“Lo admiré siempre porque era chica cuando leía sus coberturas”, expresó la periodista, quien sostuvo que Gelblung había revolucionado la televisión con una manera propia de contar y abordar los temas.
Gelblung consiguió algo poco frecuente en el periodismo argentino: construir una identidad reconocible atravesando géneros y formatos. Podía pasar de los policiales al espectáculo, de la política a historias insólitas y de la televisión a la radio sin perder una forma de comunicar que terminó convirtiéndose en su sello.
Su trayectoria estuvo marcada justamente por esa capacidad para mezclar mundos. Durante décadas ocupó espacios centrales en medios gráficos, radio y televisión y fue construyendo una carrera extensa que atravesó distintas épocas del periodismo argentino.
El cortejo fúnebre salió de la sala velatoria a las 15.15. El momento estuvo rodeado de silencio y coronas, hasta que los presentes comenzaron a aplaudir mientras el vehículo emprendía el último recorrido.
El cortejo llegó al Cementerio Israelita de La Tablada, donde familiares y allegados continuaron con la ceremonia de despedida.
La muerte de Gelblung también volvió a poner en circulación algunas de sus frases y reflexiones personales. En entrevistas anteriores, el periodista había hablado sobre la muerte y había asegurado que no la pensaba como un proyecto de vida.
Hasta poco antes de su internación, según lo transmitido por su entorno, continuaba trabajando y proyectando nuevos contenidos. Esa relación con el oficio fue precisamente una de las características que más destacaron quienes lo despidieron.
Chiche Gelblung murió después de más de seis décadas vinculadas al periodismo y dejó detrás una marca difícil de separar de la historia de los medios argentinos. Más allá de sus polémicas, sus aciertos y sus distintos estilos, construyó una voz propia que atravesó generaciones y que convirtió su nombre en una referencia de la comunicación argentina.