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Farmacia asaltada: “Estaba muy tranquilo, sacó el arma y nos exigió la plata”

El lunes a la mañana –a punta de pistola– la propietaria de una tradicional farmacia de barrio Sur, dos empleadas y una clienta fueron asaltadas en el local. El robo duró unos pocos minutos, un cómplice lo esperaba afuera del local, con la moto encendida.

El lunes, la propietaria, empleadas y una clienta de la tradicional farmacia Ortiz de Zárate, ubicada en la esquina de Juan José Paso y Saavedra, fue blanco de un asalto a mano armada. El hecho ocurrió minutos después de las 9, cuando las puertas recién se habían abierto, y la caja aún estaba casi vacía. Sin embargo, a dos muchachos, el momento les pareció oportuno para dar el golpe.

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Uno de ellos esperó al otro con la moto encendida. El que se bajó del vehículo ingresó al local. Según las víctimas del robo, se trató de un hombre joven, que estaba bien vestido y peinado, pero sobre todo sorprendió la tranquilidad con la que actuó. “En ese momento estaba la puerta y la reja abierta. Ya había una clienta, estaba mi hermana y dos empleadas”, contó José Luis, el hermano de la farmacéutica Adriana Ortiz de Zárate.

De campana

La secuencia no duró más que unos pocos minutos, sin embargo, la amenaza del arma –un revólver plateado que llevaba escondido entre sus ropas y que les exhibió– develó el peligro de la situación.

“Mi hermana abrió la caja y le dio la plata que había adentro, sin embargo, recién eran las 9 y no había demasiado dinero. Él le pedía billetes más grandes, pero se llevó lo que había. Después le robo la billetera y el celular a una clienta, y a las empleadas. Una de las mujeres, que estaba haciendo la limpieza le contestó que no tenía nada, que estaba trabajando. Pero él se mantuvo muy tranquilo. Se fue porque el cómplice le tocó bocina para que se apure. Es que en ese momento, una mujer, una clienta quiso entrar y cuando vio la situación alcanzó a irse. Entonces se escapan”, agregó José Luis. En total, el ladrón se alzó con un botín de unos dos mil pesos.

Ayer por la tarde, el negocio atendía a puertas abiertas, pero con la reja cerrada. Y es que con el paso de los años, y el aumento de los hechos delictivos, el cambio en la forma de atención al público es inevitable.

“Tratamos de seguir asistiendo a los clientes de la mejor manera. Pero ahora, por ejemplo, tenemos la reja cerrada y no le abrimos a cualquiera. Depende de los casos, de qué tipo de producto quiera llevar. Es una situación muy difícil, pero es lo mismo que están atravesando todos los negocios de la zona. Lo que nos pasó a nosotros les sucedió a muchos comerciantes. Inclusive, no es la primera vez que nos pasa”, explicó.

Muy lastimado

La farmacia Ortiz de Zárate, hace más de 30 años que funciona en el mismo lugar: “Antes estábamos en la vereda de enfrente, luego nos mudamos acá, pero siempre fue un lugar más o menos tranquilo, hasta que en los últimos años sufrimos varios asaltos. Y en particular, uno de los más graves sucedió en el mes de noviembre, cuando asaltaron al cadete, que distribuía los medicamentos en bicicleta. Por robarle algo de plata, que era muy poco y medicamentos lo lastimaron mucho, por lo que dejamos de brindar ese servicio. Nosotros hicimos la denuncia, la policía como a los 15 minutos vino a ver qué había pasado. Pero la solución es temporaria. Hubo una época en la que se veían más agentes en las esquinas, cerca de los comercios, pero fue porque había habido muchas quejas, después se volvió a diluir y ahora casi no se ven”, agregó José Luis.