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Francisco criticó a los "pesebres de vanidad"

"A veces actuamos como si fuésemos analfabetos de bondad", cuestionó el pontífice, que esta vez no salió al balcón como medida de precaución contra las aglomeraciones.

El papa Francisco celebró este jueves la misa del Gallo en la Basílica de San Pedro. Y en su mensaje para los 1200 millones de católicos del mundo, cuestionó los “pesebres de vanidad”.

“Jesús nos da el ejemplo: Él, el Verbo de Dios, es un infante; no habla, pero da la vida. Nosotros, en cambio, hablamos mucho, pero a menudo somos analfabetos de bondad”, añadió.

Para respetar las disposiciones sanitarias impuestas en Italia, que con más de 68.000 fallecidos es el país con más alta tasa de letalidad en Europa por coronavirus, Francisco celebró una Misa de Gallo distinta a la de otros años. En una imponente basílica de San Pedro casi vacía, el Papa invitó a observar “la ingratitud del hombre hacia Dios y la injusticia hacia tantos de nuestros hermanos”.

“¿Ha hecho bien el Señor en darnos tanto, hace bien en seguir confiando en nosotros? ¿No nos sobrevalora?”, se preguntó.

En la continuidad de su mensaje, Francisco puntualizó que Jesús “no es capaz de dejarnos de amar. Él es así, tan diferente a nosotros. Siempre nos ama, más de lo que nosotros mismos seríamos capaces de amarnos. Ese es su secreto para entrar en nuestros corazones.

“Él sabe que la única manera de salvarnos, de sanarnos interiormente, es amarnos. Sabe que nosotros mejoramos sólo aceptando su amor incansable, que no cambia, sino que nos cambia”. Para el Papa, solo el amor de Jesús “transforma la vida”, “sana las heridas más profundas” y “libera de los círculos viciosos de la insatisfacción, de la ira y de la lamentación”.

“¿Por qué nació en la noche, sin alojamiento digno, en la pobreza y el rechazo, cuando merecía nacer como el rey más grande en el más hermoso de los palacios? ¿Por qué? Para hacernos entender hasta qué punto ama nuestra condición humana: hasta el punto de tocar con su amor concreto nuestra peor miseria. El Hijo de Dios nació descartado para decirnos que toda persona descartada es un hijo de Dios”, profundizó.

Este 25 de diciembre, y por primera vez en la historia, el Papa impartirá la bendición de Navidad desde el aula de las Bendiciones que se sitúa en el Palacio Apostólico sobre el Pórtico de la Basílica de San Pedro. Con el fin de evitar aglomeraciones de fieles en la plaza de San Pedro, no se asomará al balcón ni para la Bendición Urbi et Orbi ‘a la ciudad y al mundo’ ni para el Ángelus.

Los días 26 y 27 de diciembre así como el 1, el 3 y el 6 de enero, el pontífice rezará el Ángelus desde su estudio privado en la Biblioteca apostólica, y todo será retransmitido en directo por Internet.

El Gobierno de Giuseppe Conte estableció un confinamiento entre el 24 de diciembre y el 6 de enero que, si bien no será tan extremo como el de la primavera boreal, impondrá limitaciones en el movimiento y el cierre de actividades no esenciales.

Durante diez días solo se podrá caminar cerca de la casa, hacer deporte y recibir visitas de dos adultos, permanecerán cerrados bares, restaurantes, tiendas y centros estéticos, mientras que seguirán abiertas librerías, farmacias, supermercados, kioscos de revistas y peluquerías, entre otros.

Respecto a las misas, se seguirán celebrando y, en ese sentido, la Congregación para el Culto Divino publicó un decreto con el que habilita a los sacerdotes a celebrar hasta cuatro misas diarias el día de Navidad para evitar así aglomeraciones de fieles en las iglesias.

Fuente: TN