Nuestras funciones ejecutivas son las responsables de priorizar, jerarquizar, flexibilizar nuestra conducta en relación a nuestros pensamientos y nuestras emociones. Estas habilidades son claves para diseñar el plan de nuestra vida de todos los días.
“Es lógico, con el paso de los años todos evidenciamos algunos cambios a nivel ejecutivo: podemos sentirnos algo más lentos, menos resolutivos, más postergadores, y hasta menos eficientes en algunas ocasiones, pero debemos considerar que esto puede modificarse a través de la ejercitación constante. Es a través del entrenamiento de nuestra mente que favorecemos nuestra plasticidad cerebral, permitiendo que nuestro cerebro pueda adaptarse a nuevas situaciones, reorganizar su estructura y desarrollar un aprendizaje constante”, explica Torralva.
Es así como se preserva la agudeza mental, lo que se traduce directamente en una mejor calidad de vida. Si bien existen un sinfín de actividades que hacen posible este entrenamiento cognitivo, aquellas que tengan un sentido para nosotros, reforzarán las conexiones neuronales, fortaleciendo el aprendizaje y bienestar. En este sentido, Torralva, identificó 5 actividades básicas que al ser adquiridas como hábito, pueden potenciar el rendimiento ejecutivo general