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El Papa pidió "no acostumbrarnos a la injusticia, la violencia y la corrupción"

El Papa argentino presidió por primera vez un Domingo de Ramos ant miles de fieles. “No sean nunca hombres, mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca se dejen vencer por el desánimo".

El papa Francisco inauguró hoy, Domingo de Ramos, la Semana Santa con una misa ante peregrinos y fieles en la plaza de San Pedro y en su homilía habló de la entrada de Jesús a Jerusalén, que se rememora esta jornada y pidió a los cristianos que no pierdan nunca la esperanza y no se acostumbren al mal.

 

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Se trata de la primera Semana Santa que oficia el papa argentino. “No sean nunca hombres, mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca se dejen vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús”.

 

 

El papa Francisco fustigó las muchas heridas que causa el mal: “Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación”, dijo.

 

 

“No debemos creer al Maligno, que nos dice: No puedes hacer nada contra la violencia, la corrupción, la injusticia, contra tus pecados. Jamás hemos de acostumbrarnos al mal”, dijo en la homilía, en la que aseguró: “Todos podemos vencer el mal que hay en nosotros y en el mundo”.

 

 

Francisco se dirigió también a los jóvenes, ya que desde hace 38 años el Domingo de Ramos es también la Jornada de la Juventud, y les dijo: “Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Les doy cita en aquella gran ciudad de Brasil”. En la Plaza de San Pedro, muchos de los jóvenes que estaban entre los miles de fieles que acudieron a la misa, eran argentinos.

 

 

De acuerdo con las estimaciones del Vaticano, unas 250.000 personas acudieron a la ceremonia. El papa Francisco acudió en su jeep abierto a la procesión del Domingo de Ramos, que se celebró antes de la misa.