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"¿Así es mi voz?", la pregunta que nos hacemos al escucharnos

“¿Qué? ¿Así hablo yo?”. En más de una ocasión nos hacemos esta pregunta cuando nos escuchamos a nosotros mismos en una grabación. Es un tono distinto al que conocemos de nuestra propia voz y puede generar desilusión y vergüenza, pese a provocar efectos agradables en quienes nos oyen sin conocernos físicamente. Incluso, puede demostrar un estado de ánimo, la compatibilidad con el otro y el modo en el que nos desenvolvemos con los demás, es decir, la empatía.

¿Por qué mi voz es diferente en una grabación?

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Sencillo. Las vibraciones que emiten las cuerdas vocales salen principalmente por la boca, pero por el camino también rebotan a lo largo y ancho de la garganta, así como también van a parar en algunos huesos del cráneo. Eso significa que, al mismo tiempo que estás hablando, tu cráneo está recibiendo pequeñas vibraciones que, en mayor o menor medida, alteran la interpretación que éste hace de tu propia voz. En cambio, cuando escuchas una grabación de tu voz, tus cuerdas vocales no están emitiendo vibración alguna, de manera que, la voz diferente que escuchas grabada es realmente la que los demás oyen cuando hablas. Es que las vibraciones de baja frecuencia que escuchamos al hablar cambian drásticamente cuando otras personas nos oyen, omitiendo los tonos más graves que tiene nuestra voz y haciéndola algo más aguda.

¿Cómo influye la voz en el imaginario del oyente?

Cuando escuchamos a alguien sin poder verlo, inconscientemente comenzamos a recolectar información para recrear en nuestra mente su apariencia física. Según la voz que tenga, nuestra mente comienza a categorizar datos que ya tenemos de otras personas, tomándolos como referencia para suponer su inteligencia, apariencia, emociones y comportamiento.

Cuando encontramos una voz agradable, nuestra mente comienza a deducir el posible atractivo, a la vez que nos transmite sensaciones más positivas que nos hacen querer escuchar y prestar atención por más tiempo. Por lo tanto, aunque en un primer instante nuestra voz grabada pueda resultarnos poco favorecedora, es una herramienta para agradar, seducir y hacer sentir cómodo a alguien, al mismo tiempo que puede generar una imagen positiva a otras personas, aunque no lo imaginemos.

Según un estudio, cuando nos enfrentamos a escuchar nuestras propias grabaciones, es probable que experimentemos un sentimiento de rechazo o negatividad. Al reproducir un audio propio, tenemos cierta tendencia a fijarnos en detalles insignificantes que solamente nosotros apreciamos, llegando a provocar una orientación de atención que no ocurriría si reprodujéramos la voz de otra persona

Fuente: TN