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Domingo 08 de Septiembre de 2019

Te damos 11 consejos para empezar a cultivar tus propios alimentos

Los principiantes que comienzan una huerta o jardín se suelen frustrar porque no les crecen las plantas como esperaban, o porque una plaga acaba con todo el cultivo.

Si estás pensando en empezar a cultivar tus propios alimentos, sigue estos consejos.

1. Empieza de a poco
Es normal que al principio quieras plantar de todo y tengas la fantasía de alimentar a toda la familia con tus cultivos. Sin embargo, es recomendable ir de a poco para conocer qué plantas crecen bien en nuestra zona. De lo contrario, te sentirás abrumado.

Si este es tu primer año en la huerta, lo ideal es comenzar con cultivos rápidos y con pocas plagas como vegetales de hoja, por ejemplo lechuga o espinacas, o de raíz, como el rabanito. Otra opción es plantar unos tomates y unos pimientos, o montar un pequeño jardín de aromáticas o judías. También puedes optar por las cebollas.

Primero que nada, hay que acostumbrarse a las necesidades de cada planta. Debes mantener tu parcela sin regar demasiado, pero tampoco seca, bien abonada y libre de plagas. Si todo va bien este año, puedes expandirte un poco más al siguiente.


2. Planta lo que te gusta comer
¿Te gustan los tomates frescos en ensalada? ¿O hacer mermelada de tomate? Entonces los tomates deberían estar en tu lista de qué plantar en el huerto. Si te gustan los pimientos, pero solo a ti y a nadie más de tu familia, con tres plantas podrías tener suficientes. Siempre se debe intentar plantar a la medida de quien lo va a consumir.

Dicho esto, como la comida casera no hay nada, y más si los productos vienen de nuestra huerta que sabes que son ecológicos al 100% y que cuando los pruebas tienen un sabor diferente. Las fresas son más dulces, las lechugas tienen más frescura...


Cuando estés avanzado en la huerta, puedes probar cosas nuevas, incluso hortalizas que nunca has probado. Quizás te gusten si las pruebas y añades a platos caseros.


3. Planta lo que se adapte a tu clima
Conocer las condiciones locales es una de las cosas más importantes en la huerta, ya que esto determinará qué puedes plantar y cuándo. Muchas veces, preguntar a hortelanos de la zona o pasearse por zonas de huertos nos ayuda a saber que sembrar en cada temporada.



4. Presta atención al espacio vital de cada planta
Muchos agricultores, con tal de aprovechar el espacio, ponen las plantas más juntas de lo normal, y no se dan cuenta de que esto hace que los frutos salgan más pequeños y no se desarrollen bien.

Cada planta necesita un espacio vital, tanto en profundidad como en altura, que debe ser respetado para su correcto desarrollo. Debemos asegurarnos de que cada planta tenga también la luz necesaria y la profundidad para que se expandan sus raíces. Otro punto importante es que no compitan unas plantas con otras.



5. Utilizar acolchado
Las malas hierbas son la mayor frustración de los agricultores principiantes, ya que crecen rápido y pueden ahogar y robar nutrientes a las hortalizas. La eliminación de las malezas se debe hacer a diario, pero si no quieres estar horas y horas de rodillas, puedes aportar un mantillo o acolchado para evitar que estas plantas salgan. Además, aporta otras ventajas, como retener la humedad en el suelo. Hay varias opciones de acolchado, desde paja, cartón hasta hojas o cortezas.

6. Haz un diario de la huerta
No debemos fiarnos de nuestra memoria. Es mejor hacer un boceto de nuestra huerta para saber dónde tenemos plantada cada cosa. Así, el próximo año podremos hacer una rotación de cultivos. Debemos tener una lista con las plagas que nos afectaron y qué tratamientos hicieron bien y cuáles no. La próxima vez, ya sabremos cómo actuar.

También es buena idea etiquetar las plantas en la huerta o semillero para saber de qué son, pues algunas semillas tardan en germinar y después no sabemos lo que es. Además, se pueden anotar las variedades de cada especie, así se sabe cuales son las que crecen mejor.


7. Familiarízate con tus plantas y con las malas hierbas locales
No hay nada más bonito que cuidar una semilla de maíz hasta que salga el primer brote. Sin embargo, para evitar cometer un grave error, nos debemos familiarizar con el aspecto de las plantas jóvenes que sembramos. Así, evitaremos arrancarlas pensando que es mala hierba.



8. Enmendar el suelo
El suelo sano hace que las plantas sean saludables. Cada año debemos aportarles los nutrientes que necesitarán mediante el abonado. Existen varios productos que podemos aportar al suelo como el estiércol curado (está seco, no huele y lo recomiendo para huertas urbanas), estiércol fresco, humus de lombriz o compost.

Al final de cada temporada, podemos plantar un cultivo de cobertura que proporcione abono en verde para el próximo año, o cubrir la cama con hojas cortadas.



9. Prepárate para las plagas
Dejar que la madre naturaleza se encargue de las plagas es muy complicado, pues se necesitan unas condiciones especiales de varios años para que esto ocurra. Observa bien tus plantas, ya que cualquier color inadecuado puede ser ocasionado por un hongo o por falta de nutrientes. Los agujeros pueden ser por orugas o caracoles y babosas. No pasa nada por comer productos dañados, simplemente cortamos la parte agujereada y ya está.



10. No olvidar las flores
Si queremos que nuestras plantas produzcan verduras o frutas, tenemos que atraer polinizadores al huerto, como las abejas, los sírfidos, algunas avispas y abejorros. Para eso, necesitamos flores. Siempre es bueno tener margaritas, que resisten bastante.


11. Regar cuando sea necesario
El agua es muy importante en la huerta, pero debemos aplicarla en su justa medida. Pasarnos puede originar enfermedades, y si regamos poco, las plantas no crecen lo suficiente. Es recomendable darle al menos un riego profundo una vez a la semana si no ha llovido, y el resto de la semana puede ser un día si y otro día no. Depende mucho de si es una huerta o una maceta.

Es importante no regar las plantas desde arriba, sino desde la base, evitando mojar las hojas. Así prevenimos muchos hongos, y siempre es mejor por la mañana o al atardecer, para evitar los cambios bruscos de temperatura en la planta que pueden ocasionar estrés hídrico y hacer que los frutos se rajen.

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