"El ejercicio del periodismo no se ha vuelto una tarea sencilla en los últimos años. Por un lado, la desconfianza que ejerce el Gobierno sobre los resultados del proceso de comunicación, se ha trasladado a sus actores. Informar dejó de ser una obligación de los funcionarios, para transformarse en una atribución contaminada por el ejercicio del poder: los datos fluyen en forma muy distinta según quien sea el medio receptor. El tradicional ida y vuelta fue reemplazado por un contacto direccionado, donde el objetivo es instalar un mensaje terminado, sin dar mucho lugar a que los periodistas tamicen la información o la contrasten con otras fuentes.
El Gobierno prefiere dar mensajes más asimilables a la propaganda (como los discursos que se pronuncian en un atril, las conferencias de prensa sin preguntas o los spots en cadena por TV), para no permitir que su visión sea contaminada por los medios. Sin advertir, claro está, que la credibilidad corre por otro carril.
Internet y las redes sociales también imponen un desafío. La multiplicidad de datos y canales obliga a un mayor esfuerzo por chequear la información y ofrecerla al lector en un formato asimilable.
El Cronista reflejó 105 años de vaivenes económicos de la Argentina. Y está listo para seguir creciendo en este país que cada día ofrece un nuevo reto. Para hacerlo tiene una gran herramienta:
simplemente periodismo".