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Cómo es y dónde está el lago con el agua más pura del mundo

En 2018, las autoridades restringieron la actividad náutica para ayudar a conservar su pureza.

Según los expertos, todo comenzó hace 40.000 años, en Rumania. En aquel entonces, diferentes episodios sísmicos dieron origen a distintos volcanes. Uno de ellos: el Ciomatu Mare, potencialmente activo, pero sin actividad que evidencie de un peligro en el corto o largo plazo.

Precisamente allí, en medio del distrito Harghita de Transilvania, se encuentra un lago llamado Santa Ana, que tiene una particularidad: posee el agua más pura del mundo.

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No hay ninguna fuente subterránea ni antiguo glaciar que alimente la lámina de agua que en su lado más amplio tiene 600 metros, aunque dibuja una forma prácticamente redonda. Tan solo la lluvia y la nieve que se funde a partir de la primavera alimentan este lago que llega a tener 7 metros de profundidad.

Un lago con características únicas

Por si su singularidad de único lago volcánico de Rumania fuera poco, el Santa Ana todavía tiene una cosa que le hace único: toda el agua que le alimenta proviene del cielo, prácticamente sin interferencias minerales.

Y, por supuesto, tampoco hay granjas o industrias en las cercanías que puedan interferir en la pureza del agua, que fue clasificada como la más pura del planeta junto a la del lago Pingualuk, situado en el Ártico.

En concreto, la mineralización del Santa Ana es de 0,0029 mg por litro, casi como el agua destilada. En inverno, el lago se congela por completo y forma una capa de hielo de un metro de grosor.

El aspecto del Santa Ana es siempre magnífico, pero se vuelve majestuoso en otoño, cuando los bosques mixtos que forran la cara interior del cráter alternan amarillos y rojos de las hojas de los árboles caducifolios que están a punto de caer con el verde intenso de los perennes pinos y abetos. El agua del lago toma un color azul cobalto en los días soleados y un gris plomizo en los nublados.

Destino turístico de Rumania

No es difícil llegar hasta el lago Santa Ana, pues se halla a tan solo 24 kilómetros al suroeste de la ciudad balneario de Baile Tusnad. Muchos rumanos aprovechan los fines de semana y las vacaciones para visitar esta zona de la Transilvania oriental, al pie de los Cárpatos.

Hay un sendero que en poco más de una hora recorre todo el contorno del lago, y algunas empresas de guías de aventura de la región -especialmente en primavera-acompañan a senderistas para el avistamiento de osos, animales de los que Rumania cuenta con la mayor población de Europa.

También hay una red de pistas para bicicletas en las cercanías del lago, generalmente para deportistas avanzados, dada las características del terreno. Por el contrario, las actividades náuticas en el Santa Ana fueron restringidas severamente desde 2018, año en el que se comenzó a detectar que influían en la pureza del agua.

Por tanto, está prohibido bañarse desde entonces y hay que consultar con las autoridades del lugar la posibilidad de navegar a bordo de kayaks.

El origen del nombre Santa Ana

El lago Santa Ana, como toda Rumania, cuenta con un rico folklore que habla de leyendas según las cuales el nombre provendría de la doncella que prefirió arrojarse al agua y morir antes que casarse con el hombre que le imponían sus padres. Otra historia explica que dos ricos hermanos competían por ver cuál de los dos tenía la carroza más bonita.

A uno de ellos, para embellecerla, no se le ocurrió otra cosa que enganchar a las jóvenes del puebloy azotarlas para que avanzaran con el carruaje. Sin embargo, una chica llamada Anase rebeló maldiciendo al maltratador, desatando una tormenta y destruyendo todas sus posesiones, que se encontraban en el lugar donde inmediatamente se formó el lago.

Con información de La Vanguardia

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