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Lunes 19 de Febrero de 2018

Estos casos de entierros en vida aumentan mitos y temores

El avance científico hace casi imposible que hoy una persona sea enterrada viva, pero la historia muestra muchos casos espeluznantes.

El avance científico hace prácticamente imposible que hoy una persona pueda ser enterrada viva por error, sin embargo, a lo largo del tiempo, la ciencia pudo constatar, a través de la exhumación de cadáveres, que ciertamente muchos seres humanos fueron sepultados vivos, después de que los médicos acreditaran su respectiva muerte. Estos son algunos de los casos más dramáticos y sorprendentes:


• El carnicero que murió por una mujer

En 1661, en Londres, un carnicero del barrio de Newgate Market llamado Lawrence Cawthorn "murió" luego de estar un tiempo enfermo. La propietaria de la casa en la que el supuesto occiso vivía estaba ansiosa por sepultarlo, ya que la ley le permitía heredar todas sus posesiones, por lo que lo enterró rápidamente, sin la consulta a un médico. Cuando los amigos del carnicero visitaron la tumba comenzaron a oír desesperados gritos que provenían desde el interior del ataúd. Cuando lograron abrir el féretro, Cawthorn ya estaba muerto. Sus ojos estaban completamente hinchados y su cabeza estaba bañada en sangre producto de los cabezazos que el hombre se había dado para tratar de salir del féretro.


• La mujer que murió por la mosca tsé-tsé

En 1891 un extraño virus azotó al poblado de Pikeville, en Kentucky, Estados Unidos, producido por la picadura de una mosca, ahora conocida como la mosca tsé-tsé, que trajo una enfermedad del sueño: las personas caían en una especie de estado de coma, aunque después de un tiempo volvían a despertar. Una de las habitantes de aquel lugar, Octavia Smith Hatcher, fue una de las primeras afectadas por la enfermedad. Fue declarada muerta el 2 de mayo de aquel año, y debido a que era una primavera extremadamente caliente, fue enterrada rápidamente en el cementerio local. Días después del fallecimiento muchas personas comenzaron a enfermarse de la misma manera que la mujer, por lo que su viudo sospechó que quizás se la había enterrado prematuramente, por lo que decidió desenterrar el cadáver. Cuando se abrió el féretro se comprobó que las uñas de la mujer estaban totalmente quebradas y bañadas en sangre, y el ataúd por dentro estaba totalmente arañado. La evidencia era obvia: la mujer, que todavía tenía una expresión de terror estampado en el rostro, había estado con vida al momento de ser enterrada. Su viudo, James Hatcher, antes de morir, pidió ser enterrado en un ataúd especial, que se abría por dentro, para no correr la misma suerte que su infortunada esposa.


• Rufina Cambaceres, una víctima patricia

En 1903 Rufina Cambaceres, una bella joven de la aristocracia argentina que el 31 de mayo de ese año se preparaba para festejar su cumpleaños número 19, fue encontrada por una sirvienta sin vida en su habitación. Los médicos dijeron que "se le había detenido el corazón", por lo que decretaron oficialmente su muerte. Su desconsolada familia decidió no velarla y la sepultó en el mausoleo de la familia. Un día más tarde uno de los cuidadores oyó persistentes ruidos desde el interior, por lo que entró al lugar y encontró el féretro de Rufina levemente corrido de su estante, por lo que dio de inmediato aviso a su familia. Cuando se ordenó abrir de nuevo el ataúd, el cuerpo de la joven se encontraba de espaldas y con varios rasguños en su rostro, producto al parecer de la desesperación de encontrarse sepultada viva. Según informó la prensa, aquel fue uno de los primeros casos conocido de catalepsia en Argentina, y desde ese día a los muertos se los comenzó a velar por un período mínimo de 24 horas.


• Una bailarina dominicana

En la República Dominicana, la popular bailarina Niurka Berenice Guzmán Reyes, de 23 años, fue sorpresivamente hallada muerta, presumiblemente debido a un infarto. Días más tarde, una amiga y compañera de su grupo de baile les dijo a la familia de la occisa que presentía que Niurka estaba viva. La madre le creyó y exigió la exhumación. Ante centenares de testigos el ataúd fue sacado del nicho y se confirmó que la joven estaba muerta, aunque presentaba evidentes signos de asfixia.


• El motociclista que volvió de la muerte

En 1937, en Francia, un joven de 19 años oriundo de la localidad de St Quentin de Chalais, identificado como Angelo Hays, falleció tras sufrir un grave accidente en su moto. Había chocado contra una pared de concreto, lo que le desfiguró parcialmente el rostro. Su familia no fue autorizada a ver el cuerpo, y las autoridades lo declararon oficialmente muerto. Tres días después fue enterrado. No obstante, una compañía de seguros gestionó una exhumación del cadáver al enterarse de que el padre de Angelo había cobrado el seguro de vida de su hijo por unos 200 mil francos de la época. Cuando se abrió el féretro se comprobó, para sorpresa de todos, que el cuerpo del joven todavía estaba caliente: Hays no estaba muerto, sino que estaba en coma causado por su lesión en la cabeza. Los médicos aseguraron que, pese a ser enterrado vivo, debido a la misma herida en la cabeza que lo había dejado en estado de coma, su cuerpo ya no necesitaba la cantidad normal de oxígeno necesaria para la supervivencia, lo que le permitió sobrevivir bajo tierra. Después de este insólito suceso y de que despertara del estado de coma, Hays se convirtió en una celebridad nacional en Francia, y mucha gente viajaba cientos de kilómetros para verlo y hablar con él.


• Un secuestro con un trágico final en Illinois

En 1987, un millonario de 39 años de Illinois, Estados Unidos, llamado Stephen Small fue secuestrado y enterrado vivo en un lugar cercano al poblado de Kankakee. Sus captores, Danny Edwards, de 30 años, y su pareja, Nancy Rish, de 26, lo pusieron en una caja de madera contrachapada que contenía una luz conectada a una batería de automóvil, una jarra de un galón de agua, barras de caramelo, una linterna y un tubo conectado a la superficie por donde supuestamente debía entrar aire. Exigían, a cambio de rescate, el pago de un millón de dólares. Pero todo salió mal. La arena comenzó a bloquear el acceso de oxígeno, y Small murió asfixiado antes de que los secuestradores pudiesen cobrar el rescate. La policía logró dar con el cadáver gracias a que el lujoso automóvil Mercedes Benz del fallecido se encontraba cerca. Los dos responsables fueron capturados y sentenciados a prisión perpetua.


• Un "resucitado" en Johannesburgo

En 1993, un joven sudafricano de 24 años llamado Sipho William Mdletshese falleció presuntamente en un grave accidente de tránsito. Iba junto a su novia, quien sobrevivió. El cuerpo del occiso fue llevado al mortuorio de Joha-nnesburgo y puesto en una caja de metal para luego ser enterrado. Pero el joven no estaba muerto, sólo había quedado inconsciente producto del choque. Despertó dos días después dentro del ataúd, por lo que comenzó a gritar desesperadamente en busca de ayuda. Para su fortuna, algunos trabajadores de la morgue lo escucharon y lo sacaron con vida. Cuando el joven se presentó en la casa de su novia, esta sufrió un ataque de pánico.


• El ruso que murió por desafiar a la lógica

En 2011, un ruso de 35 años amante de las emociones extremas de la localidad de Blagoveshchensk decidió vivir en carne propia la experiencia de ser enterrado vivo. Con la ayuda de un amigo cavó un pozo en el patio de su casa y se encerró junto a una botella de agua y un teléfono celular en un ataúd bastante artesanal, dotado de unos tubos para que entrara oxígeno desde la superficie. A los pocos minutos de consumado el entierro, el sujeto llamó al hombre bajo tierra, y comprobó que éste estaba en buen estado. Sin embargo, al día siguiente, cuando volvió a desenterrarlo se llevó una tétrica sorpresa: su amigo estaba muerto. La noche anterior, la torrencial lluvia que había caído había tapado los precarios tubos que permitían el ingreso de aire al féretro. Casualmente, el verano anterior un habitante de la localidad de Vologda también había muerto asfixiado tras ser enterrado voluntariamente para "deshacerse del miedo a la muerte".


• Salvada por el olfato de los burros

En noviembre de 2009, una mujer entró en coma en un hospital de Túnez y a los pocos minutos fue declarada muerta. Sus familiares la enterraron con los ritos de la tradición musulmana, pero a los pocos minutos del entierro dos burros que había en el lugar se acercaron a la tumba y comenzaron a oliscar la tierra y estampar sus pezuñas en el suelo. Uno de los deudos intentó vanamente espantar a los animales, pero al llegar al lugar le pareció escuchar unos ahogados gritos que parecían venir desde la tierra. Intuyendo que podía tratarse de la fallecida, llamó de inmediato a los sepultureros del cementerio, quienes lograron desenterrar el ataúd. Cuando abrieron el féretro la mujer todavía estaba viva. Vivir para contarla.

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