estrictamente necesario. Entonces "no tengo cuenta bancaria y la única manera es que los que me cruzan me den algo de efectivo, si es que quieren colaborar, y yo puedo ir comprando lo que voy necesitando".

Sostiene que lo más cansador es "las zonas de sierras, con subidas y bajadas constantes". Allí hace un promedio de 20 kilómetros por día, mientras que en regiones de planicie el día le rinde un promedio de 40 kilómetros.

"Dicen que desde La Quiaca en adelante será más simple. El camino será en línea recta y allí empezará el verdadero viaje".

Su objetivo es llegar a Tok, una ciudad en el sur de Alaska, pero "me encantaría conseguir algún espónsor que me ayude a llegar a Barrow", en el extremo norte de esa región estadounidense.

Sin embargo sostiene que más allá de su objetivo de llegar a Alaska, "mi sueño es poder cruzar el Tapón del Darién".

El Tapón del Darién es considerada la región más intransitable y peligrosa de América Latina. Es la frontera entre Panamá y Colombia, plena selva y territorio de narcotraficantes y de bandas que se dedican al tráfico humano de inmigrantes. Tan riesgoso es el cruce por tierra que los viajes convencionales se realizan por mar. "Si logro cruzar por allí, me doy por satisfecho", asegura el patagónico/galés.