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Inseguridad: “Simularon ser policías y nos robaron a punta de pistola”

Fue el viernes, en barrio Sur. Dos hombres vestidos como agentes recrearon la detención de un ladrón en la puerta de su casa y la intimaron a que los dejara pasar. “Nos entregaron”, dijo la víctima.

Fue uno de los engaños más bizarros posibles y ocurrió el viernes pasado, a la hora de la siesta en barrio Sur: dos ladrones simularon ser policías y recrearon la escena de detención de un tercer hombre, otro ladrón que se represento a sí mismo. Sin embargo, lejos de lo arrogante de la escena, para María Angélica Olivera la maniobra significó casi 30 minutos de terror.

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“Era la hora de la siesta, sonó el teléfono y colgaron, eso se repitió un par de veces. Y después sonó el timbre. Mi hijo, Iván (24), abrió la puerta y me dijo: «Mami, no te asustes, pero en la puerta hay dos policías que tienen a un ladrón esposado». Salí a ver qué pasaba y me dijeron que había un segundo delincuente que se había subido al techo de mi casa y que por eso tenían que entrar a mi casa. Les dije que me dejaran sacar a mis hijos de la casa  pero se negaron, y presentí algo raro. No alcancé a preguntarles nada más que ya me habían empujado adentro. A mi hijo lo ataron de pies y manos y a mi hija y a mí nos precintaron las manos. Y empezó un infierno”, contó María Angélica.

Los ladrones tenían muchísima información sobre la familia. Sabían que el esposo de la mujer se llama Mario Gareis, que hace casi 40 años que él trabaja en el Mercado de Abasto, que le gusta cazar y pescar y que en la casa había armas.

Descontrolados

“Dónde tenés guardada la guita”, le espetó uno de los ladrones vestidos de policía. “No tengo nada, acá en la casa no tengo plata”, le retrucó María Angélica, pero la respuesta fue feroz. Los delincuentes apoyaron el arma en la cabeza de Iván y le volvieron a exigir el dinero.

“Les di algo de efectivo que tenía, que son ahorros que tenía para una operación y que yo junté con mis trabajos de repostería y venta de ropa. En mi casa no hay plata, eso quiero que quede claro”, subrayó la mujer. Los ladrones dieron vuelta los muebles y buscaron por todos los rincones. Se llevaron mucho menos de lo que imaginaron que había, pero dejaron en la familia Gareis y en todos los vecinos un temor profundo.

“Desde el viernes que no duermo y toda nuestra vida cambió por completo. Nadie se mueve solo, llevo a mi hija a todos lados. Y estamos todos muy sensibilizados. No me importa si queda mal decirlo, pero yo ahora estoy armada. Si alguien se vuelve a meter en mi casa me voy a defender. No puedo esperar a que los jueces que tenemos respondan y hagan justicia. Así como son detenidos, los delincuentes entran y salen de la cárcel. Ahora sólo creo en la justicia que pueda hacer yo y en la de Dios”, expresó María Angélica.

“En este caso sucedió algo gravísimo y es que los ladrones pudieron comprar esos uniformes sin ningún tipo de credencial. Es una garantía mínima pero tiene que ser exigida. El uniforme es para el ciudadano común una señal, se supone que implica seguridad, uno no puede imaginar que son los propios agentes los que te van a querer robar”, finalizó Olivera.