Economía
Domingo 19 de Noviembre de 2017

Si no bajan el gasto público, el mercado desconfía de las proyecciones

La explicación en el gobierno, es que se puede evitar la crisis, no aplicando políticas de shock.


Alfonsín recibió una importante deuda externa, nunca pudo dominar la economía, salvo el año del Plan Austral y terminó en la hiperinflación. Menem, explicó que hacía cirugía sin anestesia; Néstor Kirchner señaló que estábamos en el infierno y tres años después con la soja en el purgatorio.


¿Cuándo cambiamos?

Llevó tiempo, pero algo pasó en la opinión pública después de 2011, el 54 % de Cristina y el vamos por todo. Primero fueron las multitudes espontáneas en las grandes ciudades. Después el triunfo de Sergio Massa en 2013. Cristina recitaba: "Hay que tenerle miedo a Dios y un poco a mí". La enorme clase media argentina estaba cerrando una etapa y nadie se daba cuenta. Faltaba que llegarán los que tenían que hacer el cambio.


El cambio primero fue la gente. Después se hartaron de los escraches, de las denuncias de corrupción, de los oportunistas que se quedaban con la plata del Estado; de justificar a los asesinos y violadores porque tuvieron una infancia desgraciada; de mentiras con los precios, la pobreza y los relatos. Basta de futbol gratis, pero sin cloacas ni agua potable.


Se valora que en economía, arreglar los números iba a llevar tiempo y esfuerzo. Nunca el gobierno de Macri contó exactamente la herencia recibida. "Es peor", expresaba Durán Barba. Decidieron hablar del futuro y la esperanza. La gente prefirió pensar por este camino, mañana estaríamos mejor. En ese momento, se cortó con el pasado. Se buscaba otra cosa. La soberbia de los pequeños grupos cansó. Peronistas históricos, especialmente en el interior del país estaban hartos de Moreno, Milani, Aníbal y La Campora.


Ahora se discuten los cambios laborales, impositivos y no será sencillo.


Maria Eugenia Vidal renunció al pedido que tenía en la Corte Suprema de Justicia por el Fondo del Conurbano. Frente a los otros gobernadores preocupados por no perder ingresos, optó por bajar esas pretensiones.


Entonces, Macri le anunció que se encargarían de suministrarle al principio 20.000.- millones de pesos más y aumentar paulatinamente esas cifras hasta llegar a 65.000.- millones de pesos en 2019.


Ocurrió lo inesperado.

Tres intendentes kirchneristas se pusieron en contacto con dos gobernadores para bloquear ese intento.


Los gobernadores les explicaron que eso era imposible, porque es dinero de la Nación y ellos no pierden fondos. La pregunta clave fue: ¿Por qué plantean esto?


La respuesta: "Si Vidal hoy tiene una imagen positiva del 70 % según Synopsis, si les dan todo ese dinero extra, no la sacamos más". "Así tendríamos que esperar al 2023".


¿Qué está pasando con las reformas?

Es cierto que se lanzaron muchas iniciativas al mismo tiempo. Cada uno puso el foco en lo que no les gusta. La disputa con los gremios es una partida de ajedrez. Se volverá atrás en una parte y se avanza en lo que es imprescindible. No quieren negocios a través de los medios de comunicación sino en la mesa.

Los empresarios miran al P.J. Es importante, señalan, saber quién manejara el mazo de cartas.


La historia nos condena.

En el pasado fuimos testigos de fuertes volantazos. Los mismos peronistas que aprobaron las privatizaciones de los 90, se abrazaron después a las estatizaciones.

Indican en la Unión Industrial Argentina que se necesita un peronismo dialoguista y moderado. Las reformas seguirán siendo graduales. Los líderes empresarios creen que el kirchnerismo era un peronismo adolescente y anti- sistema. Peligroso para las instituciones. El populismo dejó marcas y convenció a muchos jóvenes. Se va a necesitar docencia para explicar de qué se trata.

Mientras tanto el presidente del Banco Central sigue detrás del fantasma de la inflación .La tasa es su única herramienta. Además aspirar pesos de la calle, su gran obsesión. Nunca pudo llevar los precios donde quería. Es evidente que la suba de tasas no alcanza.

Ahora vendrán las subas de tarifas. Está claro que si no bajan el gasto público, el mercado desconfía de todas las proyecciones futuras.

Son años conviviendo con inflación elevada. La puja por los ingresos es histórica. También la inclinación a remarcar.

Todo se puede negociar. Todo menos la reforma previsional.

Mientras tanto Caputo seguirá consiguiendo préstamos en dólares y el BCRA tratara de neutralizarlos una vez convertidos en pesos. Un juego peligroso a futuro que se repite.

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