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La compleja relación entre la comida y el estado de ánimo

La comida rápida puede favorecer estados de angustia, mientras que alimentos ricos en antioxidantes promueven una buena salud mental.

La famosa frase “panza llena, corazón contento” puede ser más exacta de lo que se cree y es que la dieta puede nutrir también la actitud con la que se encara el día a día.

Ya en tiempos medievales, la gente creía que lo que comía influía en el estado de ánimo. Si los protagonistas de aquel tiempo querían estimulación erótica, se servían huevos, granadas y carne de vaca o de pavo real.

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Si estaban deprimidos, se abastecían de membrillo, dátiles y flores de saúco. En ausencia de clonazepan, usaron lechuga y achicoria como tranquilizantes. Entonces, ¿cuándo se perdió la idea de que la comida puede afectar a uno de nuestros órganos más grandes: el cerebro?

La autora de un estudio publicado en la revista Nutritional Neuroscience afirma que el estado de ánimo depende de lo que se come y lo que se debe comer cambia con la edad. Por ejemplo, la autora Lina Begdache y sus colegas de la Universidad de Binghamton (Nueva York) determinaron que los jóvenes menores de 30 años que consumen comida rápida más de tres veces a la semana tendrían mayores niveles de angustia.

¿El motivo? Porque son alimentos ricos en ácidos grasos saturados, grasas trans y omega 6 que pueden provocar una respuesta inflamatoria de bajo grado en el cuerpo, que, a su vez, está relacionada con la ansiedad y la depresión.

Respecto a las poblaciones vegetarianas y veganas, los resultados muestran que tienen mayor riesgo de depresión a largo plazo, sobre todo los hombres, por la falta de vitamina B12 (presente en alimentos de origen animal) y por bajo consumo de hierro, que está en las carnes rojas.

Los estudios concluyen que una dieta mediterránea es tan buena para el cerebro como para el cuerpo. “Tiene todos los componentes que son importantes para una estructura neurológica saludable”, dice Begdache. Ellos son: ácidos grasos poliinsaturados, minerales como el zinc de granos enteros, carne y leche, magnesio de verduras de hoja verde y vitaminas B, C y E de frutas, verduras y productos lácteos.

Para los adultos mayores de 30 años, el estudio encontró que comer menos carbohidratos y más frutas reduce la ansiedad y la depresión. Una de las razones es que las frutas son ricas en antioxidantes que protegen el cerebro.

“Con el envejecimiento hay un aumento en la formación de radicales libres (oxidantes), por lo que nuestra necesidad de este químico aumenta”, advierte Lina Begdache luego de su investigación. Los radicales libres causan trastornos en el cerebro, lo que aumenta el riesgo de deterioro mental. “Además, nuestra capacidad para regular el estrés disminuye”, asegura Begdache al destacar los antioxidantes.

(TN)