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Las políticas estatales fracasaron en la prevención de la violencia escolar en San Juan

Los casos de bullying lejos de ir desapareciendo van aumentando, y la violencia entre adolescentes pasó a ser una moneda corriente. El año pasado una adolescente fue burlada y humillada en una fiesta privada en Santa Lucía. Ahora un joven de 15 años murió en una reyerta. Familia, Educacion, Seguridad y políticas sociales confluyen en una derrota lamentable la sociedad.

Por María Silvia Martín. Directora periodística Canal 8

Ocupamos el triste primer puesto. Según datos de la UNESCO, cuatro de cada diez estudiantes secundarios admite haber padecido el acoso escolar. El 18% de los chicos dice sufrir burlas de manera habitual. El 70% conoce de peleas en las escuelas. Los números pretenden ser un alerta para adultos responsables, pero sin embargo, esto no ha demostrado acciones efectivas en busca de resolver el grave problema. Cada vez que se ha producido un caso; lo único que hemos encontrado han sido pretextos injustificables de quienes sólo buscaron sacarse el tema de encima y culpar al lugar geográfico donde ocurrió el hecho. "Si fue en la calle, es culpa de la Policía", "Si fue en la vereda o la vuelta del Colegio... ah! no fue en la escuela" "Si fue a la salida de una fiesta privada, fue culpa de los organizadores". Siempre hay un culpable, pero nunca soy yo.

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Indudablemente este tema obliga a cambiar las políticas que se están llevando adelante. Lo que hasta hoy se ha hecho no funcionó.

Expertos en seguridad, pedagogos y políticos no han encontrado un camino efectivo para combatir un flagelo que hoy nos cuesta la vida de adolescentes y niños. Los casos en San Juan y la Argentina se viralizan en las redes sociales y hemos sido meros espectadores de una realidad que preferimos encasillar en espacios de discusión que no han ido a ninguna parte y han quedado en la anécdota. Pareciera que sólo nos importó destacar cómo la tecnología nos permite tener al instante lo que antes únicamente  podríamos haber conocido si éramos testigos o alguien nos contaba. Así es que aparecen comentarios que destacan "No es que haya más violencia, lo que pasa es que ahora nos enteramos más rápido", como si eso calmara la gravedad del problema.

Es necesario revisar y cambiar de plano las políticas que se están ejecutando en materia de seguridad, educación y asistencia social. Indudablemente fracasaron y no pueden desconocer su falla. Los gabinetes psicopedagógicos del Ministerio de Educación no pueden seguir trabajando como movilidades que acuden ante el hecho consumado; la Universidad Nacional de San Juan y los establecimientos terciarios que forman educadores deberán replantearse la manera en que incluyen a la familia en la comunidad educativa; la policía deberá entender que nadie los va a llamar para pedirles autorización para que funcione una fiesta clandestina; algo deberán hacer para agilizar el departamento Inteligencia de modo que acudan de manera temprana al ilícito antes de que se produzca. Una fiesta no autorizada que se promociona por redes sociales no puede ni debe pasar inadvertida para la policía.

Y en primer término, la familia. No podemos mirar para otro lado con las cosas que le pasan a nuestros hijos. La realidad pide a gritos la Educación Emocional; un planteo que exige el compromiso de los padres en la escuela y que el Estado deberá saber coordinar con todos los actores que tiene en ejecución: Es decir; Ministerio de Educacion, Ministerio de Desarrollo Humano, Ministerio de Gobierno y cientos de ONG dispuestas a colaborar para lograrlo. Un párrafo aparte merecen los municipios que tampoco deben hacerce los desentendidos en el tema.

El domingo murió un chico de 15 años tras una violenta pelea con otros de su misma edad. Llego la hora de dejar de buscar culpables en otra parte. Es hora de darnos cuenta que la responsabilidad esta ante nuestros ojos.