San Juan 8 > A un click > enganches

¿Cómo salir de los enganches tóxicos?

Por más esfuerzos que hagamos en sostener nuestra estabilidad emocional en varios momentos, volvemos a caer en la trampa. Nos llega un mail incómodo, recibimos un llamado difícil, escuchamos una noticia que nos perjudica y todo el buen ánimo y el entusiasmo con el que nos habíamos propuesto vivir se transforma en una intensa tormenta emocional que nos nubla la visión y nos dificulta pensar con claridad.

Te puede interesar...

Nos enganchamos. Quedamos atrapados en esa red de malestar que nos provoca una catarata de sensaciones desagradables y así nuestra charla interna se precipita. Empezamos a elucubrar respuestas y estrategias para responder a los mensajes que arruinaron nuestro día, para descargar la ira, la angustia y la ansiedad. Otras veces, el shock nos tumba el ánimo y nos deja de cama procesando la información que recibimos. Abatidos, los pensamientos que emergen de esos estados son tan dañinos como los que provienen de la bronca.

“Ahora me va a escuchar”, “Se lo voy a decir”, “No hay derecho”, “Esto se soluciona así de fácil, vas a ver”, “¿Por qué me hace esto a mí”, “¿Por qué me trata así?”, “No puedo más con la vida”. Ira, tristeza, sentimientos de impotencia, de injusticia o cualquier otro estado aflictivo más los pensamientos y las reacciones que emergen en consecuencia dan cuenta que hemos caído en la trampa. A veces es una nueva e inesperada información, otras, es la misma de siempre, proveniente de las mismas personas. Nos hemos jurado una y mil veces no volver a caer y sin embargo, ahí estamos nuevamente.

Volver a morder el anzuelo

Algo nos toma. Creíamos que ya no nos afectaba, que habíamos aprendido y que lo habíamos superado, pero nos vuelve a hacer caer en su red. Mordemos en anzuelo.

Es en ese momento en el que nos invade la urgencia de responder, de reaccionar, de sacar conclusiones y de diseñar una estrategia rápida para salirnos de ahí, cuando lo único que debemos hacer es frenar. Necesitamos detenernos, ser conscientes de cómo fuimos impactados, observar los procesos que se desencadenan en nosotros y aquietarnos. Debemos suspender el impulso de reaccionar en el mundo exterior e intentar suspendernos internamente, que es lo más difícil.

En el budismo tibetano, existe un concepto muy interesante para ponerle nombre a esto que nos sucede. Se llama Shenpa. Shenpa se refiere a esa sensación de “enganche” que tenemos frente a un acontecimiento que nos provoca ciertas reacciones y produce que sintamos urgencia en reaccionar. Es un estado de apego. Otras personas hacen una analogía de Shenpa a la sensación que tenemos cuando un mosquito nos pica y necesitamos rascarnos para quitarnos de encima ese malestar.

Algo trastoca nuestro estado interno y modifica lo externo y viceversa. Inmediatamente nos identificamos y quedamos adheridos a la experiencia y a todo lo que ella precipita en nosotros.

Shempa: la capacidad de engancharnos

Shenpa es el enganche que hace analogía también con un pez que muerde el anzuelo. Cuando nos enganchamos, nada bueno puede pasar. Somos arrastrados a un destino fatal. Así de simbólico y así de potente.

¿Qué persona gatilla nuestro Shenpa? ¿Qué situaciones nos sacan del eje, nos provocan un estado de urgencia y transforman nuestro mundo entero en un tsunami interno imposible de detener? ¿Qué partes en nosotros se sienten vulneradas? ¿En dónde y por qué nos sentimos tan atacados? ¿Qué es lo que se desmorona en nuestro interior? ¿Quién nos lleva de las narices con su anzuelo del que no podemos escapar?

Reconocer el estado, detenernos, recuperar nuestro eje y recién en ese entonces, intentar resolver. Estos son los cuatro pasos para salirnos de Shenpa que recomienda Pema Chodrom. Chodrom es una monja tibetana, reconocida a nivel mundial por su sabiduría y por sus muchas capacidades, entre las cuales se encuentra el haber sido otro de los puentes fundamentales para acercar a Occidente las sagradas prácticas orientales. Ella nos facilita un camino para superar el estado shenpa.

Cómo evitar engancharnos

1. Reconocer el estado: el primer paso es reconocer que, lo queramos o no, hemos mordido el anzuelo y caímos en un bucle tóxico, ya sea por la situación o por las emociones y los pensamientos que esta ha generado. Si no somos capaces de darnos cuenta de ese estado, no podremos interrumpirlo. Por tanto, se trata de observar las semillas que hemos plantado en nuestra mente. ¿Solemos reaccionar con ira ante las circunstancias que nos contrarían? ¿No logramos controlar ciertos impulsos? ¿Qué eventos nos suelen hacer perder el control? Cuando detectemos las situaciones en las que solemos “morder el anzuelo”, debemos activar nuestra “alerta shenpa” para detenerlas a tiempo.

2. Refrenarse: el shenpa no es sólo un impulso, es un “aferrarse a la experiencia”. Por tanto, debemos asegurarnos de no seguir ese camino. No seguir dando vueltas en nuestra mente a las palabras que nos enfadaron o a la situación que desencadenó el miedo o los celos. Sea lo que sea con lo que tengamos que lidiar, simplemente debemos refrenar el impulso de seguir reproduciendo esa situación o emociones en nuestra mente para ser capaces de detenernos antes de llegar al punto de no retorno”.

3. Relajarse: saber que no debemos sucumbir al impulso es fácil, lo difícil es lograrlo. La respiración profunda es una técnica muy poderosa porque no solo nos aporta paz y calma interior, sino que activa el sistema nervioso parasimpático para reducir la velocidad y disminuir efectivamente la frecuencia cardíaca y la presión arterial. Así nuestro cuerpo y nuestra mente podrán ir más despacio. Eso nos permite centrarnos en el momento presente para liberarnos del shenpa.”

4. Resolver: una vez que estemos calmados, podemos aprovechar ese momento de serenidad, esa pequeña ventana de paz, para intentar encontrar la fuente de inseguridad o “sentarnos” con la experiencia de provocación para analizar de dónde proviene, sin juzgarla.”

La toma de conciencia del estado es fundamental. Autopercibirnos fuera de eje es un paso importantísimo que se va haciendo carne en nosotros a medida que practicamos el autoconocimiento y la autoobservación. Retenernos antes de reaccionar es un poco más difícil, pero también puede hacerse parte de nuestros mejores hábitos si vamos venciendo con práctica y voluntad los impulsos iniciales que parecen irrefrenables.

Sólo cuando nos aquietamos, frenamos las reacciones automáticas y le impedimos a “nuestros monstruos” tomar el control, somos capaces de crear mejores respuestas. Los problemas recobran su dimensión, las experiencias se resignifican y las encrucijadas a los que nos enfrentaremos se diluyen o se resuelven de formas impensadas.

Que así sea.