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Los talibanes postergaron el anuncio del nuevo Gobierno

El movimiento talibán de Afganistán volvió a postergar el anuncio de su nuevo Gobierno. Además continúan los combates en la región del valle de Panjshir,

Pese a lo anunciado el viernes, el movimiento talibán no solo volvió a postergar el anuncio de su nuevo Gobierno en Afganistán, esperado en el mundo para saber si repetirán el modelo represivo de los 90 o cumplirán con su promesa de ser "inclusivos", sino que además los combates continuaban en la región del valle de Panjshir, donde se concentran las fuerzas de la llamada resistencia que se niega a aceptar el retorno al poder de los islamistas tras 20 años de ocupación y apoyo militar estadounidense.

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Mientras estos dos frentes siguen abiertos, Qatar -la misma monarquía del Golfo Pérsico que hizo de anfitrión para la negociación de la retirada estadounidense de Afganistán en 2020- anunció hoy que el aeropuerto de la capital afgana, desde donde Washington evacuó a más de 100.000 personas tras la toma de poder talibán, fue reabierto de manera parcial para reiniciar los vuelos con ayuda humanitaria al país, algo que venía reclamando la ONU en medio de una crisis humanitaria grave.

El embajador de Qatar en Afganistán, Said Mubarak al Jayarin, informó que el equipo de trabajo técnico de su país logró reabrir parcialmente el aeródromo para la llegada de vuelos de ayuda humanitaria, que ya comenzaron a llegar, según una entrevista con el canal Al Jazeera, citada por la agencia de noticias Europa Press.

Además, aseguró que en los próximos días continuarán llegando otros vuelos humanitarios y, mientras tanto, se mantendrán los trabajos técnicos para que "pronto puedan estar operando vuelos internacionales comerciales", lo que habilitaría que salieran del país de manera segura los ciudadanos extranjeros y afganos que no llegaron a ser evacuados. Siempre y cuando los talibanes cumplan con su promesa y permitan la partida de todos aquellos que quieran hacerlo.

El aeropuerto internacional se encuentra a apenas cinco kilómetros del centro de Kabul, la capital, y solo cuenta con una pista de despegue, lo que obliga a los aviones a dar vueltas por encima de la ciudad hasta quedar libre.

Su situación hace que sea vulnerable a los ataques con mortero y cohetes, y a otro tipo de atentados, como lo puso de manifiesto la milicia Estado Islámico de Khorasan, la rama afgana del grupo, la semana pasada, cuando dos de sus miembros se inmolaron entre la multitud que esperaba para ser evacuada, lo que provocó más de cien muertos, entre ellos 13 militares estadounidenses.

La comunidad internacional, especialmente las potencias y las organizaciones humanitarias occidentales, han reclamado como prioridad la reapertura del aeropuerto de Kabul, el respeto a los derechos de las mujeres y opositores y la formación de un Gobierno que no repita las políticas represivas y extremadamente conservadores del primer Ejecutivo talibán entre 1996 y 2001.

Pese a que aún el nuevo régimen islamista no ha emitido reglas claras hacia las mujeres -tarea que deberá asumir el Gobierno, una vez que sea anunciado y asuma-, la relación ha sido entre tensa e incierta en estas últimas semanas.

Por un lado, llamó a las trabajadoras de la salud y educación que vuelvan a trabajar -algo prohibido en su primer Gobierno-, pero despidió a periodistas en medios públicos y activistas han denunciado que los talibanes impusieron ambientes segregados entre mujeres y hombres en oficinas públicas, escuelas y otros espacios.

Además, han habido algunas protestas incipientes y pequeñas en las calles, pero hoy milicianos talibanes reprimieron con gases lacrimógenos una marcha de mujeres que pedían en Kabul ser incluidas en el próximo Gobierno.

"Usaron disparos y gases lacrimógenos para dispersarnos, incluso si cinco mujeres se reúnen en un lugar para protestar las dispersan", dijo una de las organizadoras de la protesta, que pidió preservar su identidad.

Esta es la segunda protesta de mujeres que se lleva a cabo en Kabul en los últimos dos días y la tercera desde que los talibanes llegaron al poder, después de que el pasado jueves otra veintena de afganas se congregara en Herat, una importante ciudad del oeste del país, para reclamar sus derechos en el nuevo Gobierno talibán.

Las mujeres y activistas insisten en que su papel en el nuevo Gobierno debería ser significativo.

Los talibanes les prometieron que no perderán derechos, o al menos no retrocederán a la irrelevancia que tenían en 2001, durante la anterior etapa del conocido como Emirato Islámico.

Sin embargo, dejaron en claro que la 'sharia' o ley islámica será la línea roja que tendrán en cuenta.

Lo cierto es que ninguna mujer fue incluida en el diálogo que los talibanes realizaron en las últimas semanas con líderes políticos, sociales y religiosos del país para formar un Gobierno "inclusivo", como prometieron.

Este diálogo terminó hace días, pero los talibanes siguen postergando el anuncio del nuevo Gobierno.

No está claro cuál es el problema que complica el anuncio, excepto que continúan los combates contra los grupos armados que se identifican como la resistencia al nuevo régimen talibán en el valle de Panjshir, al noreste de Kabul.

Refugiado en en ese valle, el exvicepresidente del Gobierno derrocado por los talibanes el 14 de Gobierno, Amrullah Saleh, afirmó que se estaba dando una "situación muy difícil", en un mensaje de video difundido el viernes por la noche, en el que además prometió que la "resistencia continuaba y continuaría", según la agencia de noticias AFP.

Otro líder de la resistencia, Ahmad Masud, hijo del comandante de la guerra civil de los 90 Ahmed Shah Masud, asesinado en 2001 por Al Qaida, ratificó que los combates continúan y descartó nuevas conversaciones con el régimen islamista: Los talibanes han "elegido el camino de la guerra", sostuvo.

Ayer los talibanes habían declarado su victoria en Panjshir, pero todo indica que la situación en esa zona estratégica aún no se ha resuelto a favor de ninguno de los dos bandos.

Los talibanes también enfrentaron un nuevo anuncio de víctimas inesperado hoy.

Según los servicios de emergencias de la capital, dos personas perdieron la vida y otras veinte resultaron heridas por los disparos de celebración al aire que lanzaron cientos de milicianos islamistas la noche del 30 de agosto cuando las fuerzas estadounidenses abandonaron por completo el país. Hoy el vocero de los talibanes, Zabihullah Mujahid, pidió por Twitter a todos los miembros del movimiento que dejen de "disparar al aire" y que "en lugar de ello, den gracias a Dios".