La diferencia comenzó a construirse temprano. A los 10 minutos del primer tiempo, una jugada ofensiva estadounidense terminó con un desafortunado gol en contra del defensor australiano Cameron Burgess, que intentó despejar y terminó venciendo a su propio arquero.
Lejos de conformarse con la ventaja, Estados Unidos mantuvo el control de la pelota, presionó alto y siguió generando peligro sobre el arco rival. La recompensa llegó nuevamente antes del descanso, cuando Alexander Freeman apareció para marcar el 2-0 y encaminar definitivamente la victoria.
En el complemento, el conjunto norteamericano administró la diferencia con inteligencia. Aunque sintió la ausencia de Christian Pulisic, quien permaneció en el banco por una molestia física, el equipo nunca perdió el control del encuentro.
Australia intentó reaccionar con variantes desde el banco, pero careció de profundidad para inquietar seriamente a la defensa local. Con el resultado bajo control, Pochettino aprovechó para mover piezas y dosificar esfuerzos pensando en lo que viene.
El pitazo final desató el festejo de los miles de hinchas presentes en Seattle. Estados Unidos ganó, clasificó y confirmó que quiere ser protagonista en su Mundial.
Ahora, los norteamericanos esperan el resultado entre Paraguay y Turquía. Si ese encuentro termina empatado, además de la clasificación, asegurarán el primer puesto de su grupo.
Por lo pronto, el anfitrión ya cumplió el primer gran objetivo y sigue alimentando la ilusión de hacer historia delante de su gente.