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Viernes 01 de Noviembre de 2019

Hace 30 años, los celulares se instalaban en el país

Fue el 1ro de noviembre de 1989 cuando María Julia Alsogaray tomó un teléfono móvil y llamó al presidente Carlos Menem a la residencia de Olivos. En el medio se metieron Bernardo Neustadt y Enrique Llamas de Madariaga, que llamaron a Menem desde sus programas radiales, para ver qué pasaba con esto de hablar por teléfono con un maletín.


La anécdota, que recuerda Alejandro Alfie en Clarín , dio inicio a la telefonía celular en la Argentina, unos años después que en el resto del mundo (Japón, en 1979, y Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, en 1981, fueron los primeros países en ofrecer telefonía celular; a Estados Unidos llegó en 1983). Esa llamada inaugural se hizo usando un teléfono conectado a una antena de Movicom, una compañía conformada por la telefónica estadounidense Bell South, Motorola (entonces uno de los gigantes del rubro, que además fabricaba antenas de telecomunicaciones) y algunos socios locales (Socma, BGH), que comenzó instalando algunas antenas en el microcentro porteño y fue expandiendo su cobertura desde allí. El alto costo del servicio, y lo limitado de su cobertura, hizo que tuviera unos pocos miles de usuarios en su primer año en el mercado.


Un año más tarde, y cuando los usuarios de telefonía celular eran apenas unos poco miles, se privatizó Entel. Por ese entonces la marca Movicom era un sinónimo de telefonía celular (se decía "tengo un Movicom" o "llamame al Movicom" antes que al celular). Pero en 1993 comenzó a operar en Buenos Aires Miniphone, una empresa compuesta por Telefónica y Telecom, que fuera del área metropolitana porteña ofrecían desde 1996 servicios como Personal (Telecom) y Unifón (Telefónica), que más tarde cambiaría su nombre a Movistar para unificarlo con el resto de las operaciones españolas. Miniphone desapareció en 1999.


En el resto del país, con base en Córdoba, estaba CTI: la compañía de Teléfonos del Interior que comenzó a dar telefonía móvil en 1994 (en 2003 Clarín y GTE se la vendieron a América Móvil, que más tarde le cambió el nombre a Claro, su marca regional). El otro jugador fue Nextel, que llegó al país en 1998. Para ese entonces había unas 2,5 millones de líneas en uso en el país.


La valija y el ladrillo

Lo de "móvil" para hablar de esa primera llamada de 1989 es generoso: Alsogaray usó un terminal conocido popularmente como "la valija", por las dimensiones enormes que tenía la batería del Motorola TX400 (un modelo que podía funcionar en un auto, enchufado a la batería del mismo, o como una cartera de 4 kilos de peso).


Lo sucedió el "ladrillo", un DynaTAC 8000X de Motorola que pesaba más de medio kilo y podía servir de arma de defensa personal. La película 76 89 03 retrata muy bien esa época, cuando tener un teléfono móvil -en un país en el que mucha gente no tenía ni un teléfono fijo- era un signo máximo de status: había que pagar unos 850 dólares por el aparato y 450 dólares por la línea.


Más tarde llegó el Motorola PT500 (una maravilla de portabilidad para la época, y muy distintivo por el color gris de su carcasa plástica, la tapa del teclado y por tener un diseño muy angular) y los primeros modelos de Nokia y Ericsson, con el desembarco de Telefónica y Telecom, que venían con la impronta europea. Nokia 5160, Ericsson KF788, y fugaces presencias de Audiovox, Kyocera, Siemens o Philips (que tenía un modelo que funcionaba con dos pilas AA).


Pagar por recibir una llamada

Un hecho singular era que para tener un celular se pagaba por la llamada realizada con el equipo... y con la que se recibía, así fuera un número equivocado o una llamada indeseada (y no existía el caller ID: no había manera de saber quién llamaba).


Eso cambió en abril de 1997, cuando se implementó el sistema "el que llama paga" (CPP, calling party pays): ahora sólo se pagaba por las llamadas hechas desde el teléfono móvil, y la gente que llamaba desde un teléfono fijo pagaba un adicional por llamar a un número celular; fue entonces cuando se implementó el prefijo 15 para denominar a las líneas móviles, como una suerte de aviso sobre el costo diferencial. Una novedad que trajo el celular fue que se comenzó a cobrar la llamada cada diez segundos, y no por el pulso tradicional de un minutos, como ilustra esta publicidad de 1997.


El otro gran avance llegó con la tarjeta prepaga, a fin de siglo : se podía cargar crédito y hablar hasta que se acabara, manteniendo así un mayor control sobre el gasto. Fue un éxito: hoy el 89 por ciento de las líneas de telefonía celular en la Argentina son prepagas (por tarjeta o con abono tipo control), según el Ente Nacional de Comunicaciones.


El teléfono era la línea

Otra singularidad de la telefonía móvil en sus albores: el número de teléfono estaba atado al terminal, así que cambiar o perder el aparato implicaba perder la línea, sobre todo de Movicom, que usaba los estándares TDMA y CDMA, a diferencia de Telecom y Telefónica, que adoptaron el estándar europeo GSM (que habilita el uso del chip SIM, lo que separa la línea del aparato) en 2003; en 2008 dieron de baja las líneas CDMA y TDMA. En 2012 llegó la portabilidad numérica, que permite cambiar de compañía reteniendo el número.


A mediados de 1999 había unos 3 millones de líneas de celulares en el país; en 2009 había 54 millones de líneas dadas de alta (se indica así porque no todas pueden estar en uso) según el Ente Nacional de Comunicaciones. Hoy ronda los 57 millones, aunque la Argentina llegó a tener 63 millones de líneas móviles; el número se contrajo en parte por la purga que se hizo de números en desuso en los últimos años, aunque aún así mantiene a la Argentina como uno de los países con más líneas por habitantes de la región.


SMS y ringtone polifónico

Junto con los teléfonos móviles, y la idea de estar siempre disponibles (para hablar: los primeros celulares, por muchos años, sólo permitían hacer llamadas; el mensaje de texto llegaría bastante después), incorporamos otras nociones a la vida cotidiana: hacer la "parabólica humana" para tener mejor conexión ( sobre todo en el microcrocentro porteño), llamar desde la calle en vez de tocar timbre en un edificio y, cuando el medio de comunicación más popular fue el SMS (limitado a 160 caracteres), porque era más barato que una llamada, había que tipearlo en un teclado numérico, usar abreviaturas de palabras ( con la consiguiente preocupación por el futuro de la gramática y la ortografía) y apelar al predictivo para pergeñar, con 12 teclas, un texto con letras, números y caracteres. Y sin emojis, claro: para eso faltaba bastante.


De hecho, la identificación de llamada entrante o el buzón de voz eran tenían, hace no tanto tiempo, un costo adicional, lo mismo que la compra de ringtones para personalizar el sonido del teléfono (los polifónicos eran más caros que los monofónicos; mucho más tarde llegaron los MP3). Porque claro: cuando el teléfono sólo recibía llamadas y un ocasional SMS, tenía que hacer ruido para llamar la atención de su dueño.

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