La magnitud de la tragedia continúa creciendo. Según los últimos reportes, al menos 579 personas murieron en Nepal y otras cinco en el Tíbet, mientras que cerca de 1.924 permanecen desaparecidas en territorio nepalí. En total, más de 90.000 personas resultaron afectadas por las inundaciones y los desplazamientos de tierra.
Ante la posibilidad de una nueva crecida, la Policía nepalí pidió a los equipos de seguridad y rescate que permanezcan en máximo estado de alerta y que se desplacen hacia lugares seguros si la situación empeora. Las autoridades también mantienen bajo vigilancia los cursos de agua y las zonas próximas a las represas naturales formadas después del desastre.
El principal temor está relacionado con los lagos y acumulaciones de agua generados por los desprendimientos, que podrían desbordarse o romper las barreras naturales que los contienen. Uno de estos cuerpos de agua comenzó a desbordarse, aunque posteriormente su nivel se estabilizó, por lo que los equipos de emergencia retomaron parcialmente las operaciones de rescate.
Mientras tanto, continúan las tareas para localizar a las personas desaparecidas y rescatar a quienes quedaron aislados por el barro y los escombros. Helicópteros y equipos terrestres trabajan en las zonas más afectadas, aunque las condiciones geográficas y el riesgo de nuevos deslizamientos dificultan las operaciones. Las autoridades de Nepal y China mantienen la vigilancia sobre la región ante la posibilidad de que una nueva crecida agrave todavía más una de las peores catástrofes registradas recientemente en el Himalaya.