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Qué es más difícil, ¿pedir perdón o perdonar?

Reconocer que nos equivocamos puede ser más sencillo que dejar de lado lo que nos hirió.

Cuando uno lastimó a otra persona, es más fácil reconocerlo y pedir perdón. Sin embargo, lo complicado es dejar de lado el daño causado para poder perdonar con sinceridad.

“Perdonar no siempre quiere decir reconciliarnos con el otro que nos traicionó, tampoco justificar u olvidar lo sucedido. Sin embargo, para que sea verdadero es fundamental que cese el odio”, aclara la psicóloga Eliana Álvarez (M.N. 68.245).

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Perdonar es más difícil

El perdón es una herramienta que nos ayuda a alivianar cargas emocionales, sentimentales y también los pensamientos. Porque el enojo se transforma en pensamientos negativos. De ahí que el hecho de perdonar libera y mejora la calidad de vida, pero no es un camino sencillo.

Para la especialista, debe haber un cambio en la posición del sujeto respecto del rencor con el otro y deben desaparecer las conductas o pensamientos destructivos contra quien nos ofendió.

Una parte de la responsabilidad de tener rencor sobre las acciones de otras personas, es sostener expectativas poco realistas y esperar a que la otra persona las cumpla.

Si el proceso de perdonar se hace de forma adecuada, se modificarán en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor.

“El perdón generalmente no puede tener lugar hasta que el dolor por la traición o el daño se haya debilitado y decrecido en su intensidad. Se alcanza cuando el recuerdo de eso que nos hizo tanto mal ya no nos duele tanto. Es erróneo creer que es instantáneo o automático”, insiste la psicóloga.

Cómo pedir perdón

El primer paso para pedir perdón consiste en evitar las disculpas falsas y asumir la cuota de responsabilidad en el asunto.

La clave es limar asperezas y que la otra persona sepa de tu arrepentimiento, además de abrir el terreno para una conversación futura más profunda. También se puede preguntar en concreto qué se puede hacer para arreglar lo sucedido. La persona ofendida en ese momento podrá o no decir cómo resolverlo. Hay que darle tiempo.

Cuando somos perdonados o pedimos con sinceridad el perdón, se producen efectos beneficiosos:

  • Aumenta la autoestima.
  • Baja el nivel de estrés.
  • Se atenua la ansiedad.
  • Disminuye la tristeza.
  • Mejora nuestro estado físico: se moderan la presión sanguínea, la tensión arterial y la tasa cardíaca.

“Una persona que no quiere o no puede perdonar es aquella que quedó inmersa en un estado de resentimiento, ansia de venganza, rencor, o amargura. Las personas que pueden perdonar tienen menos posibilidades de deprimirse, ser odiosas y hostiles con los otros, y bajan sus niveles de ansiedad e irritación”, resume Álvarez.

Fuente: TN