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Día 35 en casa: ¿qué pasa con la vitamina D si no te da el sol?

La situación actual de confinamiento por el coronavirus supone para muchos el casi no ver la luz del sol. Personas que no cuentan con un jardín o un patio en casa, que salen a la calle única y exclusivamente para hacer las compras esenciales o que no pueden presumir de tener una terraza en la que al menos les dé el sol en la cara, pueden preguntarse si esta falta de sol les puede pasar factura. Más que nada porque al no recibir ni un rayo del astro rey, difícilmente su cuerpo podrá generar vitamina D, una de las grandes implicadas en la salud ósea. Pues bien ¿hay que preocuparse por esto en este preciso instante? ¿Se puede obtener vitamina D por otra vía alternativa al sol? ¿Necesitamos suplementarnos? Vayamos paso por paso.

“La vitamina D ha generado un interés creciente en los últimos años, no solo por su principal función relacionada con el mantenimiento del metabolismo del calcio, sino por sus efectos extraesqueléticos. Aunque históricamente se ha considerado una vitamina, realmente se trata de una hormona esteroidea que constituye un verdadero eje hormonal con acciones sistémicas y locales en diferentes órganos. Las principales formas bioquímicas son vitamina D3 (colecalciferol) y vitamina D2 (ergocalciferol)”, nos cuenta la doctora Elena Cuesta Narváez, reumatóloga en el Hospital Vithas Virgen del Mar de Almería y miembro de Top Doctors. Es esencial para el desarrollo normal del esqueleto tanto cuando el bebé se encuentra en el útero de la madre como durante la infancia y la adolescencia. También es importante para mantener la salud ósea en los adultos.

El déficit de vitamina D tiene, por tanto, efectos sobre la salud ósea como osteoporosis, osteomalacia y mayor riesgo de fracturas. Sin embargo, Narváez también apunta a que su carencia se ha asociado a enfermedades como el asma, cáncer (de mama, próstata, colon y recto), enfermedad cardiovascular, diabetes, enfermedades inflamatorias y autoinmunes (diabetes tipo 1, esclerosis múltiple, enfermedad de Crohn, artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico), infecciones (fundamentalmente respiratorias) y enfermedades hepáticas.

¿Y de qué manera obtenemos la vitamina D? Es en este momento cuando entra en escena el sol, ese que a muchos apenas ni nos roza estos días. Tal y como explica Anna Bach, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC (Universitat Oberta Catalunya), esta vitamina actúa en el metabolismo permitiendo la absorción de calcio “y, para obtenerla de manera natural, se necesita la luz solar, ya que, cuando esta entra en contacto con la piel, genera esta vitamina mediante una serie de procesos metabólicos”.

“Se estima que la exposición breve al sol (10-15 minutos al día) en brazos y cara equivale a la ingesta de 200UI de vitamina D. Sin embargo, esto depende de otras variables como el tipo de piel, latitud, estación del año, la hora del día y el uso de protectores solares. En menor medida puede obtenerse de alimentos, tanto de origen animal como vegetal”, apunta Narváez.

Entre los alimentos que aportan vitamina D, Alicia Aguilar, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC recomienda los siguientes: “los pescados azules (pueden ser en lata o en conserva) como las sardinillas, los boquerones, las anchoas, el atún… También están los lácteos (algunos, además, vienen enriquecidos con vitamina D) o los huevos. Todos ellos, además de su fácil conservación y de que suelen ser del agrado de toda la familia, pueden consumirse solos o como parte de diversas recetas, combinados con otros alimentos, de modo que se contribuye a llevar una dieta más variada”, señala.

Otra idea que nos ronda es directamente tomarnos un suplemento de vitamina D. ¿Sería recomendable? “En el momento actual de confinamiento y sin disponer de valores previos de vitamina D, no debe extenderse la suplementación a toda la población ya que se trata de un período corto y limitado en el tiempo, excepto situaciones o patologías intercurrentes que así lo requieran (por ejemplo, un anciano que presente una fractura de cadera). Por lo tanto, no debe suponer una preocupación ya que volveremos a nuestra vida habitual en breve y además en una estación en la que será posible exponerse al sol”, afirma la reumatóloga.

Tal y como nos cuenta la doctora, en la actualidad existe cierta controversia sobre cuáles son los valores óptimos de Vitamina D, aunque en general, el consenso está en que estos deben ser mayores de 30 ng/ml. Por debajo de esta cifra sí estaría justificada la suplementación y es el médico el que debe hacerla.

Al hilo de los suplementos de vitamina D, estos días han circulado publicaciones recomendando tomarlos para combatir el coronavirus. La AESAN (Agencia Española Seguridad alimentaria y Nutrición) es clara al respecto y en su página web puede leerse lo siguiente: “La AESAN recuerda a los consumidores que los complementos alimenticios son alimentos cuyo fin es complementar la dieta normal. Estos productos no pueden atribuir propiedades de prevenir, tratar o curar una enfermedad humana, ni referirse en absoluto a dichas propiedades. No existen complementos alimenticios que prevengan, traten o curen la infección por coronavirus y, por lo tanto, no puede haber ningún producto en el mercado con tales declaraciones”.

Sin embargo, en el estudio Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory tract infections: systematic review and meta-analysis of individual participant data (Suplementación de vitamina D para prevenir las infecciones agudas de las vías respiratorias: examen sistemático y metaanálisis de los datos de los participantes individuales), publicado el 15 de febrero de 2017 en The BMJ, revista médica que publica semanalmente la Asociación Médica Británica, se llegó a la conclusión de que la suplementación con vitamina D protegía contra la infección aguda de las vías respiratorias en general. Eso sí, los que más se beneficiaban de esto eran los pacientes que presentaban una gran deficiencia de vitamina D y aquellos que no recibían dosis en bolo. Estas dosis son las que se administran rápidamente, durante un período muy corto de tiempo.

“Hasta que ese momento de desconfinamiento llegue, podemos tomar el sol en nuestras casas (balcones, ventanas) durante 15 minutos al día, exponiendo brazos y piernas sin utilizar protector solar. Aquellas personas que deban salir a la calle para comprar, trabajar o pasear al perro pueden aprovechar ese pequeño paseo para tomar el sol”, dice la doctora Narváez.

Fuente: muyinteresante