Escenario
Domingo 11 de Febrero de 2018

El mensaje que nos dejó Débora

El caso Pérez Volpin quedará en la historia de la medicina argentina y será referenciado cada vez que haya que analizar sobre el procedimiento, diagnóstico y el protocolo de endoscopistas y anestesistas. La muerte de la periodista y diputada electa Débora Pérez Volpin abrió un abanico de hipótesis y la investigación judicial deberá determinar responsabilidades, si las hubo o no, ante la Clínica y profesionales, o si fue una fatalidad. Lo que debió ser un simple chequeo médico terminó con una mujer de 50 años muerta.

Ha sido un impacto en la sociedad, nos costó creer primero y entender después qué pasó. Aún hoy sentimos angustia y tristeza al pensar lo que le sucedió y tratamos de ponernos en el lugar de la familia y de ahí salimos rápido porque ese dolor no lo aguantamos. El sólo hecho de imaginarnos ese pesar nos eyecta de la posición.

Uno de los centros de salud privados más prestigiosos de la Argentina quedó en tela de juicio y el juez Eduardo Gerome dispuso una serie de acciones para esclarecer el caso. Cada suceso está siendo sigilosamente observado por los medios de comunicación y las partes en la investigación. ¿Qué pasó en la endoscopía? ¿Hubo un diagnóstico acertado? ¿Quién realizó ese estudio... estaba capacitado? Son preguntas, sólo por citar algunas, que nos hacemos ante un hecho irreversible, la muerte de Débora Pérez Volpin. Los resultados de la investigación servirán, sin dudas para uso de todos los centros de salud del país y quedará en la historia médica como el Caso Pérez Volpin.

El hecho en sí mismo tiene varias aristas y deja varios mensajes. El dolor por su muerte nos revela cuán querida y admirada era; cuán profesional fue a lo largo de su carrera periodística; cuánto potencial había para provecho político de una mujer que fue militante de Franja Morada en los albores de la democracia en el año 1983 en el Colegio Nacional Buenos Aires. Quienes fueron contemporáneos de ella y pasaron por las aulas del Nacional en esa época coinciden en que Débora no pasaba inadvertida por varias razones: por su belleza, inteligencia, simpatía y por la seguridad que le imponía a cada uno de sus actos. Brillaba y se destacaba ya desde muy joven. Además de todos esos mensajes deja uno en particular. Deja un gran mensaje a las familias ensambladas y allí me voy a detener.

La grandeza que vimos en Enrique Sacco, su esposo, en Marcelo Funes, su ex Marido y en Melina Flidermann la actual pareja de su ex esposo, nos dejó impresionados. Todos juntos, con un gran respeto entre unos y otros se mantuvieron unidos y desconsolados. Nos quedará grabado el abrazo entre Funes y Sacco en la Legislatura Porteña cuando sus restos eran velados y también en el cementerio de la Chacarita; cuando salían tras la sepultura.

Sus declaraciones eran consecuentes con ese respeto y amor que se prodigaban y que, no me cabe dudas, Débora supo unifcar. Dificilmente podría haberse dado esa situación si uno solo de ese cuarteto se mostraba díscolo, celoso o indiferente. La grandeza es de los cuatro.

Acostumbrada a seguir casos similiares donde pasa todo lo contrario, reparé en ello. Me pregunté si estaba ante un hecho que se repetía por su sabiduría y que tal vez en Buenos Aires resultaba más frecuente. Que el ex se salude con ese respeto y cariño con el actual era algo para mí muy poco frecuente. A través de todos los medios de comunicación y redes sociales el caso se abordó y todos destacaron la generosidad que se evidenciaba en un vínculo de familia ensamblada maravilloso. Entendí ahí que esta muerte nos estaba dejando una muestra muy valiosa. Para quienes tenemos fe en Dios y buscamos sus mensajes en cada hecho, en las personas y en la muerte misma; la partida temprana de Débora nos está dejando un ejemplo que debemos capturar más aún cuando la violencia se adueñó de buena parte de la vida. Es un mensaje de amor al otro que demuestra la humildad de una mujer y de todo un entorno que sirve para todas las familias ensambladas.

En esta semana habrá novedades sobre su caso y seguramente tendremos más claridad sobre lo que pasó. "Nadie se muere en la víspera", afirma el dicho popular, aunque tengo la sensación que ella se nos fue antes.

No conocí a Débora, nunca la vi personalmente pero hoy siento que nos ha dejado un legado profesional, periodístico y humano que nunca imaginé. Tal vez a la familia el hecho de saber cuánto nos deja, les ayude a procesar su muerte...teniendo siempre en claro que ese dolor jamás los abandonará. Podrán sobrellevarlo, pero olvidarla...jamás.

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