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Las diez claves esenciales para disfrutar de una vida larga y feliz

El trayecto ineludible hacia la vejez inspira el deseo de hallar los secretos para extender la vida de manera saludable y plena. Infobae compiló los estudios más precisos que indagan sobre la longevidad

Jeanne Calment fue la mujer más longeva del mundo. Vivió hasta los 122 años. No hubo fórmulas mágicas ni cuidados explícitos para que viviera más de un siglo. De hecho, era conocida por vivir el día a día. Lejos de ser promotora de hábitos saludables, fumó desde los 21 años y continúo hasta los 117, es decir, fue adicta al cigarrillo durante casi un siglo.

En el caso de Chitetsu Watanabe, de Japón, quien fue confirmado oficialmente como el hombre vivo más longevo del mundo con 112 años y 344 días hasta el 7 de febrero de 2020, la clave para envejecer saludablemente fue disfrutar de pequeñas cosas. En el caso de Chitetsu, fue el cultivo de bonsái hasta el día en el que fue enviado al hogar de ancianos. En cuanto a sus hábitos alimenticios, debido a que por muchos años trabajó en compañías de azúcar, le encantan las comidas dulces. El azúcar negra es su favorita, pero desde que perdió sus dientes disfruta de aquellos dulces que no requieren ser masticados, sino más bien pastelería, tal como el flan o la crema adentro de un chou à la crème. Su gran secreto es el de “no ponerse furioso y siempre tener una sonrisa en el rostro”.

Ambos casos, separados por continentes y con diferentes formas de afrontar la vida, invitan a repensar por qué algunas personas pueden llegar a edades muy avanzadas sin esfuerzo aparente y otras no.

A medida que aumenta la edad de una persona aparecen los síntomas inexorables de la vejez. La calidad de vida se ve deteriorada por el inevitable envejecimiento y sus consecuencias se hacen cada vez más frecuentes. Enfermedades, reducción de la movilidad, dolores articulares. Esa condición de trayecto ineludible es lo que alimenta lo intriga e inspira el deseo de la población para abocarse a profundos análisis e investigaciones en pos de hallar la clave para extender el promedio de existencia saludable.

Sin embargo, existen ciertos hábitos básicos que ponen el foco en la calidad de vida y retrasar algo que es inevitable sino el de apostar por una vida de calidad. Aquí, los más populares comprobados por la ciencia:

-No dejarse dominar por el prejuicio de la edad

Ni muy joven ni muy grande, una persona puede lograr sus objetivos e incluso mucho más. En el mundo existen distintos ejemplos como el de Mark Zuckerberg, que fundó Facebook a los 20 años o Picasso, que siguió pintando y experimentando hasta más allá de los noventa años, mientras que el papa Francisco está renovando la Iglesia después de haber sido elegido como Sumo Pontífice a los setenta y seis años. Lo único cierto es que la cantidad de logros de cada persona no se mide de acuerdo a la vara de la edad y que en muchos casos la edad no corresponde con la apariencia física.

Sin embargo, hay muchos estudios que comprueban que la edad cronólogica no es la misma que la biológica. De hecho, el Centro de Prevención y Enfermedades de Estados Unidos creó la forma para calcular la edad del corazón para demostrar que se puede prevenir el envejecimiento cardíaco prematuro. Otra investigación de la Universidad Duke de Carolina del Norte ideó un sistema para calcular la edad biológica a partir de datos de todo el organismo para obtener un resultado concreto de cuál es la edad biológica de la persona y llegó a la conclusión que no se puede modificar la edad cronólogica pero sí la biológica.

-No esperar a la tercera edad para empezar a cuidarse

Fue el estadounidense Nathan Shock el primero en estudiar científicamente el envejecimiento. Pionero reconocido como uno de los padres de la gerontología, investigó en 1958 el envejecimiento en un estudio longitudinal para entender cómo evolucionan las personas a lo largo del tiempo, en el llamado Estudio Longitudinal del Envejecimiento de Baltimore.

Shock demostró que el envejecimiento y la enfermedad son procesos diferentes. Aunque es cierto que el riesgo de enfermar aumenta con la edad, hay personas que envejecen sin enfermar. Por ende, el envejecimiento saludable no es una utopía sino un objetivo al que se puede aspirar.

La edad aumenta las posibilidades de padecer enfermedades que afectan el funcionamiento cerebral. Entre ellas se encuentran las demencias, que según la OMS afectan a 50 millones de personas en el mundo. De esos casos, entre el 60% y 70% corresponden a la más conocida de las demencias, la enfermedad de Alzheimer, que afecta en el país a más de 500 mil personas.

-Evitar agresiones que aceleren el envejecimiento

El sedentarismo, el tabaquismo, la obesidad y el estrés son todas agresiones que dañan las células de un modo que acelera el deterioro de los tejidos del cuerpo humano. También el sentirse aislado socialmente, vivir con altos niveles de ansiedad o dormir poco. Se demostró que todos estos comportamientos aumentan el riesgo de un deterioro cognitivo.

El doctor Valentín Fuster y Josep Corbella en su libro La ciencia de la larga vida, al reflexionar sobre diversos estudios, llegan a la conclusión de que “para prevenir el envejecimiento prematuro tenemos que combatir el estrés crónico. El estrés, si se paran a pensarlo, consiste en una pérdida de control sobre uno mismo. De lo que se trata, para combatirlo, es de no dejarse dominar por el entorno, de recuperar el control”.

El estrés a corto plazo es indudablemente duro para la mente y el cuerpo, pero el estrés crónico puede provocar daños más graves y duraderos. Cuando los niveles de adrenalina y cortisol se elevan continuamente, se produce daño fisiológico. Como resultado, muchos de los que sufren de estrés crónico tienen mayores tasas de enfermedades cardíacas, diabetes, problemas crónicos del sueño y otros problemas de salud.

-Recordar que el envejecimiento se puede frenar con un estilo de vida activo

Un estudio llevado a cabo por la Harvard TH Chan School of Public Health y publicado en el British Medical Journal, concluyó que seguir ciertos hábitos a lo largo de los años favorece a la longevidad, es decir, aumenta la esperanza de vida. Entre los hábitos cotidianos se encuentran: llevar una dieta saludable, hacer ejercicio regularmente, mantener un peso corporal saludable, no beber demasiado alcohol y no fumar.

-Tener una dieta adecuada en cantidad y equilibrada en calidad

Tanto los excesos como las carencias en la alimentación son perjudiciales. Múltiples estudios demuestran que mientras la dieta sea variada, que sea rica en vegetales así como evitar abusar de carnes rojas y alimentos procesados. Dentro de las dietas clásicas la más conocida y popular entre los milenarios es la mediterránea.

La dieta mediterránea es rica en vegetales, frutas, nueces, cereales y aceite de oliva, con proteína animal como pescado o pollo y pocos lácteos, carne roja y alimentos procesados.

-Para mantener el cerebro en forma hay que mantenerse físicamente en forma

La actividad física suele ser la mejor puerta de entrada para cuidar la salud. “Un estilo de vida más saludable se asocia con un menor riesgo de contraer cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes, así como de mortalidad, con una mayor esperanza de vida total y el número de años vividos libres de estas enfermedades”, puntualiza el documento científico que indagó sobre el tema. Según los investigadores de Harvard, “estos hallazgos sugieren que la promoción de un estilo de vida saludable ayudaría a reducir las cargas sanitarias al reducir el riesgo de desarrollar múltiples enfermedades crónicas, como cáncer, enfermedades cardiovasculares y diabetes, y extender la esperanza de vida libre de enfermedades”.

Además de que realizar actividad física tiene un efecto antiaging, también tiene un efecto psicológico que afecta de manera indirecta a la longevidad y a la calidad de vida, y que es igualmente importante.

-Hacer trabajar el cerebro

La mayoría de las personas, a medida que se vuelven cada vez más conscientes de su propio envejecimiento, se preocupan por mantenerse en buena forma física o saben que deberían hacerlo. Controlar la alimentación y hacer ejercicio son las maneras más obvias de lograrlo. Sin embargo, muy pocos se concentran en su envejecimiento cerebral o en la necesidad de mejorar su aptitud mental.

Ejercitar la mente es el mejor camino para aumentar la longevidad, la independencia y la calidad de vida en la adultez. Un cerebro y una mente más afilados dependen de muchos factores, que actúan en la capacidad intelectual y su envejecimiento, donde intervienen la actividad física y la nutrición, pero también el sueño, la vida social y las actividades creativas.

-No renunciar a la sexualidad

Según una investigación publicada en la revista médica Frontiers in Immunology, las relaciones sexuales regulares mejoran el sistema inmunológico y preparan al cuerpo para combatir las enfermedades mediante la liberación de endorfinas.

Por otro lado, de la mano de no renunciar a la sexualidad se encuentra el no renunciar a una vida social activa “los seres humanos somos animales sociales, tenemos necesidad de comunicarnos. Cuando se analizan los efectos de una vida social activa en el bienestar emocional, como lo han hecho investigadores de la Universidad de Washington, Missouri, en personas mayores de sesenta años, los beneficios son claros. Concretamente, han estudiado si las personas que contribuyen a la comunidad con algún tipo de trabajo voluntario se sienten mejor que las que no lo hacen. De modo que si quieren mantener una buena salud emocional, y no solo vivir cuantos más años mejor, sino además disfrutarlos, no se aíslen”.

-Encontrar una motivación

Barbaglia, Okinawa, Icaria, Nicoya y Loma Linda se caracterizan por un factor en común: son lugares en el mundo donde las personas son más longevas, superando los 100 años de edad. Además del número de años de los habitantes, hay un dato algo predecible: todos los longevos tenían un estilo de vida en común en donde priman el bienestar y la felicidad.

De acuerdo a un estudio realizado por la Universidad de Harvard en el que se analizó a 5.000 personas, los adultos están el 50% de su tiempo en el momento presente. En otras palabras, el hombre moderno está constantemente pensando la mitad de su día preocupándose por el pasado o el futuro. De este modo, llegaron a la conclusión de que las mentes curiosas son las más infelices. Están en constante movimiento entre el pasado, el presente y el futuro, y no se pueden concentrar en los pequeños momentos del día a día que hacen que sus vidas tengan sentido.

-Confiar en el futuro

Las conocidas zonas azules tienen algo en común: la esperanza en el futuro y hasta la actividad religiosa son factores que se repiten en estas comunidades.

El doctor Valentín Fuster y Josep Corbella aseguran en La ciencia de la larga vida que retrasar el envejecimiento, alargar la vida y mantener una buena calidad de vida, conservando las facultades físicas y mentales, es posible siguiendo una manera práctica, sencilla y divulgativa como actuar para mantenerse activos física, intelectual y emocionalmente.