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¿Las escuelas pueden contener a alumnos con problemas de disciplina?

Los casos de chicos violentos en instituciones educativas está lejos de retroceder. Víctimas de una problemática social muy amplia, tampoco son contenidos en las aulas. La ausencia de gabinetes dificulta el tratamiento inmediato de los conflictos.

El reciente caso de violencia escolar en la Antonio Torres, sólo viene a sumar un caso más de los cientos que se registran en las instituciones educativas de la provincia. Los chicos son víctimas de un sistema que presenta demasiadas falencias como para ser contenidos y ayudados a caminar por una vida sin tantos conflictos. Generalmente, las escuelas terminan siendo el lugar donde se manifiestas los problemas que los alumnos traen desde sus casas. Pero, lejos de contenerlos, los casos se multiplican y no hay a la vista una solución efectiva para evitarlo.

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Según las propias estadísticas que maneja el ministerio de Educación de la provincia, cuando en el 2011 no llegaban a 800 intervenciones en las escuelas, el 2012 cerró con más de 1500 casos. Por eso, lejos de disminuir, los problemas se aumentan y cada vez son peores las secuelas que quedan en los menores.

Los directivos y docentes denuncian que no pueden hacerse cargo de los "alumnos violentos" y ante los conflictos, prefieren que esos chicos sean trasladados o separar los cursos en más divisiones. La mayoría aduce, con justa razón, tener miedo de enfrentarlos. Muchos han sido agredidos al intentar poner un límite. Por otro lado, reciben permanentemente el acoso de padres exigiendo mano blanda o amenzándolos por alguna mala nota que perjudica el desempeño académico de sus hijos. Ante la violencia, más violencia.

La pregunta radica en saber si las escuelas entonces están preparadas para mediar en estos casos de violencia. Seguramente poco y nada, y cada vez más se acentúa esta realidad, podrán hacer para ayudar a la familia. Pero pareciera que es muy difícil advertir que el niño es una víctima y contrario a eso, se lo señala como el promotor de la violencia. Nada más lejos de la realidad que esa capacidad de rotular chicos por sus acciones que van contra la seguridad física o psicológica de la comunidad educativa toda.

A esto hay que agregarles que, por un lado, los padres no valoran a la escuela como ámbito de formación y acompañamiento de sus hijos, y por el otro, los docentes aseguran que están agotados por aulas con muchos alumnos y con realidades sociales cada vez más diversas a las cuales no pueden atender personalmente.

Diferencias entre lo público y lo privado

Por lo bajo, los maestros y directivos piden a gritos la presencia de gabinetes pedagógicos en las escuelas. El reclamo parece justo, sobre todo cuando los colegios privados gozan de profesionales estables que atienden los casos de manera más personalizada y muchas veces, no siempre, previenen los casos observando a los chicos en sus actividades. Esto no sucede así en la escuela pública, donde generalmente el docente debe lidiar con el problema hasta que la situación se desborda y llega a oídos del ministerio que envía profesionales a estudiar el problema, generalmente, cuando ya está todo incendiado. Es decir, un cero en prevención.

No hay que desmerecer, incluso todo lo contrario, hay que valorizar, el esfuerzo que hace la cartera educativa de la provincia en capacitación de docentes y alumnos para este tipo de conflictos. Existen tres programas que lleva adelante el Gabinete Técnico Interdisciplinario, a cargo de la licenciada Lita Bracco: Prevención de adicciones, Escuela y Familia y Mediación Escolar.

Sin embargo, un gabinete respaldado por el sistema educativo, es decir con horas titulares y espacios físicos para los profesionales en cada escuela, podría colaborar y mucho, en estos casos de violencia. Hoy, por esas leyes de emergencia que nadie quiere eliminar, a pesar de los daños que provoca, no hay cargos para psicólogos, psicopedagogos, fonoaudiólogos, y otros profesionales que tanto podrían hacer por los niños. No son magos, pero seguro manejan herramientas que pueden ayudar a los docentes y padres. Los privados lo tienen, ¿por qué no lo pueden tener las escuelas públicas?