Pero la característica singular de las últimas mediciones es que ya no se trata de que, por su alta ponderación en el índice, la categoría alimentos y bebidas “empujó” el índice hacia arriba o que, en su defecto, el impacto del ajuste de tarifas fue decisivo en la aceleración de los precios. O que, como ocurrió en su momento durante la reapertura de actividades económicas, los nuevos precios aquellos sectores que debían recomponer ingresos como los asociados a la recreación, gastronomía y turismo tuvieron una incidencia decisiva.
La suba de precios es para muchos consultores que hacen sus propios relevamientos, generalizada y pareja. Uno de los monitoreos más consultados por el mercado, el que elabora la consultora LCG dirigida por el economista Guido Lorenzo, arroja que en octubre, los precios en el supermercado subieron 6,9% en promedio. Se trata de unos 8.000 productos de la categoría alimentos que se venden en esas superficies de venta. “Esperamos 6,7%, en forma generalizada, ningún rubro creciendo muy por encima del promedio”, sostuvo Lorenzo, quien calculó que el aumento de tarifas tuvo un impacto de casi medio punto, 0,4%, en el indicador.
“No es sólo tarifas, todo sube y a buen ritmo, también la medicina privada y el combustible”, aseguró el economista Camilo Tiscornia, quien anticipa un indicador de 6,8% para el mes pasado.
Otras mediciones indican resultados similares: de acuerdo al seguimiento de precios que producen en Camilo Tiscornia & Asociados, la inflación general se ubicó en 6,8%, con alimentos y bebidas en 6,4% y por encima de ese valor, la categoría “vivienda y mantenimiento del hogar”. Según el propio Tiscornia, vivienda fue el rubro de mayor incremento mensual por la combinación de ajustes en electricidad, gas y agua con un nuevo incremento en los salarios de encargados de edificios pero, según explicó, “no es sólo tarifas. Todo sube y a buen ritmo, también las prepagas y el combustible”.
Tal vez el anticipo más fiel del IPC que difundirá hoy el ente estadístico nacional es el registro en la Ciudad de Buenos Aires, donde la inflación general fue de 7%, con un alto impacto de los costos en educación y salud, pero con un aumento idéntico al dato general para alimentos y bebidas. Ese dato se complementa con un relevamiento más acotado pero que suele ser también un adelanto: el índice barrial de precios (IPB) que produce el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI) arrojó que en el conurbano bonaerense, el precio de los alimentos de la canasta básica avanzó en promedio 7,74% en octubre. En términos generales, ese registro, tomado el los comercios de cercanía de los barrios populares, suele ser más alto que el mide el INDEC y también que el que reflejan las otras mediciones privadas que incluyen en la muestra los precios en las grandes superficies de venta donde los programas de control o acuerdos como el flamante Precios Justos se encuentran disponibles.
La medición de precios de la Ciudad de Buenos Aires es un buen anticipo del IPC nacional.
“Una familia de dos personas adultas y dos hijos/as pequeños/as que en septiembre necesitaba $55.172,38 para adquirir sus alimentos indispensables, un mes más tarde requería $59.443,67, o sea que necesitó agregar $4.271 más a su presupuesto para adquirir los mismos productos y evitar caer por debajo de la línea de indigencia”, detalló el informe mensual del ISCEPCI, en el que se destacó que el precio de esa esa canasta de básica medida en 900 comercios de diferentes distritos del conurbano se duplicó en el último año: “En octubre del año anterior la misma CBA valía $29.515,34, pero doce meses después subió más del doble: 101,40%, llegando a los $59.443,63″.