Lunes 16 de Octubre de 2017

Los ni-ni llegarán a ocupar sus bancas copy

Un final anunciado. Si bien utilizamos las aulas de las escuelas para expresarnos y en domingo, la consecución del proceso no es igual que en la educación formal.

Lo traumático que para muchos significa pasar de una instancia inicial a la secundaria puede servir de explicación para la importante deserción que se produce en la Argentina con los adolescentes.

Aunque la ley exige la terminalidad, una porción que supera el 40% no concluye esa etapa educativa en tiempo y, obviamente, eso impide la formación superior, universitaria o terciaria. Y de ahí los temidos ni-ni. Realidad parcial y mala prensa intencional. Y algo que nos resulta familiar: la ley es acaso una expresión de deseo bastante difusa. El esfuerzo material e intelectual para llevar a cabo lo que hemos comprometido goza de escaso rigor.

En el terreno que solemos llamar político, el método eleccionario actual, no permite (ni obliga) acceder a un tercer estadio. La cuestión es distinta. Haber superado la etapa de primaria, aunque las notas no hayan sido para obtener la Bandera, comporta para toda la sociedad la obligación de elegir entre los que quedaron en carrera. De ahí se opta y los que alcancen el promedio, según el sistema d'Hondt, ocuparán bancas en vez de pupitres colegiales.

Siguen los que superaron un porcentaje del total, siempre que decidan competir. En Mendoza primó la sensatez y dos fuerzas que alcanzaron aquel mínimo decidieron excluirse de la contienda definitiva. Un aporte a la simplificación. Un gesto que pone de relieve que el coraje es una virtud siempre que esté acompañado de la responsabilidad cívica. Esto no es análogo a la deserción escolar, sino una decisión que contribuye para que la carta tan extensa y variada no nos confunda a la hora de elegir el menú.

Así como muchos les restan importancia a estas elecciones por su carácter parcial de renovación y porque no se determinan cargos ejecutivos, la gravitación es significativa por varias razones. Razones ausentes en la enorme profusión de campañas.

Tal vez el déficit más grosero sea no saber qué se elige y cuál es la consecuencia de que el Congreso de la Nación quede conformado de determinada manera.

Los números suenan ínfimos: 127 escaños para diputados nacionales. De los cuales Mendoza colocará a cinco en remplazo de 5 de mandato cumplido. Sí, menos del 4 por ciento del total. Y esa escueta proporción es lo que Mendoza significa en el concierto nacional en muchos otros índices.

Y esto también debería servirnos para comprender que con tan estrecha posibilidad de llenar bancas, la disputa se acentúa y –como indican las reglas del sistema capitalista– la dieta engorda.

Las encuestas dictan anticipadamente que uno de esos cinco renovará, sin dudas, otro volverá después de un período y los otros (otros y otras) tres debutarán en la Cámara Baja del parlamento.

Definitivamente esta premonición no es definitiva. De un tiempo a esta parte sabemos que las encuestas de las encuestas sugieren no darles crédito ciego a las encuestas. Y en esto tampoco podemos atribuirnos invención ni originalidad. Los pronósticos en el Brexit; en el plebiscito en Colombia y en las elecciones que depositaron a Trump en la casa blanca, nos eximen de explicar que ni siquiera somos campeones en falsas especulaciones.

Criticar es parte de la función periodística. Observar los defectos y ponerlos en evidencia, una obligación. Lo que sería recomendable es regresar a las fuentes y procurar no ser invadidos por el espíritu de creativos frustrados.

De ninguna manera he podido detectar avisos publicitarios en gráfica, radio, televisión y tampoco en redes sociales con cualidades como para aspirar a un galardón en el festival de Cannes; pero quienes conseguimos nuestro sustento merced a los esfuerzos de publicistas sabemos que no se trata de una cuestión estética y mucho menos ética, el único verdadero premio de una buena campaña es obtener los resultados pretendidos, y en la arena política, la porción de cal no es requisito. Con obtener el porcentaje suficiente en las urnas, suficiente.

También es recurrente, inclusive en algunos posteos personales, lamentarse de la paupérrima información que proveen las fuerzas políticas. Quizá sea un reclamo legítimo, pero en una proporción inferior al 4% que significa Mendoza para la Argentina.

Si revisamos la historia reciente, podremos advertir que no hemos preservado ni los sellos más tradicionales de los partidos, y aunque sí sea tradicional la composición, la construcción discursiva y las ansias de ocupar un lugar, los nombres confunden no sólo a los desprevenidos.

Ni justicialistas, ni radicales ni demócratas aparecen. Los intransigentes son protectores, los trotskystas fitistas, los radicales cambiantes y los peronistas somos. Extraños artilugios.

"El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo". Pensar que ese irónico adagio lo pronunció el político que es Premio Nobel, pero en Literatura, al menos consuela. Siempre hay espacio para algo peor.

Colegas e ilustrados definen como inmadurez o peor aún, como ignorancia de nuestro pueblo, en comparación con los desarrollados. Ejemplo. En Alemania, para las últimas elecciones, a través de los celulares, enviaban la "plataforma", cada partido.

Aquellos que experimenten frustración por la distancia entre los teutones y nosotros deberían también conocer algunos números y no de celular, precisamente.

Merkel sigue en el poder sin que se la cuestione con tanta enjundia como cuando se les ocurre a los de aquí pretender reelecciones. Además, el partido que representa doña Merkel obtuvo el 33% de los sufragios, la cuota más baja en 50 años para la Unión Socialcristiana y sus socios de la Unión Cristiana Demócrata de Baviera. Algo más: los socialdemócratas alcanzaron un escuálido 20%, y para elevar las antenas, el dato más significativo: obtuvo el 13% el llamado Alternativa para Alemania, la versión siglo XXI del más recalcitrante y xenófobo nacionalismo.

Los carteles que inundan nuestros ojos y que son onerosos. Los mensajes que aparecen cuando estamos buscando un tema musical en Youtube. La irrupción del programa de televisión. La aparición inesperada adentro de un espacio radial puede fastidiar. La carencia de propuestas serenas y profundas no es halagüeño, pero tampoco podemos reclamar de ese postulante lo que nosotros no construimos en nuestra cotidianeidad. Y eso de ponernos exigentes cuanto el turno es ajeno, se parece más a envidia que a justo reclamo.

Según Platón, el precio de desentenderse de la política es ser gobernador por los peores hombres. Y, excepto buscar la escuela, la mesa y el número de orden, no se ve demasiado involucramiento cuando de elecciones se trata.

Estar sobre diagnosticados, al revés de lo que se pretende, aletarga el acierto para dar con el tratamiento adecuado.

Aunque la oferta no coincida con nuestras elevadas pretensiones. Por más que ni sea lo que mejor nos representa, ni tampoco lo que puede cambiar la historia, la única contraindicación letal es no participar.