SAN JUAN

El árbol

/// Por María Alejandra ArayaLa vaga andaba a-Grinch-ada. Para algunos el 1, para otros el 8 de diciembre pero sí o sí, hay que armar el árbol de Navidad. La ola verde y roja empieza a levantarse allá, a fines de octubre, crece en noviembre y arrastra a todos. Hay que surfear entre góndolas para salvarse. Comprar luces, papánoeles, pesebres y guirnaldas. (También pan dulce, turrón, sidra y vittel toné. Pero dejemos eso para más adelante) ¿Why? ¿Why? Porque hay que manifestar ese espíritu festivo a través de los íconos. Esa respuesta académica quedó chiquita cuando Eze dijo: -Ma, ¿y el arbolito? ¡El arbolito! ¿Dónde estaba? Perdido en el placard del fondo, sucio y desarmado. -Menos mal que el año pasado quedó bien ornamentado. Dijo La vaga. -Acordate que el 31 sopló ese vientazo que tumbó el árbol. Contestó el Igna. Rápido, a la Importadora, a un Súper, al Shoping. Misión: comprar adornos. Taaarde. La ola había pasado y los pocos que quedaban estaban rotos y eran los más caros. La vaga subió los hombros. No le quedaba más remedio que armar la Navidad en su corazón y en el de su familia.