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Los Pumas empataron con los Wallabies

El rendimiento y los números avalan este buen momento de Los Pumas, que jugó contra dos de las grandes potencias y no perdió.

Sólo desde los números, dos aspectos bien destacados. Por un lado, después de 13 meses sin actividad, dando mucho tiempo de ventaja en el reinicio de los entrenamientos por culpa de la pandemia con respecto a sus dos adversarios del Tres Naciones, los Pumas llegaron una victoria ante los All Blacks y un empate frente a los Wallabies (15 a 15, con todos los puntos concretados por el pie derecho de Nicolás Sánchez a través de cinco penales); por el otro, ver la tabla de posiciones permite disfrutar con Argentina a la par de Nueva Zelanda y Australia con 6 puntos pero con un partido menos.

Son dos detalles que, de acuerdo al plan de Mario Ledesma que le apunta al Mundial de Francia 2023, no deberían pesar demasiado pero, tras los inconvenientes vividos, el hecho de estar mano a mano en una competencia contra dos de los tres grandes del hemisferio Sur y dos de las máximas potencias del planeta rugby -ganadoras de cinco de los nueve Mundiales disputados, nada menos- no puede ser pasado por alto. De ningún modo.

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Por lo demás, es importante también trazar un análisis de lo que se vio en Newcastle. En primer lugar hay que destacar que no fue una semana sencilla para Los Pumas. Porque después de superar por primera vez en la historia a los All Blacks, con la repercusión enorme que tuvo esa victoria conseguida en el debut en el torneo, los argentinos aparecieron cansados ante Australia. No en lo físico, claro. Sino en lo mental, un aspecto vital en el rugby, que motivó imprecisiones que no se habían visto apenas una semana atrás.

El rival, entonces, golpeó de entrada sobre ese aspecto. Porque movió la pelota de lado a lado, jugó rápidamente cada line e intentó desgastar desde el primer minuto del partido. Asi y todo la defensa, otra vez, dio sus frutos gracias al trabajo metódico que lidera en ese rubro Juan Martín Fernández Lobbe, un hombre clave en el staff del seleccionado.

Esa defensa mantuvo en el partido a Los Pumas. Hasta el final. Cuando incluso casi lo ganan con esa "locura" de Pablo Matera al patear la pelota hacia adelante y no sacarla al touch con el tiempo cumplido y ese pique de la pelota traicionero que le imposibilitó a Santiago Cordero apoyar el try cuando ya había superado en velocidad a su marcador.

No hubiera sido justo el triunfo. Porque los Wallabies, en el balance, fueron más. Sobre todo en el primer tiempo cuando tuvieron una mayor obtención que se reflejó en los porcentajes finales de posesión (apenas un 37 por ciento para Argentina) y de ocupación territorial (sólo un 30 por ciento). Pero Los Pumas creyeron y ese es otro ítem interesante para apuntar. Aún cuando en el arranque del segundo tiempo, con el marcador 9-6 para Australia, tres penales en contra y la amarilla a Julián Montoya hicieron pensar en una derrota que no fue. Es que la defensa -esa bendita e histórica defensa de Los Pumas- apuntaló al equipo a medida que empezaron a aparecer las dudas del otro lado.

Más allá de utilizar de la manera más inteligente la victoria frente a Nueva Zelanda, los jugadores tenían claro que para superar a Australia había que cumplir algunas premisas importantes: mantener siempre la cabeza fría para no cometer infracciones, estar atentos a ese plan del adversario de intentar abrir desde todos lados porque los argentinos también sabían que Dave Rennie era conciente que en ambos packs de forwards hay un equilibrio extremo, hacerse fuertes en la batalla de dos terceras líneas tremendas, sostener el aplomo en el plan ideado ya que un partido dura 80 minutos, tener un scrum prolijo y un line que sirviera como plataforma de lanzamiento, presionar a un polifuncional como Reece Hodge (por esa virtud el apertura suele ser un jugador irregular) y, por último, ganar la batalla psicológica. Para eso, claro, era necesario marcar rápidamente. Pero eso no sucedió y por eso también se sufrió hasta el cierre.

Los Pumas, por momentos, sacaron "agua debajo de las piedras". Para ello aparecieron los abanderados tan necesarios. Y en el podio quedaron Pablo Matera (una vez más), Marcos Kremer (conmovedora su entrega y emocionante ese acto final cuando no quiso salir de la cancha después del golpe que lo obligó a hacerlo por protocolo), Facundo Isa (el santiagueño aportó una energía renovada cuando ingresó en el complemento) y Bautista Delguy, que puso una cuota de vértigo extra y que siempre que tuvo la pelota en sus manos provocó peligro.

Aun sin fallar, los Wallabies no pudieron ganar. Aun sin repetir lo hecho siete días atrás, Los Pumas no perdieron. Otra historia del rugby argentino, tal vez, esté empezando a escribirse en este Tres Naciones. El rendimiento y los números también avalan ese concepto.

Fuente: Clarín