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Miércoles 07 de Marzo de 2018

Los 10 consejos para educar hijos en la era del feminismo

Aunque hay consenso acerca de que durante siglos hombres y mujeres fuimos educados en el marco de una cultura machista, aún hay muchas dudas sobre cómo cambiar esa perspectiva universal. Aquí, una reflexión con humor sobre lo que hay que tener en cuenta en estos tiempos de grandes cambios

Como si no fuera suficiente desafío criar hijas e hijos ahora resulta que queremos criarlos feministas. Estamos decididas a que las futuras generaciones crezcan con perspectiva de género y, con eso, sean más libres y mejores personas. Si bien hay algunos asuntos que para los adultos del mañana no son ya asuntos (diversidad de género, por ejemplo), no es menos cierto que la mayoría sigue creciendo en hogares de parejas heterosexuales. Como en toda nuestra bibliografía, en esta nota hemos decidido generalizar. Pero aunque les hablamos a esas madres que han tenido a sus criaturas con varones que se hacen cargo de su paternidad, pensamos que estos diez consejos son aplicables en hogares de todo tipo y color, sólo es necesario que tengan hijos. O hijas. O hijes.

1) Resolver con una misma I. El feminismo es un movimiento diverso y ofrece una amplia gama de lecturas que nos pasean desde la maternidad como potencial hasta la maternidad como institución patriarcal esclavizante. Preguntarse por qué una eligió la maternidad y responderse con honestidad es un buen primer paso hacia conversaciones muy interesantes con nuestros hijos e hijas sobre el tema. Respuestas fuera de época: "Se me iba la edad fértil", "Vamos a tener otro porque mi marido se muere por un varón", "¿Qué voy a hacer sola de vieja?".

2) Resolver con una misma II. Criar hijos e hijas en el feminismo es algo que depende de una y de su pareja –si la hay–, del modelo que ofrece, del ejemplo, por qué no. Criar hijos e hijas feministas es una consecuencia deseable de todo aquello, pero no es necesariamente el resultado final. Puede fallar y que el nene o la nena te salgan tan libres que decidan ser un Pedro Picapiedras o una Susanita, al menos por un tiempo y sólo por la felicidad de rebelarse y verte fracasar.

3) Protegerlxs de las etiquetas I. A la gente le encanta sentenciar, desde el origen de la Humanidad. Ya las primeras pinturas rupestres halladas en las cuevas de Altamira decían cosas como "las nenas son más jodidas", "los nenes son más revoltosos", "las nenas son mejores en Lengua", "los nenes son mejores en Matemática". Para una madre con ánimos de deconstruir estereotipos de género, la batalla contra los prejuicios de los demás es cotidiana y agotadora. Y el problema es que no podés proteger a tu criatura de escuchar esas idioteces. Tampoco existe la orden judicial que le prohíba al resto del mundo opinar tales cosas a menos de 100 metros a la redonda de tu bebé. No queda otra que enseñarle a filtrar tonterías. Cada una encuentra su propio método: arrancarle la criatura de los brazos del abuelo al grito de "jodido serás vos", establecer un sistema de premios y castigos con las visitas, revolear teoría feminista en cada reunión social, enojarse, ser sarcástica y hacer un taller de control de la ira para cuando todos respondan "daaaale, no te podés enojar por un simple chiste/comentario".

4) Protergelxs de las etiquetas II. Las etiquetas son jodidas porque funcionan como una imposición, más que como la descripción objetiva de la que alardean los que las sueltan con tanta suficiencia. Y una, como feminista, quiere criar hijos e hijas etiquetas free. Pero, y siempre hay un pero, los etiquetadores de siempre le encuentran la vuelta, en este caso, para crear unas etiquetas más a tono con los tiempos como "Ja, mirá cómo lo mordió, ésta es luchadora como la madre" y "Uuuuhhh, ¿un varón?, pooooobre, justo a vos te salió un machirulo" que tampoco cooperarían mucho en la construcción de una sociedad más igualitaria.

5) La cosa empieza al nombrar. Si sos muy feminista pero el nene se va a llamar Juan Carlos Sexto porque "así se llaman todos los varones de la familia de Juan Carlos y en algo tenemos que transar, je, sino mis suegros no lo van a cuidar nunca" o la nena será "Princesa Blancanieves Del Papá", por razones similares, empezás menos diez casilleros. El nombre es importante. Para muchxs es la oportunidad de proclamar sus gustos musicales, sus luchadorxs sociales favoritxs, sus aspiraciones. Hoy, en círculos donde se ha leído mucha teoría de género están en boga los nombres neutros, como Nikita, Akira, Amaru, Azul, Nehuén o René. Fuera de la advertencia de psicología al paso: "Ojo que la cosa empieza con cómo se nombra, o sea", o la aclaración de sentido común que indica que si criaste al pibito, la pibita o le pibite con libertad, y se llama Solana o Gonzalo, ellos se lo cambiarán en el futuro por lo que les venga en gana, no tenemos mucho consejo para dar. O sí: guarda que el libro de nombres "género free" para ponerle al bebé puede ser un gran negocio a explorar.

6) El capitalismo es sexista (aunque está empezando a ver otro filón). Toda la industria de la ropa y el juguete, el rosa y el celeste... en fin, ya está dicho. Es un horror, alimenta los estereotipos, etcétera. Pero hay cosas que una puede hacer, como guardar los regalos sumamente irritantes e ir a cambiarlos por cosas más potables para nuestras ideas. Existe algo más perturbador aún: el capitalismo ya está inventando cosas para nosotrxs, una industria –llamémosla de algún modo– género free. Permítannos sospechar de la bondad de esto. Como consuelo: recuerden que hasta cierta edad, todxs lxs niñxs adoran jugar con los tápers y las cajas de electrodomésticos.

7) Lxs chicxs crecen. Y se relacionan. Con otras personitas; con maestras y maestros de escuela; de inglés, de música, de teatro, de circo, de artes plásticas, de taekwondo; con las mamás del jardín, del colegio y del club; con taxistas; con pediatras; con parientes (la enumeración es ilustrativa, no agota las posibilidades). Y así como antes, cuando eran bebés, resultaba imposible andar esterilizando todo lo que iban a tocar y era inevitable que se toparan con gérmenes, hoy es imposible ir por sus caminos despejando la maleza del machismo, porque la encontrarán. A cada paso. Dirán a la nena que su pollera es corta y al varón que no sea maricón. Cuanto más alerta estás, más claro ves cuántos límites e imposiciones se reparten a nenas y nenes con la naturalidad y convicción de los que no ponen a prueba sus pensamientos desde hace... nunca. No estamos siendo graciosas. Porque no es gracioso. Lo gracioso es que haya gente que crea que las feministas, cuando decimos que la maternidad no es algo sagrado sino una posibilidad y una decisión, queremos menos a nuestros hijos. Y justamente porque los queremos es que nos duele no poder cambiar el mundo para mañana mismo y ofrecerles algo mejor. Cada una verá si se arma de paciencia o sale con el cuchillo entre los dientes.

8) Ofrecer no es imponer. Que la nena quiera ir a fútbol y tenga espacios donde hacerlo es un triunfo del feminismo, que quiera ir a patín artístico no es un fracaso. Que el nene ame jugar con la cocina y la familia no ande susurrando que es rarito es un triunfo, que se resista a hacer expresión corporal no es un fracaso. Que la nena se pasee feliz por el barrio con disfraz de hombre araña es genial, que quiera por favor te lo pido mamá uno de princesa no es un fracaso. ¿Se entiende la idea?

9) Lxs chicxs toman decisiones. Si hacemos las cosas bien, elegirán libremente cosas que no nos gustan. Un buen día nos encontraremos gritando "esa canción que te gusta tanto es una mierda machista". Deberemos repreguntarnos millones de veces si ofrecer modelos y dar libertad de acción, si hablar civilizadamente, si prohibir y censurar contenidos como no nos gusta que hagan con nosotras, si relajar, si capitular. Bueno: que no es nada fácil (la maternidad no lo es en general) y que nuestra claridad ideológica se topará con la implacable claridad ideológica de ellxs. Y ahí te quiero ver.

10) La batalla tiene muchos frentes. Es probable que la criatura venga al mundo en un hogar igualitario, donde ambos miembros de la pareja (siempre en el caso de que vivas en pareja) reparten las tareas de cuidado y los quehaceres domésticos. Es probable que no. Es probable que tengas que compartir esta aventura con un varón que decidió ser feminista ahora a los treintaypico y no sepa ni comprar un pollo. Es probable que tengas que ídem con un ídem que en su semana de vacaciones hace la mitad de todo, incluso más, lo publica en tres redes sociales, se recibe de feminista y después sigue con lo suyo. Es probable que los dos sean un modelo de formación feminista pero la sociedad no, y entonces él tenga un trabajo estable en el que gana el doble que vos con tus mil laburitos y tengan que resolver cómo hacer realidad hogareña lo de sostener la igualdad. Es probable que te des cuenta ahora (o ya te habías dado cuenta antes pero te daba fiaca enfrentarlo) de que tu relación no es en absoluto igualitaria pero mientras no había hijos se piloteaba. Podríamos seguir con los "es probable" pero queda claro el concepto: que le leas a tu criatura Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes en lugar de Sandokán, que le compres juguetes género free, que la melonees permanentemente para que no reproduzca estereotipos, que debatas hasta quedar exhausta con las barbaridades sexistas que se dicen en la escuela/el club/el consultorio de pediatría/los cumpleaños/el mundo entero son apenas un granito de arena en el zapato del patriarcado si los adultos con los que compartís la crianza no están dispuestos a revisar el modelo.
Fuente: Infobae

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