El caso ocurrió en 2014 y desde que recuperó la libertad, Sarah hace campaña para evitar que los abusadores consigan evadir la cárcel.
El día de la muerte del violador, Sarah Sands tomó dos botellas de vino y fue a la casa de Michael Pleasted, de 77 años, que era un abusador frecuente. Ya había sido condenado a 30 años de cárcel por delitos similares, pero en ese momento estaba en libertad condicional.
Con una identidad falsa, Pleasted pudo rehacer su vida y pasar inadvertido, hasta que se encontró con Sands.
Los hijos de Sarah ahora apoyan la campaña que hace su madre.
Uno de sus hijos, Bradley, admitió que en un principio pensó "me quito el sombrero" ante su madre cuando se enteró de que le había apuñalado hasta la muerte. Sus hermanos gemelos dijeron que se sintieron "más seguros" después de su muerte. Reece, que entonces tenía 11 años, dijo que era "agradable saber que estaba muerto".
En la entrevista, Sands admite que siente remordimiento por lo que hizo: "Yo traigo vida al mundo. Nunca se me ocurrió que sería culpable de quitarle la vida a una persona".
Pero a la vez aclaró: "Para los pedófilos, si tocas a los niños, tiene que haber consecuencias". Y esconderse detrás de los cambios de nombre... hay que quitárselo. Hay que quitarles el derecho a cambiar de nombre".
La señora Sands fue condenada por homicidio involuntario, pero absuelta de asesinato porque se consideró que había perdido el control. Fue encarcelada durante siete años y medio y más tarde diría: "Hice lo que cualquier madre haría".