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Arancedo habló de la renuncia: “Nos sorprendió pero respeto la decisión ”

El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina se refirió ayer a la inesperada renuncia del papa Benedicto XVI. Los cardenales Bergoglio y Sandri son los argentinos que participarán del cónclave.

El inesperado anuncio de la renuncia del papa Benedicto XVI sacudió ayer a toda la comunidad católica mundial. A partir de ahora saldrán a la luz miles de conjeturas acerca de la decisión del Sumo Pontífice y especulaciones en relación a su sucesor en el ministerio petrino.

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En diálogo con Diario UNO, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina y arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, se refirió a la noticia y expresó en primer lugar: “Estoy muy sorprendido, pero con mucho respeto. Creo es un gesto muy libre de él, tiene derecho a hacerlo. De parte de nuestra Iglesia, yo voy a agradecer todo el testimonio y lo acompañaremos con nuestra oración”.

“Debemos prepararnos para recibir a quien será el próximo sucesor de Pedro, el próximo Papa; pero creo que el testimonio que ha dado de su vida e incluso en su misma renuncia hablan de una gran seriedad, responsabilidad. Los motivos son muy claros, no hay nada que esconder. Sólo hay que leer el texto de la renuncia donde explica no sentirse ya con fuerza para llevar adelante el ministerio petrino”, expresó Arancedo.

El arzobispo de Santa Fe expresó en nombre de la Iglesia y hacia el papa Benedicto XVI que “hay una gran gratitud a él por su persona y su trabajo”.

En relación a la elección del próximo Sumo Pontífice, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina explicó que “el cardenal encargado convocará, a partir del 1 de marzo –cuando ya se encuentre vacante el cargo–, a Roma a los demás cardenales de menos de 80 años para asistir al cónclave y elegir al nuevo Papa, allí comenzará el retiro para las elecciones”.

—¿Hay argentinos con posibilidades de ser electos?

—En la Argentina, hay dos cardenales que se encuentran en condiciones de participar del cónclave: Jorge Bergoglio y Leonardo Sandri.

En cuanto a los dos cardenales argentinos que mencionó Arancedo, se puede decir que al igual que en 2005, Bergoglio, de 76 años, figura entre los posibles candidatos a convertirse en el próximo Papa por sus actuaciones no sólo en la Argentina sino también en el resto de América latina. Según trascendió en ese año, cuando fue elegido Joseph Ratzinger, el argentino fue el único cardenal que llegó a la votación final con el alemán.

De acuerdo a una publicación italiana de la época, Benedicto XVI fue elegido con 84 votos, mientras que Bergoglio estuvo a punto de constituirse como el primer Papa latinoamericano de la historia.

El argentino era considerado uno de los papables, pero se sabía que jugaba en su contra el hecho de que es de la orden de los Jesuitas, de la que nunca surgió ningún Papa porque sus miembros deben evitar los honores de la Iglesia y servir al Papa.

En cuanto al ítalo-argentino Leonardo Sandri, ahora dirige el departamento vaticano de las Iglesias Orientales. Estuvo a cargo de la Secretaría de Estado entre 2000 y 2007 y se hizo mundialmente conocido como “la voz del Papa”, porque leía los discursos de Juan Pablo II, que ya no podía hablar debido a su enfermedad. Benedicto XVI lo nombró cardenal de la Santa Iglesia Romana en el Consistorio del 24 de noviembre de 2007.

El anuncio

Éstos son fragmentos de las declaraciones que realizó ayer el Sumo Pontífice: “Queridísimos hermanos, después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando.

Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado(...).

“Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de obispo de Roma, sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice”.