Comscore

CORONAVIRUS

Vacunas contra el COVID-19: ¿Cuáles son las más avanzadas y cuáles se van a probar en la Argentina?

Mientras que la cantidad de infectados por coronavirus sigue en aumento en el mundo, varios grupos de científicos en todo el planeta tratan de obtener una vacuna definitiva para esta patología que puso en jaque la salud, la economía y el bienestar de la humanidad.

El objetivo de las vacunas es que el organismo genere una respuesta inmunológica que neutralice a un patógeno. En el caso del COVID-19 estos son los anticuerpos (que evitan que el virus ingrese a las células y fomentan su eliminación) y los linfocitos T (que destruyen la espiga - proteína S- por la cual se enganchan en la célula para luego ingresar en ella)

Antes de empezar con las pruebas en humanos, el primer estadío ocurre en el laboratorio, donde las posibles vacunas son analizadas en ambientes controlados, con proyecciones y estimaciones sobre el comportamiento del futuro fármaco. Luego, deben transitar por 3 fases (que puede extenderse a una cuarta), más un posterior seguimiento:

Más allá de los estudios que aún se están desarrollando 6 vacunas ya ingresaron en las fases clínicas finales:

Pese a que se conoce que la Argentina se encuentra analizando y negociando con varios laboratorios, hasta el momento dos vacunas se pondrán a prueba en suelo nacional: Pfizer y AstraZeneca.

La primera en anunciar la fase 3 en el país fue Pfizer, la cual señaló la capacidad de los científicos y a la ANMAT como ente regulador. Quien estará a cargo de las pruebas será el doctor Fernando Polack, director de la Fundación Infant, quien además lidera el estudio de plasma de recuperado como tratamiento contra el COVID-19.

Se estima que el ensayo podría comenzar esta semana, ya que la ANMAT debe aprobar el estudio. De confirmarse, las pruebas, que constan de dos inoculaciones, se realizarán en pacientes sanos de alto riesgo en el Hospital Central Militar (HCM) y en clínicas privadas.

En tanto, el prototipo desarrollado por AstraZeneca junto a la Universidad de Oxford aún no cuenta con una fecha para probarse en el país. De todos modos, según adelantó A24.com, el Gobierno argentino obtuvo el compromiso de que, de resultar efectiva, la vacuna no se mercantilice y que tengan prioridad los naciones participantes para la distribución entre de la población de riesgo.

La velocidad en los ensayos clínicos ha despertado algunos resquemores, es por eso que desde algunos círculos académicos recalcaron la importancia de mantener estándares de "transparencia" y "ética".

Los procesos para validar los fármacos deben contar con algunos pasos indiscutibles, entre ellos las técnicas de "enmascaramiento", mediante las cuales se busca evitar que las expectativas del paciente, del médico/investigador o del propio evaluador influyan en el resultado.

En el caso de simple ciego, el paciente desconoce si recibió la vacuna o el placebo; en el doble ciego tanto el investigador/médico como el paciente desconocen cuál fue inoculada, mientras que en el triple ciego, no solo el voluntario y el investigador/médico desconocen este dato, sino que además el análisis y la evaluación se realiza sin conocer a qué grupo (vacuna o placebo) pertenece cada voluntario. Ahora, en los ensayos clínicos abiertos tanto el paciente como el investigador/médico conocen qué fue suministrado, mientras que el evaluador es quien desconoce este dato.

Otro punto fundamental en lo que se refiere a la transparencia y ética de estos ensayos son los tiempos, ya que el relevamiento de datos es un punto trascendental y el desconocimiento un punto determinante. Pero existe un grupo de científicos que, en pos de la urgencia, no solo sugirió evitar estos pasos sino que incluso propuso realizar "ensayos clínicos de exposición o de provocación".

Esta polémica propuesta que, según algunos especialistas roza lo antiético, fue realizada por un equipo internacional de expertos de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres (LSHTM) y de la Universidad Rutgers (Estados Unidos), según informó la BBC.

El método, para decirlo de una manera sencilla, es inocular la vacuna, esperar la respuesta inmune, e infectar artificialmente a los voluntarios para determinar su eficacia, siendo que existen, de igual modo, dos grupos: vacuna y placebo.

El procedimiento se debería realizar en instalaciones aisladas para tal fin, para evitar la propagación de la enfermedad; con un seguimiento minucioso del proceso y un acceso garantizado a cuidados médicos de los voluntarios. Según este grupo de científicos, se podrían ahorrar entre tres y seis meses. Sin embargo, además de la ética, los resultados son cuestionables.

Es que más allá de la posibilidad de producir una enfermedad que aún no cuenta con un tratamiento efectivo y que podría terminar con la vida de los voluntarios, el estudio se realizaría con controles estrictos en ambientes controlados, que pueden influenciar los resultados y pueden ser vulnerados tanto por los integrantes del estudio, como por los investigadores y evaluadores.