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Fue a la playa a celebrar su aniversario y se le incrustó una sombrilla

La temperatura marcaba 32 grados e Ignacio Mascarenhas, músico y docente de 31 años, disfrutaba de una tarde de ensueño en la playa con su novia, Mailén, con quien se encontraba practicando surf y celebrando su primer aniversario. Sin embargo, el cielo comenzó a tornarse negro, lo que no solo presagió una feroz tormenta, sino también una tarde de terror.

El viento y la lluvia que azotó a Mar del Plata en la previa de la Nochebuena motivó a la pareja a abandonar la playa de la escollera sur en la que estaban y, cuando se predisponían a dejar el lugar, una ráfaga le voló a Mascarenhas una gorra que llevaba puesta.

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El docente, miembro del Espacio Colectivo de Experiencias Musicales (ECEM), regresó a buscarla y, en este contexto, sintió repentinamente un intenso dolor en la pierna izquierda. Al mirarse, no pudo creer lo que estaba viendo: una sombrilla le había, literalmente, traspasado el isquiotibial.

“Entró y salió por el mismo músculo. Fue como una lanza. La pierna me quedó clavada hasta la mitad del palo y el dolor era insoportable”, recodó Mascarenhas en diálogo con LA CAPITAL y agregó: “En un primer momento vino un surfer y me dio una mano, la sombrilla se estaba volando, era desesperante. Me ayudó a sacar la parte de arriba y me quedé con el fierro en la gamba”, recordó.

“Al toque vinieron los guardavidas – continuó-, me ayudó gendarmería, llegó la ambulancia y no me podían subir”. “Tuvieron que esperar que alguien traiga una sierra para poder cortar los extremos del fierro porque no me podían subir así”, dijo.

Toda esta situación que resume el joven docente habrá transcurrido bajo la tormenta en un lapso de interminables 30 minutos, en los que el dolor era intolerable y se agudizó aún más cuando cortaron el fierro para poder trasladarlo en ambulancia hacia el Hospital Interzonal General de Agudos (HIGA).

“Llego gente de rescate con una de esas motosierras que cortan los árboles, no era una amoladora. Me avisaron ‘flaco esto va a vibrar y te va a doler hasta el alma’ y así fue. El dolor que sentí no se puede describir, me ponían morfina y no me hacía nada. Tenía mucho frío y taquicardia”, relató.

No obstante, Mascarenhas aseguró que en ese contexto su mayor preocupación pasaba por Mailén. “Yo estaba mal por mi novia, no se lo deseó a nadie pasar por eso. Yo sabía que lo que me había pasado no era tan malo porque no sangraba”, rememoró y destacó la actitud de su “compañera”. “Fue una guerrera, estuvo muy enfocada, llamó a quien tenía que llamar. Estuvo cerca todo el tiempo”, valoró.

El músico fue traslado al HIGA, donde los médicos dispusieron una intervención quirúrgica urgente, la cual se realizó con éxito, ya que esa misma noche le dieron el alta y pudo recibir a la Navidad junto a su familia.

“Me durmieron, me operaron y me sacaron el fierro. Cuando me lo sacaron me dijeron que no había tocado ningún tendón, nervio, vena, arteria, ni siquiera ningún vaso sanguíneo. Cuando sacaron el fierro no me había sangrado. Estábamos hablando con la familia y decíamos que fue el mejor lugar donde se podría haber incrustado”, manifestó Mascarenhas.

En este marco, aseguró que no sabe cuánto tiempo demandará su recuperación. “No puedo caminar y ya mañana voy a tener muletas. Lo más peligroso ahora, donde hay que poner mucha atención es en la cicatrización, no se puede infectar porque si se infecta ya es un quilombo”, destacó.

No obstante, aseguró sentirse “feliz de poder estar en estas condiciones y que no sean peores”. “Si ese fierro entraba cinco centímetros más arriba, yo no la cuento. Me agarra la arteria femoral y en 30 segundos estaba del otro lado”, reflexionó.

Enseñanza

A pesar de lo reciente del episodio, Mascarenhas considera que la situación que le tocó vivir ya le dejó algunas enseñanzas.

“Yo a la sombrilla la vi a 30 ó 40 metros. La vi allá lejos, en ningún momento pensé que iba a llegar a donde estaba yo, era mucha distancia. Hoy con el diario del lunes creo que el gran aprendizaje que yo tengo es que, cuando se te pasa por adelante una situación que puede poner en peligro tu vida, todo lo demás es secundario”, manifestó.

“Yo fui atrás de una gorra – indicó – y no puse la vista fija en la sombrilla que venía haciendo trompos por la arena y que en ningún momento creí que iba a llegar hasta mí”.

El hombre aún no sabe de quien era la sombrilla que le produjo esa impresionante herida y llamó a la conciencia ciudadana de quienes asisten con estos elementos a la playa, recomendando que las aten a las reposeras y que las cierren en caso de que se desaten intensos vientos.

“Una de las primeras reflexiones que tuve durante todo ese vértigo fue que me pasó a mí, pero atrás mío había unas nenas. Me quedé con la sensación de que me tocó a mí, pero le podría haber tocado a ellas”, remarcó.

Por último, el docente descartó por el momento iniciar algún tipo de acción legal por lo que le ocurrió. “Creo que lo mejor que puedo hacer ahora es hacer que la gente tome conciencia y tome precauciones con las sombrillas”, dijo.

Sin embargo, aseguró que se tomaría de buena forma si aparece el propietario de la sombrilla que lo atravesó y le pide disculpas. “Fue una tragedia y en una tragedia no hay tanta responsabilidad, las tragedias pasan”, reflexionó, pero llamó a tomar todas las medidas para evitarlas.

Por último, le agradeció a su familia, amigos, a los guardavidas, las enfermeras de la ambulancia y a los médicos del HIGA por la atención recibida.

Pienso que soy muy afortunado. Estoy muy feliz por la gente que me rodea y por el cariño que me transmiten. Ahora a disfrutar”, afirmó el docente, mientras descansaba y se recuperaba en su casa junto a Mailén.

“Cumplimos un año así. Esa es la anécdota que nos queda de nuestro primer aniversario”, concluyó Mascarenhas entre risas. Sabe que estuvo cerca de la muerte, pero ahora celebra la vida.