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Los riesgos de quitarle el moho a los alimentos y comerse el resto

Eliminar el moho de un alimento y consumir la parte no afectada es una costumbre muy extendida, aunque hacerlo no garantiza que queden eliminadas las toxinas presentes en el producto, que podrían desencadenar en una enfermedad o intoxicación.

Solamente los alimentos firmes y secos pueden consumirse una vez retirada la parte contaminada. Sin embargo, aquellos blandos y húmedos deben de desecharse por completo.

De este modo, no se deben de comer mermeladas, frutos secos, frutas blandas, quesos, pan y repostería, y pueden consumirse productos cárnicos curados, frutas y hortalizas firmes. Pero, ante la duda, es mejor desecharlos, ya que las micotoxinas pueden haber penetrado hasta el interior y producir una intoxicación.

Este tipo de intoxicaciones normalmente son de tipo crónico. La toxina se acumula con el paso del tiempo en el propio organismo causando diferentes efectos adversos. Algunos de ellos pueden ser hepatitis, nefropatías, ergotismo y cáncer esofágico. No obstante, también puede darse el caso de una intoxicación aguda que cause efectos poco después de la ingesta.

Por norma general, hay que tener mucho cuidado con las micotoxinas, puesto que están catalogadas de cancerígenas. Además, existen muchos tipos de micotoxinas diferentes y no todas están reconocidas. Algunas pueden causar la muerte en periodos cortos de tiempo mediante intoxicaciones agudas. Otras, por ejemplo, son de carácter alucinógeno.

Si la intoxicación es aguda, los síntomas suelen ser rápidos y claros. Por lo general, cursa con problemas de carácter gastrointestinal. Diarreas, náuseas y vómitos son las situaciones más frecuentes.

En este tipo de situaciones es crucial garantizar la correcta hidratación para evitar males mayores. Se debe de suspender la ingesta de alimentos sólidos hasta que la sintomatología cese. A partir de aquí, se comienza con una dieta blanda y se introducen alimentos grasos de manera paulatina.

Si la intoxicación es crónica, como el caso de las micotoxinas, su detección se hace más complicada. A menudo, las manifestaciones son de tipo hepático, son complicadas y requieren de farmacología para su tratamiento. En algunos casos pueden hasta desarrollarse ciertos tipos de cáncer.

Además de la presencia de mohos en la superficie y en el interior de los productos, existen otras situaciones que pueden poner en peligro. Muchas de estas están relacionadas con el consumo de alimentos cárnicos crudos que no han sido sometidos a los procesos adecuados.

Por ejemplo, consumir pescado blanco crudo o poco hecho, sin una congelación previa, aumenta radicalmente el riesgo de contaminación con anisakis. Los procesos de descongelado también suelen suponer un punto crítico. Normalmente, se recomienda descongelar los productos en la heladera para evitar temperaturas óptimas para el crecimiento bacteriano.

Además, hay que tener cuidado con las contaminaciones cruzadas. No se deben de utilizar los mismos utensilios para manipular alimentos crudos y cocinados, puesto que se podrían pasar los microorganismos de unos a otros.

Fuente: Mejor con salud