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"Los damnificados necesitarán apoyo al menos por tres años"

Lo afirma el experto en catástrofes Moty Benyakar. Asegura que por cada afectado directo hay 200 personas con algún desorden emocional.

"A esta gente no se la puede abandonar ni ahora ni en los próximos tres años". Contundente, Moty Benyakar, psiquiatra, experto en dirigir equipos de apoyo terapéutico a damnificados de catástrofes en distintos lugares del mundo asegura que las secuelas psicofísicas de los afectados por la explosión del edificio de Salta y Oroño sólo podrán aliviarse con el apoyo y el seguimiento de profesionales entrenados en desastres, y esto debe hacerse en lo inmediato pero también a largo plazo. El acompañamiento debe prolongarse durante tres años como mínimo y en algunos casos deberá ser de por vida.

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Para tener una real dimensión de lo expansivo de la catástrofe, el especialista explicó que por cada uno de los afectados directos hay 200 personas que sufren desórdenes emocionales.

Conocedor del impacto psíquico que el dolor humano provoca en quienes padecen una tragedia no duda en afirmar que "es lamentable pero en la Argentina, como en otros países, no existe la sistematización de la asistencia. Se atiende la urgencia, entonces todos corren y ayudan en los primeros días, las primeras semanas, pero en general en poco tiempo a las personas se las abandona o se las intenta consolar con un subsidio".

Las consecuencias de la imprevisión se pagan caras, en lo humano, en lo económico y lo político, afirma el especialista argentino, una voz autorizada ya que vivió en carne propia el drama de la guerra (como soldado) y coordinó equipos de asistencia en numerosas catástrofes con cientos de víctimas y perjudicados. Benyakar fue oficial de salud mental del ejército israelí, director del equipo interdisciplinario de los evacuados en la Guerra del Golfo, asesor del programa de salud mental en Atocha (Madrid), director del equipo de asistencia en salud mental para la población de Río Turbio (donde fallecieron 14 personas en una mina) y también de los pobladores de Santa Fe en la inundación de 2003, por mencionar sólo algunas de sus intensas experiencias.

El miércoles, recién llegado del exterior, tomó conocimiento de lo sucedido en Rosario. La Capital habló con él sobre cómo acompañar desde el Estado a quienes perdieron a sus familiares y amigos, a quienes se quedaron sin su hogar, sin sus cosas.

— ¿Qué pensó cuando se enteró de la explosión en Rosario y de la magnitud de esta tragedia?

— Dije: ¡Qué terrible! ¡Otra vez vamos a llegar tarde! y no porque crea que esto se podía evitar —más allá de que es necesario que se definan las responsabilidades— sino porque son pocos los gobiernos, incluso a nivel mundial que tienen una visión integrativa respecto de lo que hay que hacer en estos casos, que están preparados y cuentan con equipos profesionales para dar verdaderas respuestas en el rescate y en salud mental.

—En el caso de Rosario se ha dispuesto un centro de asistencia a los familiares de víctimas y vecinos afectados

— Eso puede estar muy bien, pero además de la carpa que sé que instalaron, es necesario que la ayuda se prolongue más allá de las primeras semanas. Ahora todos corren, todos colaboran, la gente es solidaria, pero respetar el dolor humano es tomar acciones que puedan acompañarlos no sólo en el momento puntual sino a largo plazo. Hace 45 años que trabajo en esto y puedo relatarle numerosas experiencias en las que al no darse la contención necesaria y prolongada, esas personas que sufrieron el desastre se convirtieron en enfermos psiquiátricos, en incapacitados para reintegrarse a la vida social, hombres y mujeres que no pueden volver a sus trabajos en años y tienen licencias psiquiátricas, y otros que sienten resentimiento de por vida. Por ejemplo, los afectados por Cromañón reciben dinero, indemnizaciones mal pagas porque la plata no da soluciones. Confío en que esto no pase en Rosario.

— ¿En la práctica, cómo se logra evitar esas consecuencias?

— Recurriendo a los expertos, a los equipos formados para esto. Y si me pregunta qué es lo recomendable: estoy convencido de que es actuar en la prevención, algo de lo que no se ocupa casi nadie. Lo mejor es tener montada toda una estrategia de trabajo en la que se haya formado hasta a los maestros. Es una labor intensa, casi como entrenar a un cirujano. Pero ¿sabe qué ? siempre se piensa que no nos va a tocar. Y lo cierto es que las cosas pasan. Lo que aconteció en Rosario es del tipo de hechos que suceden en las vidas humanas y lamentablemente, de ese u otro modo, va a volver a pasar.

—En situaciones tan terribles uno de los primeros reclamos es el de Justicia, ¿cuánto ayuda a mejorar la situación de estas personas que se castigue a los culpables?

— Es necesario, pero ayuda poco. Ahora en un tiempo todos veremos los carteles reclamando "Justicia por las víctimas de Rosario", pero eso no soluciona el dolor humano. Es Justicia más asistencia, más tratamiento para las personas afectadas y no por unos días sino en el marco de un plan de intervención que haya sido probado y validado en el área de la asistencia en catástrofes..

— Entonces el dolor humano, aún cuando se produce de un modo tan devastador ¿puede aliviarse ?

—Si se toman decisiones sí. Hace 30 años que escucho en la Argentina que "alguien tiene que hacer algo en algún momento" y en realidad no se puede esperar, hay que tener en claro qué hacer y ponerlo en práctica hoy mismo. Créame, aún se puede hacer mucho por la gente de Rosario.

Voz autorizada

Mordechai Benyakar (más conocido como Moty) es maestro, licenciado en Ciencias de la Educación, doctor en medicina, psiquiatra, doctor en psicología y profesor universitario.

Es presidente del área de intervención en catástrofes de la Asociación Mundial de Psiquiatría y está a cargo de la Red Iberoamericana de Ecobioética. Trabajó con damnificados de Atocha, Cromañón, Río Tercero, Río Turbio y de las inundaciones en Santa Fe. También con los cascos azules que estuvieron en el terremoto de Haití.